miércoles, 23 de septiembre de 2020

la falsa autonomia de las plataformas de reparto es desnudada por el S.T. Español

 Fuente: El Pais España 23.09.2020

El Supremo falla que los ‘riders’ son falsos autónomos

“Glovo es titular de los activos esenciales para la realización de la actividad”, apuntan los jueces

Unos 'riders' esperan para recibir su pedido en la zona de Azca de Madrid, este miércoles.VÍCTOR SAINZ

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MANUEL V. GÓMEZ

Madrid - 23 SEP 2020 - 09:47 ART

El modelo laboral de las plataformas digitales de reparto, asentado en autónomos, ha sufrido un golpe durísimo este miércoles. El Tribunal Supremo ha fallado que los repartidores riders son asalariados. O dicho desde el otro lado de la regulación: son falsos autónomos. Concretamente los jueces de lo Social del alto tribunal se pronuncian sobre el caso de un antiguo trabajador de Glovo, la más popular en España junto con Deliveroo. “La relación existente entre un repartidor (rider) y la empresa Glovo tiene naturaleza laboral”, dice la nota informativa emitida por el Supremo.

Es la primera vez que el Tribunal Supremo se pronuncia sobre la relación laboral entre los repartidores y una de las plataformas. El texto de la sentencia no se conoce todavía, pero es indicativo que el fallo haya llegado en una decisión del pleno de la sala respondiendo a un recurso de casación para unificar doctrina. Y algunas de las frases que contiene la nota informativa del Supremo, a pesar de que subraya que “carece de efectos procesales o doctrinales”, apuntan pistan que parecen indicar que la decisión va más allá del caso concreto: “Glovo no es una mera intermediaria en la contratación de servicios entre comercios y repartidores. Es una empresa que presta servicios de recadería y mensajería fijando condiciones esenciales para la prestación de dicho servicio”.

Las siguientes frases de la misma nota también indican que esta decisión puede ir más allá de los límites de la empresa tecnológica española fundada por Oscar Pierre: “[La empresa] es titular de los activos esenciales para la realización de la actividad”. Y entre esos “activos” está la propia aplicación, imprescindible como herramienta de trabajo.

Un 'rider' circula por el centro de Barcelona, este miércoles. MASSIMILIANO MINOCRI

Esta sentencia supone un paso muy importante para zanjar una larga batalla judicial en la que varios tribunales de instancias inferiores han decidido en un sentido –asalariados- y en el contrario -autónomos-. El fallo llega a raíz de un recurso de casación que ha presentado un exrepartidor de Glovo tras un fallo en su contra del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Madrid. En sentido contrario estaba la sentencia del TSJ de Asturias que ha sido la utilizada para unificar la doctrina.

El caso de Isaac Cuende, nombre del repartidor, y el TSJ madrileño ilustra a la perfección la batalla judicial que se ha vivido en los últimos años en los juzgados en torno a si los riders eran autónomos o asalariados. Tras el fallo de una de las secciones de lo Social de este tribunal superior autonómico, el presidente de la sala decidió mandar el siguiente caso sobre este asunto al pleno para que todos los magistrados decidieran y evitar un rosario de sentencias contradictorias en el mismo tribunal. Esa segunda sentencia de todos los magistrados ya fue contraria a la primera.

A falta de conocer el texto de la sentencia, esta decisión es clave en el escenario actual por dos motivos: por un lado, el fallo llega en medio de la controversia jurídica abierta en la que hay sentencias contradictorias; y, por otro, la intención del Gobierno de presentar una regulación que zanje las dudas que hay abiertas.

Nada más conocerse la sentencia, Glovo ha señalado que respeta la sentencia y ha afirmado “que espera la definición de un marco regulatorio adecuado por parte del Gobierno y Europa”. “En los tribunales, el debate se encuentra abierto, ya que hay varias sentencias que validan el modelo, como la última del Tribunal de Justicia de la Unión Europa (TJUE), y otras contrarias, como en España”, ha continuado la empresa. En realidad, el TJUE ha emitido un auto, no una sentencia.

 

viernes, 18 de septiembre de 2020

CAMPAÑA MUNDIAL CONTRA LA DISCRIMINACION POR EDAD

 Fuente: LA VANGUARDIA - VIDA

Campaña mundial contra la discriminación por edad


Entidades científicas, médicas y sociales claman contra el edadismo

Campaña mundial contra la discriminación por edad
Prejuicios.El manifiesto firmado por más de 40 sociedades científicas y sanitarias del mundo avisa de que las personas que reciben mensajes negativos sobre el envejecimiento viven 7,5 años menos que las demás
  

“Dije viejo, nunca dije maricón. No te preocupes, no me refería a los negros sino a los viejos. Ah! te refieres a una mujer vieja, pensaba que eras sexista…”. Son frases extraídas de los tres vídeos que acompañan la campaña “ Old lives matter” (las vidas viejas importan) impulsada por más de 40 organizaciones científicas, sanitarias y sociales de todo el mundo para sensibilizar a la población y luchar contra el edadismo, la discriminación contra la gente mayor basada en falsos prejuicios instalada en todas las sociedades.

