Difusión de temas y trabajos académicos de interés para el mundo del trabajo, en base al respeto de los derechos humanos y la justicia social, con una mirada plural y claramente transformadora. Fallos judiciales relevantes en tal perspectiva, en los que intervienen el autor y otros compañeros argentinos y latinoamericanos. Bienvenidas las críticas y aportes.
La idea de uno, es utopía, pero la de muchos finalmente será realidad.
Doctrina y acción.
Luis Raffaghelli 26.7.2012
Llegada de Mariano con susto. Video: blob:https%3A//vine.co/e6b16fc4-42a0-4a7c-839f-1b05df7e77d0
Un atleta argentino, marplatense a quien vi muchas veces correr y ganar en la costa argentina. Un talento natural enriquecido con el esfuerzo. Felicitaciones a Mariano y creo que puede dar mas. Tambien para Leonardo Malgor maestro de atletas, del semillero del futuro. Merece apoyo importante del Estado que redistribuya sus aportes en una actividad masiva y popular en Argentina, porque Mariano es un ejemplo para muchos corredores.
Luis Raffaghelli, Bs.As. 28.7.2015
Fte.Cancha Llena 26.7.2015
TORONTO.- "Ha vinto l'intruso". "Ha ganado el intruso", tituló un diario italiano cuando Mariano Mastromarino triunfó en diciembre pasado en la Maratón de Buenos Aires, clasificatoria para losJuegos Panamericanos. "¡Salí de la carrera, salí! ¡No te metas que es una carrera!", le gritaban desde un auto un oficial de la organización de la prueba, convencido de que el atleta se había colado entre los punteros keniatas en el kilómetro 37. Lejos de ser un intruso, el marplatense ganó en buena ley y su insólita anécdota le dio un tinte épico a su victoria, además de una inusual repercusión en los medios internacionales.
Ahora, con el bronce enToronto,Mastromarinose cuela en la misma historia delatletismonacional, un entrometido que se transformó en el primer argentino en subirse a un podio de una maratón panamericana luego de 64 años. El único registro databa de Buenos Aires 1951, los primeros Juegos, cuando se impuso el santafecinoDelfo Cabrera-campeón olímpico vigente por entonces-, escoltado por el correntino Reinaldo Gorno. Le faltó poco a Mastromarino para inmiscuirse en Río 2016: apenas quedó a 45 segundos de la marca mínima. No le alcanzó con el tercer puesto y su tiempo de 2h17m45, a 41 segundos del ganador, el cubano Richer Pérez, y a 9 del peruano Raúl Pacheco.
El marplatense de 32 años vino a atesorar la marca para los Juegos y no la medalla, aunque se le dio al revés. Con el resultado cambiado, muerto de calor, igual transpiraba feliz sobre el asfalto de Toronto por su logro más importante como maratonista. El Colo irradiaba emoción; su rostro delataba las huellas de sus duros entrenamientos en el pueblo salteño de Cachi; 2300 metros sobre el nivel del mar, la preparación ideal. Nunca la tuvo fácil, ni en el atletismo ni en la vida. "Es lo más lindo que me tocó en este deporte", suspiraba este ultraliviano que en 2010 se quedó sin beca nacional y vendió pulóveres para salir del paso. Su horizonte asoma diferente: con aquella victoria en Buenos Aires llegaron los sponsors, el reconocimiento y la chance todavía concreta de llegar a los Juegos con la marca requerida de 2h17m para la prueba de los 42,195 km. "El sueño olímpico sigue intacto porque corro la Maratón de Valencia en noviembre o voy a Rotterdam en abril de 2016", le aseguró a la nacion.
