lunes, 14 de septiembre de 2020

SALUD MENTAL EN TIEMPOS DE PANDEMIA. CONSECUENCIAS. IMPORTANTES REFLEXIONES

 FUENTE: Diario Pagina 12 - 14 de setiembre 2020

Alicia Stolkiner, especialista en salud mental y parte de la mesa de expertos que asesora al Presidente

“Me preocupa mucho la naturalización del riesgo”

La psicóloga analiza las consecuencias en salud mental de esta situación inédita a nivel mundial, pandemia y aislamiento mediante. Desde una primera etapa de sobreadaptación, pasando por los sentimientos de duelo, agotamiento, enojo y frustración. Y el preocupante surgimiento de la negación o naturalización del riesgo, reforzado en mensajes mediáticos en contra de las políticas públicas de cuidado. Advierte, además, que es necesario pensar en términos de sentimientos y malestares, antes que en patologías. Y que "buena parte de la comunicación de los medios ha sido deteriorante de la salud mental".
Imagen: Sandra Cartasso

Hace unas semanas el Ministerio de Salud de la Nación amplió la convocatoria a otros profesionales de la salud para sumar perspectivas y disciplinas y así contemplar un paquete integral de medidas frente a la pandemia del coronavirus. Entre ellos, Alicia Stolkiner fue convocada por su larga trayectoria de trabajo e investigación en salud pública y salud mental y por su experiencia en trabajo con poblaciones en situaciones de tensión colectiva o catástrofes. A propósito de cierta percepción respecto de que la salud mental no estuvo entre las preocupaciones desde un comienzo, su intervención pública, aclara, tuvo lugar “antes de cumplido el primer mes de iniciado el aislamiento, más allá de cierta idea, errónea, de que el gobierno no tiene en cuenta la salud mental”. Stolkiner es licenciada en Psicología, especializada en Salud Pública con orientación en Salud Mental. Es doctora Honoris Causa de la Universidad Autónoma de Entre Ríos y profesora titular de Salud Pública y Salud Mental de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

-¿Qué está notando en términos de salud mental en la sociedad en general?

Antes que nada es necesario advertir que ya llevamos bastante tiempo de transformación de nuestras vidas y rutinas cotidianas. En un primer momento hubo una cierta sensación de euforia, de sobreadaptarse a la situación. Desde hace un tiempo a esta parte empezó una segunda etapa marcada por la aparición de gestos o situaciones de agotamiento o percepción de distintas emociones. También, de sentimientos de enojo. No utilizo categorías psicopatológicas para hablar de las problemáticas y de los sufrimientos subjetivos de esta pandemia. En principio, porque para hacer un diagnóstico psicopatológico se necesitan herramientas que no conviene usar en estudios poblacionales porque no están adecuadas a este contexto. Entonces prefiero hablar de posiciones, sufrimientos, sentimientos, malestares. Durante el primer periodo, cuando hice la primera intervención en el informe diario del Ministerio de Salud de la Nación, trabajé básicamente con algunas categorías que tomé de mi tarea en otras situaciones de emergencia, crisis, o de catástrofes sociales, contemplando también lo global de la situación y el problema inédito del contacto de los cuerpos. A diferencia de lo que pueden ser otras situaciones en las que ya había trabajado, acá se nos planteó un límite al contacto y a la circulación de los cuerpos.

"Quienes tratan de hacer sus vidas “normales” previas exponiéndose al riesgo niegan el esfuerzo y padecimiento de los trabajadores de la salud".

-¿Qué observa respecto del sufrimiento psíquico asociado al contexto?

-Empecé a trabajar pivoteando con algunas categorías relacionadas con el sufrimiento psíquico. Una de estas categorías es la de duelo, en el sentido de enfrentar una pérdida irreparable. El duelo se relaciona tanto con la pérdida de proyectos personales puntuales como con la forma de vernos a nosotros mismos en el futuro; en un futuro totalmente incierto. De ahí deviene un segundo elemento, que es la cuestión de la incertidumbre, la caída de la certeza. Mejor dicho, la caída de la ilusión de certeza. Porque nosotros planeamos el futuro sin tener del todo presente que ese futuro siempre tiene un nivel de incerteza importante. Estos sentimientos de duelo, de pérdida, de incertidumbre, producen cuadros de mucha tristeza.

-¿Qué manifestaciones de malestar psíquico aumentaron con el avance del aislamiento?