Frases de una discriminación tan interiorizada que apenas nadie se da cuenta de la vulneración de los derechos de las personas mayores, de cómo se las denigra. Se combate la homofobia, el racismo y el machismo, como queda recogido en los vídeos, pero el edadismo ni se reconoce.

Pese al golpe de la Covid-19, nada está cambiando en el trato a este colectivo, avisa el presidente de la SEG

La iniciativa de esta campaña parte de la Sociedad Francesa de Geriatría y Gerontología, y se inscribe en el contexto de la pandemia por la Covid-19, que ha puesto aún más en evidencia una discriminación que, según se subraya, “es la más extendida, la más corriente y la más universal. Además, es la única que no está sancionada por ley”. Se basa con expresa voluntad de llamar la atención el eslogan “Black lives matter”, fruto de la contundente movilización antirracista a raíz del asesinato de George Floyd en Minneapolis.

Cuatro meses más tarde de la muerte a manos de la Policía de Floyd, las más de 40 organizaciones de todo el mundo, entre la que está la Sociedad Española de Geriatría (SEG) y el Consorci de Salut i Social de Catalunya (CSC), recuerdan que, en la pandemia de la Covid 19, que ha afectado a todas las naciones, las personas mayores de 65 años han pagado el tributo más alto. Por ello, y coincidiendo con el 20 aniversario del artículo 25 de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, que subraya “el derecho de las personas mayores a llevar una vida digna e independiente y a participar en la vida social y cultural”, esta iniciativa quiere poner a la sociedad delante del espejo.

“El edadismo es una forma de alterar los derechos de las personas, es una forma de maltrato”, explica José Augusto García Navarro, presidente de la SEG y director general del CSC. La pandemia no solo ha puesto en evidencia esta discriminación por edad, sino que la ha agrandado, señala, sin que se vea ningún propósito de enmienda por parte de los poderes públicos. “Hemos explicado al Gobierno –indica– que no puede hacer planes sin de los afectados las familias, de los cuidadores… pero no atienden a estas peticiones”. Se venía ya de un “edadismo brutal” de un culto no solo a las personas jóvenes sino físicamente perfectas, comenta el presidente de la SEG, y pese a todo lo que ha sucedido no está cambiando nada.

El manifiesto de la campaña “Old lives matter” subraya el edadismo es la discriminación más corriente y se ha visto con claridad en estos últimos meses. “Son las residencias, que algunos quieren reconfinar sin preguntar una vez más la opinión de los residentes, ni sus familias”. Son las urgencias, se recuerda, que han podido rechazar acoger a personas mayores en plena pandemia. Son las sempiternas publicidades de cremas antiarrugas que estigmatizan el hecho de envejecer. Es la denigración perpetua –el hostigamiento a la vejez- de las personas mayores por su (presunta) ineptitud con las nuevas tecnologías. Es la palabra “jubilado” que genera el inmediato rechazo de la sociedad. Es el culto permanente a la juventud.

Se trata, indican las sociedades científicas, de “una discriminación insidiosa que socava nuestras sociedades; la exclusión de la mayoría de adultos mayores de una participación activa en la sociedad representa una tragedia inaceptable y contraria a la dignidad humana”.

Envejecer, poder avanzar en el camino de la vida, es un éxito de la sociedad. Como lo es, recuerda García Navarro, que España tenga una de las esperanzas más altas de vida. Hay que enterrar muchos tópicos y el primero es la falsa vinculación entre cumplir años y la pérdida de capacidad mental. Estas sociedades científicas recuerdan que una persona sometida a los agravios vinculados a una visión negativa del envejecimiento viven 7,5 años menos que los demás.

García Navarro, partidario de cambiar radicalmente las residencias, recuerda algunos datos para tomar conciencia. Una de cada seis personas mayores sufren maltrato en su domicilio, algunos estudios indican que uno de cada dos en las residencias. Llegar a viejo es un éxito, subraya, y es imprescindible cambiar las miradas.