Suele decir Mastromarino que corre en un cuerpo prestado, porque en realidad debería pesar mucho más que 54 kilos. Sus hermanos Fernando y Mariano lo superan con creces en la balanza, y la explicación está en su apellido italiano, sinónimo de buen comer. Esas tertulias familiares de los domingos son tentadoras, generosas en la variedad de pastas y postres. Pero el Colo hace un culto de la disciplina y sólo ve cómo los platos pasan de mano en mano en la mesa. Jamás se aparta de la planificación del uruguayo Leo Malgor, que corrió en los Juegos Panamericanos de 1995. Es el mismo entrenador que detectó en él un interés especial por el atletismo, cuando en plena cita brindó una charla motivacional en el barrio Santa Mónica de Mar del Plata. Entre el grupo de pibes, Malgor pudo distinguir a ese coloradito silencioso que escuchaba atentamente cada uno de sus conceptos. Luego, sería su alumno predilecto.
Me parece interesante el articulo para abrir el debate.
Particularmente pienso que la antinomia no es hombre vs.máquina (robots vs. humanos como titula el autor) sino la concepción humanista de la economía y de la sociedad vs. su contrario. Si las máquinas estan al servicio del hombre no puede terminar devorándolo. Siempre el sistema social político y económico debe cuidar a la persona humana. La concepción de la maquina que desplaza al hombre es la delHOMBRE LOBO DEL HOMBRE y no la del hombre hermano del hombre.
Robots vs. humanos: la pelea que viene en el mundo laboral*
Las nuevas tecnologías impulsan cambios en el mercado del trabajo, ya que las máquinas reemplazan a las personas; aumenta la resistencia al cambio y la conflictividad
La comedia es igual a tragedia más tiempo", decía el personaje interpretado por Alan Alda en Crímenes y pecados, la película de Woody Allen. Días atrás, la hipótesis se cumplió a rajatabla con la muerte de un operario en una planta de la automotriz Volkswagen, en Alemania, por el accionar defectuoso de un robot. Una noticia trágica, que provocó centenares de chistes en Twitter horas después, cuando se viralizó que una de las periodistas que la difundió era Sarah 0'Connor, del Financial Times, con nombre casi igual al de la protagonista de la famosa películaTerminator-estrenada en 1984 y protagonizada por Arnold Schwarzenegger), Sarah Connor.
La película narra un futuro terrorífico, en el quelas máquinas se adueñaron del planetay buscan extinguir a la raza humana. "[Sarah O'Connor] estuvo toda su vida esperando a escribir esta nota", se burló un tuitero, entre miles que le sacaron el cuero a la periodista.
Noticias de este tipo comenzaron a aparecer en 2015 con mayor frecuencia. En marzo, una ciudadana coreana se despertó de la siesta cuando un robot-aspiradora le estaba comiendo el pelo. Y a fines de abril, un robot fue "preso" en Suiza luego de comprar pastillas de éxtasis por Internet.
¿Novedades de países del Primer Mundo, alejadas de la realidad argentina? No tanto. El 20 de junio pasado, los operarios de la Línea C de subte hicieron un paro sorpresa en protesta contra la implementación de máquinas expendedoras de boletos. Intentan evitar que los reemplacen autómatas.
Y dos semanas atrás, hubo un grave accidente en la planta de una empresa siderúrgica de las grandes: un operario perdió una pierna en una línea de producción que fue automatizada recientemente.
No podía ser de otra manera: la discusión por las derivaciones del avance de la tecnología y de la inteligencia artificial en el mundo del trabajo está que arde entre los economistas.
En un debate que mantuvieron en la Universidad de Buenos Aires (UBA), los economistas Daniel Heymann (director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política) y Lucas Llach (profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y candidato a vicepresidente de la UCR) mostraron posturas contrapuestas. Heymann, preocupado por un futuro de alto desempleo. Llach, con una visión más optimista, resaltó que la incorporación de máquinas sube la productividad, pero no afecta tanto al empleo como postulan algunos.
El tercer participante del debate de la UBA, el físico ruso Andrei Vazhnov, destacó: "La evidencia histórica está unánimemente del lado de la idea de que nadie termina extrañando los puestos que reemplazan las máquinas y que surgen nuevas ocupaciones".
"Si una máquina puede hacer por cinco pesos el trabajo que una persona hace por 10pesos, el trabajador tiene dos opciones: trabajar por cinco pesos [una reducción de 50% de su salario] o buscar otro trabajo. Por eso, la máquina que sustituye trabajo aumenta la productividad [y el ingreso del empresario], pero reduce el salario [y el ingreso del trabajador], profundizando la inequidad", explica Eduardo Levy Yeyati, quien abordó este tema en su reciente libro PorVenir, de Editorial Sudamericana.