-Se observan manifestaciones diversas, como las dificultades en el sueño, el mal dormir, las alteraciones del tiempo, las modificaciones de las relaciones interpersonales, situaciones derivadas de la readaptación de los vínculos en los grupos familiares, la convivencia, el uso de los espacios del hogar. Todo esto, en una primera etapa, produjo un esfuerzo adaptativo notable. Ahí comencé a trabajar con la categoría adaptación, tomando metafóricamente la idea piagetiana de adaptación como un doble movimiento, como una banda de Moebius, que implica simultáneamente acomodarse a la situación y a la vez asimilar y transformarla para adecuarla a lo que uno necesita. Este doble movimiento de acomodación y asimilación es diferente según las edades, las personas, los distintos momentos de la vida. Pero lo que es cierto es que en una primera etapa se vio un importante esfuerzo adaptativo y esto se manifestaba básicamente en que todo el mundo se sentía cansado.Absolutamente. También incorporé como elemento de análisis la ruptura abismal de las ida  La vida diaria y las rutinas cotidianas tienen componentes place niveles de angustia. Por ejemplo, la angustia ante la posibilidad de la muerte. Para algunos el aislamiento significó la suspensión de actividades; hubo quienes quedaron atrapados en una lucha inmediata por la subsistencia o con agravamiento de situaciones ya precarias; y otros que se vieron sobreexigidos por tareas combinadas de hogar y trabajo. Y en muchos casos apareció un incremento de la angustia y la tristeza, muy vinculada con una mayor “intimidad” consigo mismos en momentos de atravesar, como dije, un duelo.

-¿Cuál es el impacto psicológico de la cuarentena y la pandemia en los distintos segmentos de la población?

-No se puede analizar el impacto psicológico de la cuarentena sin analizar el de la pandemia. Los niños y adolescentes son dos grupos particularmente afectados, aunque quizás no sean los que peor la están pasando desde un punto de vista psicológico. Algunos niños demostraron conductas regresivas. Hubo quienes quedaron fuera de la brecha digital por generación o condición social y eso agudizó el aislamiento. Por otra parte, la cuestión de la incertidumbre toca a una población que ya venía con un nivel de incertidumbre y de estrés económico muy importante. Con la pandemia muchos de estos problemas económicos y de empleo se profundizaron. En el personal médico y de la salud se observa un profundo estrés laboral. Creo que quienes tratan de hacer sus vidas “normales” previas exponiéndose al riesgo niegan el esfuerzo y padecimiento de los trabajadores de la salud. Todos atravesamos momentos de tristeza o de enojo, una cierta cólera contenida que, por otro lado, se convoca permanentemente desde algunos medios.

"Creo que buena parte de la comunicación de los medios ha sido deteriorante de la salud mental".

-A mediados de agosto Alberto Fernández la sumó a la mesa de expertos. ¿Qué recomendaciones realizó?

-Creo que lo más novedoso que se introdujo en una de las últimas reuniones con el Presidente fue abordar la problemática del personal de la salud, en términos de salud mental, vinculada al cansancio y a la necesidad de que reciban un cuidado mayor. También abordamos la cuestión del acompañamiento para los pacientes terminales con covid-19, uno de los puntos más álgidos y más difíciles de resolver. Era imposible solucionar esto último antes, porque para eso se necesita un nivel de equipamiento que no teníamos y que ahora sí tenemos. También se planteó el problema de las modificaciones en las conductas colectivas por mecanismos de negación o naturalización del riesgo que debían contemplarse. Frente a ello, el amplio sector que se cuida necesitaría más información sobre indicaciones concretas que no se reduzcan a quedarse en casa, usar barbijo, mantener la distancia o sanitizar lo que se toca.

-Si la angustia y el agotamiento son lógicos en estos momentos, ¿no cree que hubiese sido necesaria una mayor comunicación y presencia de especialistas en salud mental más temprano?

-El Gobierno convocó enseguida a especialistas en salud mental. Mi primera intervención pública fue antes de cumplido el primer mes de iniciado el aislamiento. Se construyó cierta idea de que no se tuvo en cuenta la salud mental. Es erróneo, porque de hecho la Dirección Nacional de Salud Mental convocó a una mesa específica de expertos. Puede ser que haya primado ante la emergencia en la acción un enfoque fuertemente biomédico, pero en mi caso la dirección me llamó prácticamente al mismo tiempo. En esto, creo que buena parte de la comunicación de los medios ha sido deteriorante de la salud mental.

"No podemos cometer al personal de salud a lo que está viviendo. No hay otra opción que pensar en términos de cuidados colectivos".

-¿Qué le preocupa hoy, en términos de salud mental?

-En los últimos tiempos me empezaron a preocupar ciertos mecanismos de renegación y negación de aquellos que creen que el coronavirus no existe, que no es grave o que no les va a afectar. También me preocupa mucho la naturalización del riesgo. Las personas que niegan el riesgo o comienzan a naturalizarlo incurren en conductas que las ponen en riesgo a ellas y a terceros. Esta naturalización del riesgo es una incorporación de ese riesgo en la vida cotidiana. No podemos estar sometiendo al personal de salud a lo que está viviendo. No hay otra opción que pensar en términos de cuidados colectivos. También me preocupan otras problemáticas que se han agudizado, como aquellas vinculadas con la violencia de género y la violencia y el abuso infantil, a las que si bien se trató de dar respuesta, no necesariamente ha sido suficiente. Y me preocupa mucho, también, el fenómeno de acciones y fenómenos sociales irracionales.