¿El Covid-19 demuestra que la sociedad española debe cuidar más y mejor a las personas mayores?
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lunes, 14 de septiembre de 2020

SALUD MENTAL EN TIEMPOS DE PANDEMIA. CONSECUENCIAS. IMPORTANTES REFLEXIONES

 FUENTE: Diario Pagina 12 - 14 de setiembre 2020

Alicia Stolkiner, especialista en salud mental y parte de la mesa de expertos que asesora al Presidente

“Me preocupa mucho la naturalización del riesgo”

La psicóloga analiza las consecuencias en salud mental de esta situación inédita a nivel mundial, pandemia y aislamiento mediante. Desde una primera etapa de sobreadaptación, pasando por los sentimientos de duelo, agotamiento, enojo y frustración. Y el preocupante surgimiento de la negación o naturalización del riesgo, reforzado en mensajes mediáticos en contra de las políticas públicas de cuidado. Advierte, además, que es necesario pensar en términos de sentimientos y malestares, antes que en patologías. Y que "buena parte de la comunicación de los medios ha sido deteriorante de la salud mental".
Imagen: Sandra Cartasso

Hace unas semanas el Ministerio de Salud de la Nación amplió la convocatoria a otros profesionales de la salud para sumar perspectivas y disciplinas y así contemplar un paquete integral de medidas frente a la pandemia del coronavirus. Entre ellos, Alicia Stolkiner fue convocada por su larga trayectoria de trabajo e investigación en salud pública y salud mental y por su experiencia en trabajo con poblaciones en situaciones de tensión colectiva o catástrofes. A propósito de cierta percepción respecto de que la salud mental no estuvo entre las preocupaciones desde un comienzo, su intervención pública, aclara, tuvo lugar “antes de cumplido el primer mes de iniciado el aislamiento, más allá de cierta idea, errónea, de que el gobierno no tiene en cuenta la salud mental”. Stolkiner es licenciada en Psicología, especializada en Salud Pública con orientación en Salud Mental. Es doctora Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Entre Ríos y profesora titular de Salud Pública y Salud Mental de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

-¿Qué está notando en términos de salud mental en la sociedad en general?

Antes que nada es necesario advertir que ya llevamos bastante tiempo de transformación de nuestras vidas y rutinas cotidianas. En un primer momento hubo una cierta sensación de euforia, de sobreadaptarse a la situación. Desde hace un tiempo a esta parte empezó una segunda etapa marcada por la aparición de gestos o situaciones de agotamiento o percepción de distintas emociones. También, de sentimientos de enojo. No utilizo categorías psicopatológicas para hablar de las problemáticas y de los sufrimientos subjetivos de esta pandemia. En principio, porque para hacer un diagnóstico psicopatológico se necesitan herramientas que no conviene usar en estudios poblacionales porque no están adecuadas a este contexto. Entonces prefiero hablar de posiciones, sufrimientos, sentimientos, malestares. Durante el primer periodo, cuando hice la primera intervención en el informe diario del Ministerio de Salud de la Nación, trabajé básicamente con algunas categorías que tomé de mi tarea en otras situaciones de emergencia, crisis, o de catástrofes sociales, contemplando también lo global de la situación y el problema inédito del contacto de los cuerpos. A diferencia de lo que pueden ser otras situaciones en las que ya había trabajado, acá se nos planteó un límite al contacto y a la circulación de los cuerpos.

"Quienes tratan de hacer sus vidas “normales” previas exponiéndose al riesgo niegan el esfuerzo y padecimiento de los trabajadores de la salud".

-¿Qué observa respecto del sufrimiento psíquico asociado al contexto?

-Empecé a trabajar pivoteando con algunas categorías relacionadas con el sufrimiento psíquico. Una de estas categorías es la de duelo, en el sentido de enfrentar una pérdida irreparable. El duelo se relaciona tanto con la pérdida de proyectos personales puntuales como con la forma de vernos a nosotros mismos en el futuro; en un futuro totalmente incierto. De ahí deviene un segundo elemento, que es la cuestión de la incertidumbrela caída de la certeza. Mejor dicho, la caída de la ilusión de certeza. Porque nosotros planeamos el futuro sin tener del todo presente que ese futuro siempre tiene un nivel de incerteza importante. Estos sentimientos de duelo, de pérdida, de incertidumbre, producen cuadros de mucha tristeza.

-¿Qué manifestaciones de malestar psíquico aumentaron con el avance del aislamiento?