"El desplazamiento de trabajadores de calificación media en países desarrollados ocurre desde hace 30 años -prosigue el director de la consultora Elypsis y presidente del Cippec-, no sólo por la mudanza de puestos industriales a emergentes, sino también por la sustitución por la máquina. De hecho, el empleo industrial en China cayó aproximadamente un 25%, no muy lejos de la marca en economías desarrolladas. Así, la globalización de empleos sería apenas una parada intermedia hacia la automatización."
Para Guillermo Cruces, especialista en temas sociales y laborales del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (Cedlas) de La Plata, en los países desarrollados se observa cada vez más un reemplazo de tareas rutinarias por computadoras (rutinarias cognitivas) o trabajadores y máquinas en otros países (rutinarias manuales). "Esto empezó con las fábricas y el Made in -agrega Cruces-, pero avanza cada vez más en tareas cognitivas, como lo puede atestiguar cualquiera que haya marcado un 0800 para un servicio local y haya obtenido una respuesta en otro lugar del planeta", dice.
En la recuperación de la última crisis sólo crecieron en los Estados Unidos los trabajos no rutinarios, aquellos que no pueden ser reemplazados simplemente. Pero no se recuperaron las capas intermedias, que son las que más sufren la automatización, en una tendencia que David Autor, economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT), describe como "polarización del empleo".
Ya hay consultores en los Estados Unidos y en Europa que publican listas de los "Diez empleos en peligro de extinción" (como si fuera un especial de National Geographic en especies en riesgo).
Y en cualquier polémica de este campo surge la cita obligada al trabajo de los profesores de Oxford Carl Frey y Michael Osborne, quienes relevaron la tasa de sustitución de máquinas por humanos en cada una de las 702 ocupaciones que releva la secretaría de empleo de los Estados Unidos y llegaron a la conclusión de que el 47% de los puestos podrían ser desafiados por robots o inteligencia artificial en los próximos veinte años.
Entre los más sustituibles están las posiciones más rutinarias (como decía un titular de The Economist recientemente: "Si usted está aburrido porque en su trabajo hace lo mismo todos los días, empiece a preocuparse"). Entre los puestos de trabajo más seguros, aparecen aquellos que requieren habilidades de creatividad y empatía, inherentemente humanas.
MAD MEN, RICARDO Y LOS ETRUSCOS
El debate sobre el futuro del empleo y la incidencia del reemplazo de humanos por robots es muy pantanoso, en buena medida porque el presente de este fenómeno está en discusión y no hay consenso entre los economistas en que el estancamiento del empleo en los Estados Unidos y en las principales economías del mundo se deba al factor tecnológico.
Hay un tono "sombrío" en el debate económico global actual, que tiene un emergente en los libros de moda (El capital en el siglo XXI, del francés Thomas Piketty; La gran división, de Joseph Stiglitz, o las compilaciones de Lawrence Summers sobre el "estancamiento secular").
Un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) concluyó que la desigualdad nunca fue tan alta en la mayor parte de sus 34 países miembros, un fenómeno que se explica en principal medida por la caída del poder de compra del 40% más pobre de la población. Cuánto de todo este marco se debe a la automatización es lo que está en discusión.
De cualquier forma, no se trata de una cuestión nueva. En la tercera temporada de la serie Mad Men, que transcurre en Nueva York en la primera mitad de los años sesenta, Peggy Olson (el personaje que interpreta Elizabeth Moss) sale a tomar algo a la noche y conoce a un estudiante avanzado de ingeniería, que le cuenta que se cambió desde abogacía. "Si nos van a reemplazar las máquinas de todas formas, por lo menos quiero ser de los que las hacen", se justifica.