-¿Por ejemplo?

-Pienso en las marchas “por la libertad” y contra “la tiranía de Ángela Merkel” en Alemania convocadas por neonazis, por ejemplo, o las manifestaciones contra el barbijo en España. Si bien son capturadas con objetivos políticos, mueven subjetividades profundamente afectadas por la catástrofe global. Creo que acá tenemos varios países en uno. Hay una mayoría casi invisibilizada por los medios que tiene conductas de cuidado en mayor o menor medida según sus posibilidades; hay un sector que afloja y las descarta porque piensa que no le va a pasar enfermarse, y hay unos pocos salidos de sí que queman barbijos en el Obelisco. El problema es que luego lo que se repica y se machaca es ese acto insignificante en cuanto a cantidad de personas. Mientras tanto, hay fuerzas subterráneas necropolíticas defendiendo sus intereses.

-¿Cuáles son las medidas orientadas a paliar los efectos de esta coyuntura en la salud mental?

-Todo lo que se vincula con redes sociales de contención son medidas que tienen en cuenta la salud mental: el Ingreso Familiar de Emergencia, la construcción de los comedores, los equipos de psicólogos que trabajan en territorio, entre otras. La salud mental no depende exclusivamente de la acción de los agentes de salud mental. Hay un factor protector que tiene que ver con políticas de Estado, con políticas que formen red para la catástrofe que estamos atravesando. Eso no significa que no haya que brindar escuchas y cuidados específicos.

-¿Qué política pública habría que impulsar o reforzar más que nunca?

-Todo lo que sea aproximación al trabajo en territorio en red, y en la integración del sistema de salud mental en todo el sistema de salud. También es necesario empezar y continuar con todas las políticas de descentralización de las grandes instituciones manicomiales. Si hay algo que está planteado como indispensable en este momento, como política de salud mental, es recuperar la comisión interministerial de salud mental que es donde se acuerdan las políticas. Salud mental no es solamente brindar asistencia o dar medicación psiquiátrica. Salud mental implica una atención integral pensando en un marco que contempla desde la cuestión de vivienda específica, la cuestión de derechos, acceso a documentación, acceso a trabajo, entre muchas otras cuestiones. Hay que ir preparando, además, para acompañar los procesos de rearmado de la vida cotidiana en la medida en que se vaya reconstruyendo a partir de la pandemia.

-Mencionó la aparición de conductas regresivas en niños y niñas. ¿De qué manera sugiere que las familias aborden estas situaciones?

-No soy muy afecta a recomendaciones generales para situaciones singulares. Creo que, afortunadamente, los padres y las madres suelen ser suficientemente eficaces. Obviamente excluyo de esto a las familias donde hay situaciones de maltrato emocional o físico, y aquellas en donde falta un soporte básico de condiciones de vida como para poder amparar adecuadamente a sus hijos del desamparo que ellos mismos padecen. De todos modos aconsejaría algunas cosas: no sobreexigirse en el cuidado, tratar de habilitar para niños en edad escolar y adolescentes la posibilidad de tener sus momentos de intimidad, y si es necesario de aislamiento. Preservarlos en lo posible de la información abusiva y/o distorsionada. Y fundamentalmente ampliar las posibilidades de diálogo y de escucha con respecto a sus malestares. Si lo consideran necesario hay vías de consulta a las que se puede acceder especialmente para los sectores medios urbanos. También les aconsejaría que no se desesperen si los niños manifiestan algunas tristezas, nostalgias o dolores. Podemos acompañarlos y consolarlos, pero deben sentir que los adultos soportan que ellos manifiesten estos malestares. Lo mismo si preguntan por temas dolorosos como la enfermedad y la muerte.

-A partir de las lecciones que deja el abordaje de los efectos psicológicos de la pandemia y el aislamiento en el campo de la salud mental, ¿imagina cambios en las prácticas de esta disciplina?

-Definitivamente creo que debe haber cambios en las prácticas de salud mental. Algunos serán la continuidad de cambios planteados y promovidos por la Ley Nacional de Salud Mental como herramienta: actuar usando la categoría de sufrimiento psíquico, que es más amplia que la reducción a nosografías psicopatológicas. Aunque estas últimas no dejan de ser herramientas para la clínica, espero aprendamos que no se puede reducir todo padecimiento psíquico a ellas, sino que es necesario contemplar las múltiples dimensiones que confluyen. También creo que sería esperable una mayor integración de las prácticas en salud mental en las acciones generales de salud, una revisión del reduccionismo biológico y del hospitalocentrismo de nuestros modelos de asistencia. Pero básicamente sería deseable que se repiensen globalmente los procesos de atención en salud a partir de una experiencia mundial que puso en escena las falencias de los procesos de subordinación de la salud a las lógicas de mercado. La vigencia de derechos -entre ellos, el derecho a la salud- es un componente esencial de la salud mental. Puedo imaginar todo eso, el tema es que cuando uno imagina un futuro esperable, tiene que trabajar y bregar para que, además, sea posible. Y eso depende de acciones y voluntades concretas. 