-Se observan manifestaciones diversas, como las dificultades en el sueño, el mal dormir, las alteraciones del tiempo, las modificaciones de las relaciones interpersonales, situaciones derivadas de la readaptación de los vínculos en los grupos familiares, la convivencia, el uso de los espacios del hogar. Todo esto, en una primera etapa, produjo un esfuerzo adaptativo notable. Ahí comencé a trabajar con la categoría adaptación, tomando metafóricamente la idea piagetiana de adaptación como un doble movimiento, como una banda de Moebius, que implica simultáneamente acomodarse a la situación y a la vez asimilar y transformarla para adecuarla a lo que uno necesita. Este doble movimiento de acomodación y asimilación es diferente según las edades, las personas, los distintos momentos de la vida. Pero lo que es cierto es que en una primera etapa se vio un importante esfuerzo adaptativo y esto se manifestaba básicamente en que todo el mundo se sentía cansado.Absolutamente. También incorporé como elemento de análisis la ruptura abismal de las ida  La vida diaria y las rutinas cotidianas tienen componentes place niveles de angustia. Por ejemplo, la angustia ante la posibilidad de la muerte. Para algunos el aislamiento significó la suspensión de actividades; hubo quienes quedaron atrapados en una lucha inmediata por la subsistencia o con agravamiento de situaciones ya precarias; y otros que se vieron sobreexigidos por tareas combinadas de hogar y trabajo. Y en muchos casos apareció un incremento de la angustia y la tristeza, muy vinculada con una mayor “intimidad” consigo mismos en momentos de atravesar, como dije, un duelo.

-¿Cuál es el impacto psicológico de la cuarentena y la pandemia en los distintos segmentos de la población?

-No se puede analizar el impacto psicológico de la cuarentena sin analizar el de la pandemia. Los niños y adolescentes son dos grupos particularmente afectados, aunque quizás no sean los que peor la están pasando desde un punto de vista psicológico. Algunos niños demostraron conductas regresivas. Hubo quienes quedaron fuera de la brecha digital por generación o condición social y eso agudizó el aislamiento. Por otra parte, la cuestión de la incertidumbre toca a una población que ya venía con un nivel de incertidumbre y de estrés económico muy importante. Con la pandemia muchos de estos problemas económicos y de empleo se profundizaron. En el personal médico y de la salud se observa un profundo estrés laboral. Creo que quienes tratan de hacer sus vidas “normales” previas exponiéndose al riesgo niegan el esfuerzo y padecimiento de los trabajadores de la salud. Todos atravesamos momentos de tristeza o de enojo, una cierta cólera contenida que, por otro lado, se convoca permanentemente desde algunos medios.

"Creo que buena parte de la comunicación de los medios ha sido deteriorante de la salud mental".

-A mediados de agosto Alberto Fernández la sumó a la mesa de expertos. ¿Qué recomendaciones realizó?

-Creo que lo más novedoso que se introdujo en una de las últimas reuniones con el Presidente fue abordar la problemática del personal de la salud, en términos de salud mental, vinculada al cansancio y a la necesidad de que reciban un cuidado mayor. También abordamos la cuestión del acompañamiento para los pacientes terminales con covid-19, uno de los puntos más álgidos y más difíciles de resolver. Era imposible solucionar esto último antes, porque para eso se necesita un nivel de equipamiento que no teníamos y que ahora sí tenemos. También se planteó el problema de las modificaciones en las conductas colectivas por mecanismos de negación o naturalización del riesgo que debían contemplarse. Frente a ello, el amplio sector que se cuida necesitaría más información sobre indicaciones concretas que no se reduzcan a quedarse en casa, usar barbijo, mantener la distancia o sanitizar lo que se toca.

-Si la angustia y el agotamiento son lógicos en estos momentos, ¿no cree que hubiese sido necesaria una mayor comunicación y presencia de especialistas en salud mental más temprano?

-El Gobierno convocó enseguida a especialistas en salud mental. Mi primera intervención pública fue antes de cumplido el primer mes de iniciado el aislamiento. Se construyó cierta idea de que no se tuvo en cuenta la salud mental. Es erróneo, porque de hecho la Dirección Nacional de Salud Mental convocó a una mesa específica de expertos. Puede ser que haya primado ante la emergencia en la acción un enfoque fuertemente biomédico, pero en mi caso la dirección me llamó prácticamente al mismo tiempo. En esto, creo que buena parte de la comunicación de los medios ha sido deteriorante de la salud mental.

"No podemos cometer al personal de salud a lo que está viviendo. No hay otra opción que pensar en términos de cuidados colectivos".

-¿Qué le preocupa hoy, en términos de salud mental?