La "angustia por las máquinas" recrudece tanto en períodos de disrupción tecnológica como en los de estancamiento del empleo. En 1821, un tiempo después de las protestas de los luditas que rompían las máquinas de la Revolución Industrial, el economista David Ricardo advertía sobre las consecuencias de la automatización sobre el empleo, al igual que John Maynard Keynes en 1930, cuando acuñó el término de "desempleo tecnológico".
En sus charlas en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Lucas Llach, Heymann y Vaszhnov coincidieron en llamar a no dejarse seducir por "distopías excesivas" sobre la desaparición del empleo en manos de las máquinas. Como el "auto volador", que, según el sitio PaleoFuture (que recopila visiones del futuro de décadas pasadas), viene siendo anunciado desde una década y media "para dentro de dos años", la disrupción laboral podría tardar más tiempo en llegar o lo haría de otra forma.
Cruces, del Cedlas, da un ejemplo al respecto: "Estas sustituciones también tienen sus límites. Es un clásico, ya que se anuncia cada tanto una «nueva revolución en la construcción», que generalmente implica algún tipo de prefabricados: casas que se arman en containers, fábricas chinas de rascacielos, habitaciones adicionales empacadas y despachadas en cajas chatas por IKEA.. Sin embargo, y después de décadas de promesas de prefabricados, seguimos construyendo, más o menos, como los etruscos".
Sin embargo, son muchos los economistas que piensan que "esta vez es diferente". Según cuenta Levy Yeyati a LA NACION, esta vez es distinto porque la automatización reemplaza también tareas en el sector servicios, donde hasta ahora recalaban los trabajadores desplazados de la industria: "Y en la medida en que las máquinas ganen en flexibilidad y capacidad de aprendizaje, podrían sustituir empleos menos automatizables, hoy protegidos: el auto sin conductor reemplaza al chofer; el robot, al repositor e incluso al personal de limpieza".
Para los profesores del MIT Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, autores de La segunda era de las máquinas, los avances en la tecnología digital son a nuestra capacidad mental lo que la máquina de vapor fue, hace doscientos años, a nuestra capacidad muscular.
Por eso, dicen, es el mejor momento para ser un trabajador especializado con la educación adecuada, con la capacidad para usar la tecnología para crear valor, y es el peor momento para ser un trabajador estándar con aptitudes medias fácilmente replicables por computadoras y robots. "Pero el progreso en la digitalización podría poner en jaque a todo el espectro laboral. Incluso al médico, gracias al perfeccionamiento del diagnóstico digital, o al profesor, cortesía de los MOOC [la sigla en inglés de los cursos online masivos y abiertos]", agrega Levy Yeyati..
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA NACION -
07/07/2015
Hace lugar al pedido de las hermanas de un
paciente que se encuentra desde hace más de veinte años en estado vegetativo
por un accidente de tránsito y, en consecuencia, ordena a los profesionales
médicos que se abstengan de proveerle el tratamiento que le prolonga
artificialmente la vida, con el fin de garantizar la vigencia efectiva de los
derechos del paciente en las condiciones establecidas por la ley 26.529. En referencia
a dicha norma, afirma que no fue intención del legislador autorizar las
prácticas eutanásicas, sino admitir en el marco de ciertas situaciones
específicas la "abstención" terapéutica ante la solicitud del
paciente. Agrega que la referida normativa prevé la situación de aquellos
pacientes que se encuentran imposibilitados de expresar su consentimiento
informado y, por ello, las hermanas se encuentran autorizadas a dar testimonio
de la volu ntad del paciente. Sin embargo señala que no se trata de que las
personas autorizadas decidan la cuestión relativa a la continuidad del
tratamiento médico en función de sus propios valores, principios o preferencias
sino que, como resulta del texto del artículo 21 de la ley 24.193 al que remite
el artículo 6° de la ley 26.529, ellas solo pueden testimoniar, bajo
declaración jurada, en qué consiste la voluntad de aquél a este respecto, es
decir que no deciden ni "en lugar" del paciente ni "por" el
paciente, sino comunicando su voluntad.