domingo, 13 de septiembre de 2020

Importantes reflexiones de un experto sobre lo festivo de un sector de la sociedad argentina frente a la enfermedad y muerte que atravesamos

 

PERDER EL JUICIO

Hay algo de lo festivo en medio del drama de enfermedad y muerte por el Covid que nos deja perplejos

 

Estamos presenciando escenas de la vida cotidiana que a muchos nos impresionan en su desmesura: la quema de barbijos, las aglomeraciones sin distanciamiento, el repudio a la adopción de conductas basadas en evidencias científicas, o la defensa de actitudes contrarias a los propios intereses, entre muchos otros. Pero al mismo tiempo de esa desmesura social se observan algunas decisiones políticas apoyadas mediáticamente, que por acción u omisión se enlazan con ella. En Tandil se decide seguir criterios de salud pública distintos a los provinciales. En Brasil, que el 11/9 era el segundo país en número de muertos por Covid (129.522) y tercero en el número de infectados (4.238.446), el Presidente Bolsonaro se manifiesta contra las medidas de aislamiento, uso de barbijos y vacunaciones, por considerarlas contrarias a la libertad. Esos fenómenos hacen pensar en una pérdida del juicio de muchas personas, algunas de ellas con responsabilidades colectivas.

 

 

Pandemia y salud mental

Entre abril y junio, diversas publicaciones dieron cuenta de que la información y conocimiento de la enfermedad y la muerte por Covid-19, así como el distanciamiento y el aislamiento, habían dado lugar en Estados Unidos a un aumento significativo de la sintomatología de ansiedad, angustia, trastorno depresivo y otros trastornos en salud mental, en comparación con años anteriores.

Del 7 al 13 de abril, una encuesta de la Universidad Johns Hopkins encontró que el 13.8% de 1.468 adultos de 18 años o más se sentía solo y con angustia aguda, por diferencia con una encuesta semejante de 2018 que había registrado un 11% en esa condición.

El 14 de agosto, los Centros de Control de Enfermedades de Atlanta (CDC, USA), publicaron los resultados de una encuesta llevada a cabo del 24 al 30 de junio sobre condiciones de salud mental adversas durante la pandemia. El 40.9% de los 5.470 encuestados respondieron manifestando sintomatología de trastorno de ansiedad o trastorno depresivo (30.9%), trastorno  por trauma o stress relacionado con la pandemia (26.3%), e inicio o aumento en el consumo de sustancias para enfrentar las emociones relacionadas con el Covid-19 (13.3%). Se consideró entre estas al alcohol, drogas legales o ilegales, y medicamentos no recetados por un médico.

Un 10.7 % de los encuestados dijo haber considerado seriamente el suicidio en los 30 días anteriores. Pero la distribución en este grupo fue significativamente mayor entre los cuidadores de adultos no remunerados (30.7%), los adultos jóvenes entre 18 y 24 años (25.5%), y los trabajadores esenciales (21.7%).

 

CDC- Mental Health & Covid-19.

 

 

 

El péndulo de Schopenhauer

Las evidencias sobre el impacto de la pandemia en la sintomatología en salud mental, que es expresión de un grado de sufrimiento psíquico, no debe hacernos perder de vista sus diferencias con un conjunto de estados que mal podrían atribuirse a trastornos como los señalados. Se trata de emociones y sensaciones propias de la situación de pandemia y los cambios del vivir en un nuevo contexto. “Normales”, si se quiere. Pongamos por ejemplo la diferencia entre sintomatología depresiva y aburrimiento. Si lo depresivo es el sufrimiento por aquello que quisiéramos tener pero hemos perdido definitivamente, el aburrimiento en cambio es el deseo de tener otra cosa que la que transitoriamente tenemos.

El aburrimiento es el malestar que se siente ante la ausencia de algo que nos interese y que de alcanzarlo nos generaría bienestar, diversión y alegría. Es un fenómeno socio-cultural que resulta creciente desde el siglo XIX y que ha crecido tanto como para generar una gigantesca industria del entretenimiento para responder a ese tiempo vacío que ya se ha hecho cultura.

Ese carácter social más reciente del aburrimiento a gran escala, pasó a ser tema de interés para la filosofía sobre todo en Kierkegaard y Schopenhauer, en Nietzsche, Heidegger y Sartre. Aunque Kierkegaard trabajó más en temas como la angustia, la desesperación y la melancolía, también trató del tedio o aburrimiento: “Qué tremendo es el tedio (…) Permanezco tendido, inactivo; lo único que veo es el vacío; lo único de lo que me alimento es el vacío; lo único en lo que me muevo es el vacío. Ya ni siquiera sufro dolor”. Y Schopenhauer dirá: “La vida humana oscila como un péndulo del sufrimiento al aburrimiento”.