-En los últimos tiempos me empezaron a preocupar ciertos mecanismos de renegación y negación de aquellos que creen que el coronavirus no existe, que no es grave o que no les va a afectar. También me preocupa mucho la naturalización del riesgo. Las personas que niegan el riesgo o comienzan a naturalizarlo incurren en conductas que las ponen en riesgo a ellas y a terceros. Esta naturalización del riesgo es una incorporación de ese riesgo en la vida cotidiana. No podemos estar sometiendo al personal de salud a lo que está viviendo. No hay otra opción que pensar en términos de cuidados colectivos. También me preocupan otras problemáticas que se han agudizado, como aquellas vinculadas con la violencia de género y la violencia y el abuso infantil, a las que si bien se trató de dar respuesta, no necesariamente ha sido suficiente. Y me preocupa mucho, también, el fenómeno de acciones y fenómenos sociales irracionales.

-¿Por ejemplo?

-Pienso en las marchas “por la libertad” y contra “la tiranía de Ángela Merkel” en Alemania convocadas por neonazis, por ejemplo, o las manifestaciones contra el barbijo en España. Si bien son capturadas con objetivos políticos, mueven subjetividades profundamente afectadas por la catástrofe global. Creo que acá tenemos varios países en uno. Hay una mayoría casi invisibilizada por los medios que tiene conductas de cuidado en mayor o menor medida según sus posibilidades; hay un sector que afloja y las descarta porque piensa que no le va a pasar enfermarse, y hay unos pocos salidos de sí que queman barbijos en el Obelisco. El problema es que luego lo que se repica y se machaca es ese acto insignificante en cuanto a cantidad de personas. Mientras tanto, hay fuerzas subterráneas necropolíticas defendiendo sus intereses.

-¿Cuáles son las medidas orientadas a paliar los efectos de esta coyuntura en la salud mental?

-Todo lo que se vincula con redes sociales de contención son medidas que tienen en cuenta la salud mental: el Ingreso Familiar de Emergencia, la construcción de los comedores, los equipos de psicólogos que trabajan en territorio, entre otras. La salud mental no depende exclusivamente de la acción de los agentes de salud mental. Hay un factor protector que tiene que ver con políticas de Estado, con políticas que formen red para la catástrofe que estamos atravesando. Eso no significa que no haya que brindar escuchas y cuidados específicos.

-¿Qué política pública habría que impulsar o reforzar más que nunca?

-Todo lo que sea aproximación al trabajo en territorio en red, y en la integración del sistema de salud mental en todo el sistema de salud. También es necesario empezar y continuar con todas las políticas de descentralización de las grandes instituciones manicomiales. Si hay algo que está planteado como indispensable en este momento, como política de salud mental, es recuperar la comisión interministerial de salud mental que es donde se acuerdan las políticas. Salud mental no es solamente brindar asistencia o dar medicación psiquiátrica. Salud mental implica una atención integral pensando en un marco que contempla desde la cuestión de vivienda específica, la cuestión de derechos, acceso a documentación, acceso a trabajo, entre muchas otras cuestiones. Hay que ir preparando, además, para acompañar los procesos de rearmado de la vida cotidiana en la medida en que se vaya reconstruyendo a partir de la pandemia.

-Mencionó la aparición de conductas regresivas en niños y niñas. ¿De qué manera sugiere que las familias aborden estas situaciones?

-No soy muy afecta a recomendaciones generales para situaciones singulares. Creo que, afortunadamente, los padres y las madres suelen ser suficientemente eficaces. Obviamente excluyo de esto a las familias donde hay situaciones de maltrato emocional o físico, y aquellas en donde falta un soporte básico de condiciones de vida como para poder amparar adecuadamente a sus hijos del desamparo que ellos mismos padecen. De todos modos aconsejaría algunas cosas: no sobreexigirse en el cuidado, tratar de habilitar para niños en edad escolar y adolescentes la posibilidad de tener sus momentos de intimidad, y si es necesario de aislamiento. Preservarlos en lo posible de la información abusiva y/o distorsionada. Y fundamentalmente ampliar las posibilidades de diálogo y de escucha con respecto a sus malestares. Si lo consideran necesario hay vías de consulta a las que se puede acceder especialmente para los sectores medios urbanos. También les aconsejaría que no se desesperen si los niños manifiestan algunas tristezas, nostalgias o dolores. Podemos acompañarlos y consolarlos, pero deben sentir que los adultos soportan que ellos manifiesten estos malestares. Lo mismo si preguntan por temas dolorosos como la enfermedad y la muerte.

-A partir de las lecciones que deja el abordaje de los efectos psicológicos de la pandemia y el aislamiento en el campo de la salud mental, ¿imagina cambios en las prácticas de esta disciplina?