Pero aunque superar el aburrimiento se dirige a lograr el goce de la vida, no es la satisfacción de los impulsos lo que logra esa superación. Porque la actuación impulsiva no nos lleva al goce de una elección existencial sino a la ilusión de dominar una realidad que no dejará de imponerse. Negar la enfermedad y la muerte mediante un acto de pretensión auto-afirmativa, no será libertad  de elección sino expresión de fracaso.

 

 

La Otra cosa del aburrimiento

 

 

 

El aburrimiento es la manifestación del deseo de Otra cosa, dirá Lacan. Pero todas las personas diferimos en qué cosa sea ese algo que deseamos y despierta nuestro placer. Lo cierto es que en una situación de pandemia la inmensa mayoría de nuestros deseos y motivos de interés se ven afectados. Ni el amor y los afectos, ni el trabajo, ni la creatividad, entre muchas otras cuestiones, encuentran su espacio de realización plena.

Reunirnos con otros presencialmente, en cualquiera de sus formas, quizá sea el mayor interés que nos quita el aburrimiento. Hasta actividades muy personales como pueda ser el leer un libro o hacer una actividad solitaria, sólo cobran pleno sentido satisfactorio en la seguridad del encuentro con aquellos con quienes de un modo u otro compartimos ese placer en apariencia solitario.

Si en lo depresivo perdemos la capacidad de sentir placer, en el aburrimiento tenemos esa capacidad intacta y a la espera de encontrar esa Otra cosa que nos devuelva el goce. Entre esas cosas hay algunas inofensivas, como son los pasatiempos que nos ayudan a tolerar la frustración transitoria. Pero hay otras que pueden resultar dañinas para uno mismo y para los demás, cuando nuestra tolerancia a la frustración es baja y en lugar de la espera decidimos actuar impulsivamente en procura de alcanzar ese goce deseado, sin importar las consecuencias y con un plus de goce que es la transgresión de las normas establecidas.

 

Palermo, 4 de septiembre.

 

En un experimento se puso a varias personas aisladas, cada una de ellas sola, para que pasaran 15 minutos en su habitación y sólo tuvieran para entretenerse sus propios pensamientos. Se les ofreció, como única alternativa, la posibilidad de auto-administrarse el estímulo negativo de una pequeña descarga eléctrica. El 67% de los hombres y el 25% de las mujeres participantes prefirieron darse esa descarga a no tener ningún estímulo externo.

Por eso la diferencia entre depresión y aburrimiento puede ser útil entonces para distinguir aquellos estados que requieran de abordajes clínicos de otros estados emocionales que puedan requerir de otras estrategias para prevenir sus efectos adversos. Aunque ambos estados puedan formar parte de los estudios de una epidemiología social, las respuestas que demos a los mismos no han de ser equivalentes. Y esto debería ser tratado seriamente en el abordaje integral de la salud pública en situación de pandemia.

 

 

La fiesta del coronavirus

Aunque en marzo ya se había realizado una en Kentucky con el saldo de un infectado, a principios de mayo se supo que en el estado de Washington (USA) se realizaban “Fiestas Covid”. Estas consistían en organizar reuniones festivas en las que jóvenes universitarios sanos se mezclaban con personas infectadas por coronavirus para observar quienes de los sanos se infectaban. Todos los participantes debían poner dinero para reunir un premio que se daba al primero de todos los asistentes que pudiera demostrar, después de unos días, que se había infectado.

Se estimó entonces que algunos de los 94 casos de la región de Walla Walla, distante 400 kilómetros de Seattle, foco inicial de la pandemia en Estados Unidos, se habían infectado en esas fiestas, ya que 25 de ellos admitieron haber participado en alguna de ellas.

Algo similar ocurrió dos meses después en Tuscaloosa (Alabama). En el gobierno de la ciudad admitieron que los bomberos habían podido constatar la realización de varias de estas fiestas. Un médico de la localidad declaró  que “cuando los estudiantes son llamados para informarles de sus resultados, notamos que algunos estaban muy emocionados al ser positivos, mientras que otros se molestaban cuando se les decía que habían dado negativo en la prueba”.

 

 

Sufrimiento, aburrimiento y malicia

 

Fiesta y terapia.

 

Hay algo de lo festivo en medio del drama de enfermedad y muerte por el Covid que nos deja perplejos. ¿Cómo es posible anteponer la satisfacción impulsiva de la búsqueda de goce a una razonable aceptación de los límites que nos impone la situación de la salud colectiva? Se ha condenado moralmente a los jóvenes que han privilegiado el tomarse unas cervezas en grupo de amigos, sin barbijos ni distanciamiento. Y algo de razón hay en esa condena. Pero en lo que venimos diciendo puede verse un hilo de comprensión que podemos encontrar en la distinción de las diferencias y su complejidad.

Una cuestión es la sintomatología en salud mental que está generando la pandemia y que puede dar lugar a conductas que demandan abordaje clínico. Esa sintomatología debe ser medida así como se hace con la circulación del virus y su afectación. El respeto de la salud como derecho nos pide asegurar el más alto nivel posible de salud física y mental. Las áreas de salud mental de los ministerios han trabajado mucho en recomendaciones e instrumentos de atención y cuidado para el abordaje de trastornos en salud mental.

Pero es necesario ir a buscar activamente en la población supuestamente sana los efectos que está teniendo la pandemia. Y con ese fin no sólo deben trabajar los ministerios sino también las más diversas instituciones. Un ejemplo mayor son las universidades públicas y privadas que han de salir a identificar preventivamente a esos posibles síntomas en la población universitaria. La tarea de identificación preventiva debe anteceder a la oferta de servicios de atención y cuidado.

Una segunda cuestión es la de lo que hemos denominado en un sentido amplio y a la vez vitalmente profundo, aburrimiento. Este estado no es síntoma mental de trastorno mental alguno, y no es un problema en tanto estado, sino en tanto conductas dirigidas a superar ese estado. Las políticas públicas lo tienen en cuenta y habilitan movimientos que ayuden a esa superación hasta donde esto es posible sin exponer a riesgo de contagio y enfermedad a la población.

Aquí se puede comprender la necesidad de los jóvenes, por ejemplo, de tener actividades que les permitan mantener la salud mental sin hacer síntomas mediante el goce de acceso a determinadas satisfacciones. Se puede comprender especialmente porque las sociedades actuales han promovido hasta la exageración la necesidad de entretenimiento. Y si bien hay sectores de la población joven que encuentran la superación del aburrimiento en el compromiso y el trabajo solidario, también hay que aceptar las diferencias de las identidades personales que cada uno de nosotros ha llegado a configurar en la vida propia con lo que le ha tocado vivir.

 

Salud en el Barrio El Churrasco.

 

Pero una tercera cuestión, mucho más problemática y ahora sí claramente condenable, es la de aquellas conductas que a la búsqueda del goce satisfactorio por la superación de la frustración cotidiana, le suman el plus de goce del transgredir las normas. Es la quema de barbijos, el agrupamiento sin distanciamiento alguno que cuide a los demás, y otros actos desafiantes de un individualismo al que no cabe otra posibilidad que asignarle la pretensión de gozar con la amenaza de un daño potencial y el temor de los otros a ese daño.

Sin embargo, esas conductas que no dejan de buscar un goce perverso, se encuentran facilitadas por políticas de una flexibilización normativa en desacuerdo con las recomendaciones más aceptadas y extendidas, con lo que lo individual se ve estimulado por quienes han de sostener la normatividad de enlace y protección colectiva. Se encuentran ejemplos de esto en algunas medidas del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en un municipio como el de Tandil y en un país como Brasil. Y en agentes mediáticos que acompañan esos estímulos a la transgresión. De esto hablaba en mi nota anterior al hablar de malicia. De esa manipulación de la libertad de acción para promover un goce que, lejos de restaurar la armonía mental, lo que hace es promover una sociedad de perversión generalizada.

 

 

lunes, 31 de agosto de 2020

Condena a Argentina por dilacion judicial en un caso laboral

 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado argentino por la duración excesiva de un proceso de indemnización por enfermedad

Se trató de un proceso por enfermedad profesional que demoró doce años en obtener una sentencia, que fue desfavorable.

En el caso “Spoltore vs. Argentina” la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró internacionalmente responsable a la República Argentina por la violación a las garantías judiciales, a la protección judicial y al derecho a condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que aseguren la salud del trabajador.

En el año 1988, el señor Spoltore interpuso una demanda laboral para lograr el cobro de la indemnización que le correspondía por enfermedad profesional, contra la empresa empleadora, ante los Tribunales de Trabajo de San Isidro, que dictaron sentencia nueve años después, rechazando la demanda. El caso llegó a la Suprema Corte provincial, pero ésta también rechazó los recursos interpuestos por el actor.

Además, en el año 1997, realizó una denuncia por la demora y negligencia en el proceso por parte del Tribunal de Trabajo ante la Suprema Corte, que a pesar de constatar la demora se limitó a “un llamado de atención a la secretaria del tribunal por la demora en varias diligencias de trámite de la causa”.

El caso llegó a la Corte IDH por la duración excesiva del proceso, que se prolongó por más de doce años. Allí, el Estado argentino alegó que “el señor Spoltore ha debido agotar la acción de daños y perjuicios contra el Estado provincial” antes de llegar al tribunal internacional. No obstante, la Corte entendió que el Estado “tenía la carga de la prueba en demostrar la disponibilidad, idoneidad y efectividad práctica del recurso que alega debió agotarse”, lo cual no sucedió en el caso y que se trata de “una carga excesiva para la presunta víctima exigirle que agotara un recurso que no había sido utilizado en la práctica para los fines que el Estado alega que tendría.”