-Definitivamente creo que debe haber cambios en las prácticas de salud mental. Algunos serán la continuidad de cambios planteados y promovidos por la Ley Nacional de Salud Mental como herramienta: actuar usando la categoría de sufrimiento psíquico, que es más amplia que la reducción a nosografías psicopatológicas. Aunque estas últimas no dejan de ser herramientas para la clínica, espero aprendamos que no se puede reducir todo padecimiento psíquico a ellas, sino que es necesario contemplar las múltiples dimensiones que confluyen. También creo que sería esperable una mayor integración de las prácticas en salud mental en las acciones generales de salud, una revisión del reduccionismo biológico y del hospitalocentrismo de nuestros modelos de asistencia. Pero básicamente sería deseable que se repiensen globalmente los procesos de atención en salud a partir de una experiencia mundial que puso en escena las falencias de los procesos de subordinación de la salud a las lógicas de mercado. La vigencia de derechos -entre ellos, el derecho a la salud- es un componente esencial de la salud mental. Puedo imaginar todo eso, el tema es que cuando uno imagina un futuro esperable, tiene que trabajar y bregar para que, además, sea posible. Y eso depende de acciones y voluntades concretas. 

domingo, 13 de septiembre de 2020

Importantes reflexiones de un experto sobre lo festivo de un sector de la sociedad argentina frente a la enfermedad y muerte que atravesamos

 

PERDER EL JUICIO

Hay algo de lo festivo en medio del drama de enfermedad y muerte por el Covid que nos deja perplejos

 

Estamos presenciando escenas de la vida cotidiana que a muchos nos impresionan en su desmesura: la quema de barbijos, las aglomeraciones sin distanciamiento, el repudio a la adopción de conductas basadas en evidencias científicas, o la defensa de actitudes contrarias a los propios intereses, entre muchos otros. Pero al mismo tiempo de esa desmesura social se observan algunas decisiones políticas apoyadas mediáticamente, que por acción u omisión se enlazan con ella. En Tandil se decide seguir criterios de salud pública distintos a los provinciales. En Brasil, que el 11/9 era el segundo país en número de muertos por Covid (129.522) y tercero en el número de infectados (4.238.446), el Presidente Bolsonaro se manifiesta contra las medidas de aislamiento, uso de barbijos y vacunaciones, por considerarlas contrarias a la libertad. Esos fenómenos hacen pensar en una pérdida del juicio de muchas personas, algunas de ellas con responsabilidades colectivas.

 

 

Pandemia y salud mental

Entre abril y junio, diversas publicaciones dieron cuenta de que la información y conocimiento de la enfermedad y la muerte por Covid-19, así como el distanciamiento y el aislamiento, habían dado lugar en Estados Unidos a un aumento significativo de la sintomatología de ansiedad, angustia, trastorno depresivo y otros trastornos en salud mental, en comparación con años anteriores.

Del 7 al 13 de abril, una encuesta de la Universidad Johns Hopkins encontró que el 13.8% de 1.468 adultos de 18 años o más se sentía solo y con angustia aguda, por diferencia con una encuesta semejante de 2018 que había registrado un 11% en esa condición.

El 14 de agosto, los Centros de Control de Enfermedades de Atlanta (CDC, USA), publicaron los resultados de una encuesta llevada a cabo del 24 al 30 de junio sobre condiciones de salud mental adversas durante la pandemia. El 40.9% de los 5.470 encuestados respondieron manifestando sintomatología de trastorno de ansiedad o trastorno depresivo (30.9%), trastorno  por trauma o stress relacionado con la pandemia (26.3%), e inicio o aumento en el consumo de sustancias para enfrentar las emociones relacionadas con el Covid-19 (13.3%). Se consideró entre estas al alcohol, drogas legales o ilegales, y medicamentos no recetados por un médico.

Un 10.7 % de los encuestados dijo haber considerado seriamente el suicidio en los 30 días anteriores. Pero la distribución en este grupo fue significativamente mayor entre los cuidadores de adultos no remunerados (30.7%), los adultos jóvenes entre 18 y 24 años (25.5%), y los trabajadores esenciales (21.7%).

 

CDC- Mental Health & Covid-19.

 

 

 

El péndulo de Schopenhauer

Las evidencias sobre el impacto de la pandemia en la sintomatología en salud mental, que es expresión de un grado de sufrimiento psíquico, no debe hacernos perder de vista sus diferencias con un conjunto de estados que mal podrían atribuirse a trastornos como los señalados. Se trata de emociones y sensaciones propias de la situación de pandemia y los cambios del vivir en un nuevo contexto. “Normales”, si se quiere. Pongamos por ejemplo la diferencia entre sintomatología depresiva y aburrimiento. Si lo depresivo es el sufrimiento por aquello que quisiéramos tener pero hemos perdido definitivamente, el aburrimiento en cambio es el deseo de tener otra cosa que la que transitoriamente tenemos.