Así, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a la Argentina por violación a los derechos de condiciones de trabajo dignas que aseguren la salud al trabajador, en relación con el acceso a la justicia y al derecho de recurrir el fallo. Por ello, ordenó al Estado realizar la publicación del resumen oficial de la sentencia  y pagar las cantidades fijadas en concepto de indemnización por daños materiales e inmateriales, pago de costas y gastos, y reintegro del Fondo de Asistencia Legal a las Víctimas.

Accedé al resumen del fallo

Noam Chomsky: “Tenemos poco tiempo para decidir si la vida humana sobrevivirá"

 Fuente Pagina 12 - 31.8.2020

El pensador norteamericano habla de una crisis climática, económica y humanitaria

Noam Chomsky: “Tenemos poco tiempo para decidir si la vida humana sobrevivirá"

No ha habido otro momento de estas características en la historia de la Humanidad. Así lo asegura el prestigioso intelectual y activista estadounidense Noam Chomsky, quien dijo que la pandemia del coronavirus ha hecho de estos tiempos los más oscuros de los que se tenga memoria. Chomsky explicó que el presente representa un "punto de confluencia de distintas crisis muy graves", entre las que se incluyen una amenaza de guerra nuclear, cambio climático, la pandemia del coronavirus, una gran depresión económica y una contraofensiva racista que tiene como epicentro a los Estados Unidos.

“Este es un momento único en la historia de la humanidad, no solo en mi vida. Nunca ha habido un momento en el que haya surgido tal confluencia de crisis y las decisiones al respecto que deban tomarse muy pronto, no se pueden retrasar", afirmó el pensador que tal vez sea el lingüista vivo más importante del mundo.

Chomsky, activista pacifista desde hace mucho tiempo, criticó al presidente Donald Trump por "desmantelar sistemáticamente las protecciones que ofrecían algún tipo de defensa contra la guerra nuclear".

“Los principales expertos como William Perry, exsecretario de Defensa, una persona que no puede ser considerado un exagerado y que muy conservador y a la vez está muy bien informada sobre estos temas, argumenta que la amenaza nuclear hoy es todavía mayor que durante la Guerra Fría”, dijo Chomsky.

Chomsky dijo además que las iniciativas que los gobiernos lleven adelante para hacer frente a la pandemia de coronavirus serán importantes a corto plazo, pero que sus decisiones sobre el cambio climático serán aún más duraderas.

“Saldremos de alguna manera de la pandemia pero a un costo terrible, que tiene en su mayoría causas evitables”, dijo el autor de Hegemonía o supervivencia y Estados fallidos, entre muchos otros títulos, en una entrevista concedida al sitio The Hill. "No saldremos del derretimiento de las capas de hielo polar, eso es permanente".

“Tenemos tiempo por delante para decidir si la vida humana organizada sobrevivirá en la Tierra o sucumbirá a la amenaza de un desastre ambiental”, agregó Chomsky.

No es la primera vez que el intelectual norteamericano se refiere públicamente al tema en estos términos. En abril de este año advirtió que los gobiernos están siendo “el problema y no la solución” y sobre la situación puntual de Estados Unidos sostuvo que se ve agravada por la condición de “bufones sociópatas” que manejan la administración de ese país con Donald Trump a la cabeza. Sobre los cambios que pueden llegar a producirse alerta que “esto nos podría llevar a estados altamente autoritarios y represivos que expandan el manual neoliberal incluso más que ahora”, aunque aclara que “eso depende de la gente joven” y “de cómo la población mundial reaccione”.

Recientemente, en junio, se refirió al bochornoso rol adoptado por Trump en la gestión de la pandemia y no dudó en calificarlo como "el peor criminal de la historia, sin lugar a dudas”. “Nunca ha habido una figura en la historia política que se haya dedicado tan apasionadamente a destruir los proyectos para la vida humana organizada en la tierra en el futuro cercano”, sentenció el reconocido catedrático.

sábado, 29 de agosto de 2020

La fotografia de Auschwitz

 9 de agosto de 2020

Czeslawa Kwoka / La historia de las fotos de Auschwitz

Colorear a veces hace revivir. No siempre, pero cuando se trata de imágenes que sólo habían sido vistas en blanco y negro, muchas de ellas rápido, sin detenerse en los detalles por lo insoportable de lo que se veía, poner color es acercar el foco, descubrir el brillo en la mirada, inclinar al que mira la foto hacia quien está fotografiado. En algunos casos, como en éste, es revivir el asesinato, la eliminación masiva y los grados de crueldad insondables que el blanco y negro va destiñendo. Casi todo el imaginario en blanco y negro que el mundo tiene sobre lo que sucedió en Auschwitz lo produjo un prisionero, Wilhelm Brasse, nacido en la Polonia ocupada. Fue capturado muy joven, cuando era ayudante de fotografía en un local de su pueblo, Zywiec, y como hablaba alemán le ofrecieron unirse a los nazis. Se negó y fue enviado al entonces flamante centro de concentración de Auschwitz-Birkenau, en 1940. Ya colgaba en sus portones de hierro la leyenda “El trabajo hace libre”.

El primer jefe del centro era Maximilian Grabner, que en 1947 fue condenado a morir en la horca por más de 25.000 asesinatos, entre más del millón y medio que tuvieron lugar allí, entre ellos los de 230.000 menores de doce años. En el 40, había allí judíos, homosexuales, gitanos y “presos políticos”, que eran todos los miembros de la familia de cualquier comunista, o gente “suelta” que era levantada en el camino. Pronto llegó Mengele y comenzó con sus experimentos. Los nazis tenían la obsesión de documentar todo, porque estaban convencidos de que matarían a todos los necesarios para imponer su supremacía. Grabner mandó a averiguar si algún prisionero era fotógrafo, y encontraron a Basse. Le confiaron la tarea de fotografiar de frente y de ambos perfiles a todos los prisioneros, y de registrar los experimentos de Mengele.

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Brasse trabajó en silencio y en medio de una profunda perturbación íntima durante cinco años. Hizo alrededor de 50.000 fotografías que hoy forman parte estructural del Museo de Auschwitz. Tuvo un trato ligeramente preferencial: cuando no fotografiaba los cuerpos que iban esqueletizándose, lo mandaban a la cocina a trabajar como ayudante. Luego de la liberación de Auschwitz por las tropas rusas, él y los sobrevivientes fueron trasladados unas semanas a otro campo para atenderlos, mientras el mundo asistía a uno de los hallazgos de deshumanización más feroces de la historia humana. Los negativos habían quedado en Auschwitz pero fueron recuperados en su totalidad.

Cuando por fin salió a la vida otra vez, y hasta sus 92 años, cuando murió, Brasse nunca volvió a sacar una foto. Fue llamado “el fotógrafo de Auschwitz” siempre: el trauma de haber visto y registrar lo acompañó como una niebla interna durante toda su vida.

Pero una de las fotos que había tomado cuando era prisionero, la de una niña de 14 años, Czeslawa Kwoka, viajó en el tiempo y un día de hace algunos pocos años aterrizó en la mesa de trabajo de la fotógrafa y colorista brasileña Anna Amaral. El proceso del color sobre la foto de la niña que poco después de ser retratada fue asesinada con una inyección de fenol en el corazón por un oficial nazi, produce el efecto de un nuevo acercamiento a esa tragedia.

Czeslawa, católica, vivía en una pequeña casa con su madre, Katarzyna Kwoka, y las dos habían sido cazadas en el camino. Llegaron a Auschwitz en 1942. A la madre la mataron a los dos meses. La foto de la niña fue tomada un año después, poco antes de su ejecución. Estaba sola y sabía que no tenía oportunidad de salvación. Ya no tenía nombre. Era el número 26.947.

Antes de la foto, mientras esperaba en la fila de prisioneros, un soldado pasó a su lado y le rompió el labio. La niña lloró pero la llamaron para posar. Brasse recordó varias veces el gesto de Czeslawa: se limpió con el puño la sangre de la boca antes de pararse frente a la cámara. Ya en blanco y negro estaba toda esa oscuridad en su mirada. Pero el color que le agregó Anna Amaral la acerca en el tiempo, acerca el foco a ese abismo de miedo y desconcierto. La niña no hablaba alemán y desde que la habían secuestrado y trasladado no sabía por qué lo hacían ni qué le decían.

Cuando llegaron los juicios, años después, Brasse, que nunca olvidó ese rostro infantil espantado, testimonió contra el oficial que la asesinó. En materia de nazismo, el blanco y negro queda lejos, está impregnado en esas fotos que hemos visto en documentales o en libros sobre el Holocausto. La cara de esa niña de 14 años, con el labio roto y a punto de ser asesinada vuelve desde el pasado para decirnos que a la ultraderecha hay que detenerla siempre, porque diga lo que diga y aunque no lo confiese más que a veces, piensa, bajo cualquier forma que adopte, que la muerte del enemigo es la solución.

Hace dos años, cuando se cumplieron 75 años del asesinato de Czeslawa Kwoka, el Museo de Auschwitz la homenajeó con la difusión de su foto de prontuario coloreada por Amaral. Ahí están sus ojos, sus ojeras, sus moretones en la cara, su traje a rayas, su cabeza pelada, su orfandad y su muerte inminente, que se huele, densa, gaseosa, en la foto. Podemos imaginarla como una niña de 14 años parecida a cualquiera de las que conocemos. El color viene a decirnos que el mal nunca está tan lejos como para creerlo en el pasado.