El aburrimiento es el malestar que se siente ante la ausencia de algo que nos interese y que de alcanzarlo nos generaría bienestar, diversión y alegría. Es un fenómeno socio-cultural que resulta creciente desde el siglo XIX y que ha crecido tanto como para generar una gigantesca industria del entretenimiento para responder a ese tiempo vacío que ya se ha hecho cultura.

Ese carácter social más reciente del aburrimiento a gran escala, pasó a ser tema de interés para la filosofía sobre todo en Kierkegaard y Schopenhauer, en Nietzsche, Heidegger y Sartre. Aunque Kierkegaard trabajó más en temas como la angustia, la desesperación y la melancolía, también trató del tedio o aburrimiento: “Qué tremendo es el tedio (…) Permanezco tendido, inactivo; lo único que veo es el vacío; lo único de lo que me alimento es el vacío; lo único en lo que me muevo es el vacío. Ya ni siquiera sufro dolor”. Y Schopenhauer dirá: “La vida humana oscila como un péndulo del sufrimiento al aburrimiento”.

Pero aunque superar el aburrimiento se dirige a lograr el goce de la vida, no es la satisfacción de los impulsos lo que logra esa superación. Porque la actuación impulsiva no nos lleva al goce de una elección existencial sino a la ilusión de dominar una realidad que no dejará de imponerse. Negar la enfermedad y la muerte mediante un acto de pretensión auto-afirmativa, no será libertad  de elección sino expresión de fracaso.

 

 

La Otra cosa del aburrimiento

 

 

 

El aburrimiento es la manifestación del deseo de Otra cosa, dirá Lacan. Pero todas las personas diferimos en qué cosa sea ese algo que deseamos y despierta nuestro placer. Lo cierto es que en una situación de pandemia la inmensa mayoría de nuestros deseos y motivos de interés se ven afectados. Ni el amor y los afectos, ni el trabajo, ni la creatividad, entre muchas otras cuestiones, encuentran su espacio de realización plena.

Reunirnos con otros presencialmente, en cualquiera de sus formas, quizá sea el mayor interés que nos quita el aburrimiento. Hasta actividades muy personales como pueda ser el leer un libro o hacer una actividad solitaria, sólo cobran pleno sentido satisfactorio en la seguridad del encuentro con aquellos con quienes de un modo u otro compartimos ese placer en apariencia solitario.

Si en lo depresivo perdemos la capacidad de sentir placer, en el aburrimiento tenemos esa capacidad intacta y a la espera de encontrar esa Otra cosa que nos devuelva el goce. Entre esas cosas hay algunas inofensivas, como son los pasatiempos que nos ayudan a tolerar la frustración transitoria. Pero hay otras que pueden resultar dañinas para uno mismo y para los demás, cuando nuestra tolerancia a la frustración es baja y en lugar de la espera decidimos actuar impulsivamente en procura de alcanzar ese goce deseado, sin importar las consecuencias y con un plus de goce que es la transgresión de las normas establecidas.

 

Palermo, 4 de septiembre.

 

En un experimento se puso a varias personas aisladas, cada una de ellas sola, para que pasaran 15 minutos en su habitación y sólo tuvieran para entretenerse sus propios pensamientos. Se les ofreció, como única alternativa, la posibilidad de auto-administrarse el estímulo negativo de una pequeña descarga eléctrica. El 67% de los hombres y el 25% de las mujeres participantes prefirieron darse esa descarga a no tener ningún estímulo externo.

Por eso la diferencia entre depresión y aburrimiento puede ser útil entonces para distinguir aquellos estados que requieran de abordajes clínicos de otros estados emocionales que puedan requerir de otras estrategias para prevenir sus efectos adversos. Aunque ambos estados puedan formar parte de los estudios de una epidemiología social, las respuestas que demos a los mismos no han de ser equivalentes. Y esto debería ser tratado seriamente en el abordaje integral de la salud pública en situación de pandemia.

 

 

La fiesta del coronavirus

Aunque en marzo ya se había realizado una en Kentucky con el saldo de un infectado, a principios de mayo se supo que en el estado de Washington (USA) se realizaban “Fiestas Covid”. Estas consistían en organizar reuniones festivas en las que jóvenes universitarios sanos se mezclaban con personas infectadas por coronavirus para observar quienes de los sanos se infectaban. Todos los participantes debían poner dinero para reunir un premio que se daba al primero de todos los asistentes que pudiera demostrar, después de unos días, que se había infectado.

Se estimó entonces que algunos de los 94 casos de la región de Walla Walla, distante 400 kilómetros de Seattle, foco inicial de la pandemia en Estados Unidos, se habían infectado en esas fiestas, ya que 25 de ellos admitieron haber participado en alguna de ellas.

Algo similar ocurrió dos meses después en Tuscaloosa (Alabama). En el gobierno de la ciudad admitieron que los bomberos habían podido constatar la realización de varias de estas fiestas. Un médico de la localidad declaró  que “cuando los estudiantes son llamados para informarles de sus resultados, notamos que algunos estaban muy emocionados al ser positivos, mientras que otros se molestaban cuando se les decía que habían dado negativo en la prueba”.

 

 

Sufrimiento, aburrimiento y malicia

 

Fiesta y terapia.

 

Hay algo de lo festivo en medio del drama de enfermedad y muerte por el Covid que nos deja perplejos. ¿Cómo es posible anteponer la satisfacción impulsiva de la búsqueda de goce a una razonable aceptación de los límites que nos impone la situación de la salud colectiva? Se ha condenado moralmente a los jóvenes que han privilegiado el tomarse unas cervezas en grupo de amigos, sin barbijos ni distanciamiento. Y algo de razón hay en esa condena. Pero en lo que venimos diciendo puede verse un hilo de comprensión que podemos encontrar en la distinción de las diferencias y su complejidad.

Una cuestión es la sintomatología en salud mental que está generando la pandemia y que puede dar lugar a conductas que demandan abordaje clínico. Esa sintomatología debe ser medida así como se hace con la circulación del virus y su afectación. El respeto de la salud como derecho nos pide asegurar el más alto nivel posible de salud física y mental. Las áreas de salud mental de los ministerios han trabajado mucho en recomendaciones e instrumentos de atención y cuidado para el abordaje de trastornos en salud mental.

Pero es necesario ir a buscar activamente en la población supuestamente sana los efectos que está teniendo la pandemia. Y con ese fin no sólo deben trabajar los ministerios sino también las más diversas instituciones. Un ejemplo mayor son las universidades públicas y privadas que han de salir a identificar preventivamente a esos posibles síntomas en la población universitaria. La tarea de identificación preventiva debe anteceder a la oferta de servicios de atención y cuidado.

Una segunda cuestión es la de lo que hemos denominado en un sentido amplio y a la vez vitalmente profundo, aburrimiento. Este estado no es síntoma mental de trastorno mental alguno, y no es un problema en tanto estado, sino en tanto conductas dirigidas a superar ese estado. Las políticas públicas lo tienen en cuenta y habilitan movimientos que ayuden a esa superación hasta donde esto es posible sin exponer a riesgo de contagio y enfermedad a la población.

Aquí se puede comprender la necesidad de los jóvenes, por ejemplo, de tener actividades que les permitan mantener la salud mental sin hacer síntomas mediante el goce de acceso a determinadas satisfacciones. Se puede comprender especialmente porque las sociedades actuales han promovido hasta la exageración la necesidad de entretenimiento. Y si bien hay sectores de la población joven que encuentran la superación del aburrimiento en el compromiso y el trabajo solidario, también hay que aceptar las diferencias de las identidades personales que cada uno de nosotros ha llegado a configurar en la vida propia con lo que le ha tocado vivir.

 

Salud en el Barrio El Churrasco.

 

Pero una tercera cuestión, mucho más problemática y ahora sí claramente condenable, es la de aquellas conductas que a la búsqueda del goce satisfactorio por la superación de la frustración cotidiana, le suman el plus de goce del transgredir las normas. Es la quema de barbijos, el agrupamiento sin distanciamiento alguno que cuide a los demás, y otros actos desafiantes de un individualismo al que no cabe otra posibilidad que asignarle la pretensión de gozar con la amenaza de un daño potencial y el temor de los otros a ese daño.

Sin embargo, esas conductas que no dejan de buscar un goce perverso, se encuentran facilitadas por políticas de una flexibilización normativa en desacuerdo con las recomendaciones más aceptadas y extendidas, con lo que lo individual se ve estimulado por quienes han de sostener la normatividad de enlace y protección colectiva. Se encuentran ejemplos de esto en algunas medidas del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en un municipio como el de Tandil y en un país como Brasil. Y en agentes mediáticos que acompañan esos estímulos a la transgresión. De esto hablaba en mi nota anterior al hablar de malicia. De esa manipulación de la libertad de acción para promover un goce que, lejos de restaurar la armonía mental, lo que hace es promover una sociedad de perversión generalizada.