“Observé la relación del tiempo destinado al trabajo”
El director de El custodio y Un mundo misterioso sigue los pasos de
una empleada doméstica en distintas casas, incluida una donde un grupo
de estudio analiza El Capital, de Marx. “Es una película de ficción que
toma elementos de lo real”, dice.
Por Oscar Ranzani
Cuando
Rodrigo Moreno conoció a Marcela Días comenzó a filmar su rutina
cotidiana, sabiendo que la película tendría una estructura abierta.
En 2005, cuando Rodrigo Moreno terminó de filmar El custodio,
donde Julio Chávez interpretaba a un agente de seguridad de un político,
se quedó enganchado con la idea de hacer una película con “personal de
servicio”. Entonces escribió una historia con una empleada doméstica
como protagonista, pero después se vio frente a una encrucijada:
ficcionalizar una historia de alguien de la clase obrera con una actriz
de clase media le parecía una farsa. “No me gustaba esa idea que tiene
el realismo”, señala el director en diálogo con Página/12. Descartó el
proyecto, se concentró en otra película y en 2011 estrenó en la
Berlinale Un mundo misterioso. Años después, le interesó la idea de
centrarse en el tema del mundo del trabajo. Y comenzó a entrevistar a
diversas empleadas domésticas reales, claro. Hasta que se topó con una
mujer, Marcela Días, quien había sido empleada doméstica pero, por
entonces, trabajaba como guardia de seguridad de un edificio. Moreno
decidió comenzar a filmar su vida o, mejor dicho, acompañarla en sus
días, pero casi sin un horizonte concreto. Pero el cineasta sí tenía
claro que el proceso de trabajo tenía que ser abierto. “La estructura de
producción fue mínima, no teníamos nada más que una cámara y un
micrófono que nos prestó la Universidad del Cine. Y, entonces, el equipo
fue un director de fotografía, una asistente de dirección (que también
hizo sonido) y yo”, recuerda. Este es el germen de su tercer
largometraje solista, Réimon, lanzado en el Festival de Rotterdam y en
el Bafici y que a partir de mañana se convertirá en el primer estreno
argentino en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín tras las
refacciones en ese templo cinéfilo que demoraron más de un año y que
mostraron una gran ineficacia por parte del Gobierno de la Ciudad en
cumplir con los plazos establecidos originalmente para reacondicionarlo.
Réimon acompaña los días de esta empleada doméstica que, según le
contaba al cineasta, tardaba casi tres horas en llegar a su trabajo,
entre tren, colectivo y caminatas y otro tanto para regresar a su casa
en Florencio Varela. “Todo eso me pareció muy potente”, recuerda Moreno.
“Y lo era en un sentido filosófico: la idea de alguien que destina casi
todo su tiempo al trabajo. Y ese tiempo está dado no sólo por el
trabajo en sí mismo, sino también por los traslados. Visualmente me
atraía”, confiesa el director. En ese aspecto, Réimon tiene una cierta
similitud con El custodio, por tener el ojo de un observador de una
rutina. Pero uno de los realizadores del denominado Nuevo Cine Argentino
fue por más: “Después apareció la parte de ficción que traje de aquel
guión que había escrito años atrás: en una de las casas donde ella
trabaja hay un grupo de estudiantes de Sociología o de Historia que se
reúnen a leer El Capital, de Karl Marx”. A uno de ellos lo interpreta
Esteban Bigliardi, que fue el protagonista de Un mundo misterioso, y que
en esta película es la pareja de Cecilia Rainero. “Más allá de que
Marcela no estaba trabajando como empleada doméstica, me interesaba que
todo el encuentro con su trabajo y en los departamentos de clase media
donde ella trabaja fuese ficción. Me gustaba recrear eso”, explica el
director. Y esa contradicción entre la conciencia burguesa y la
explotación laboral es uno de los tópicos de Réimon, que sigue la rutina
cotidiana de esta empleada doméstica en clave de ficción observacional. –¿Qué buscaba para el personaje que interpreta Marcela Días y cómo la eligió?
–No sé si buscaba algo muy preciso. No es algo que podía planificar
ni decir: “Estoy buscando tal tipo de personaje o tal psicología”. Hay
algo del encuentro con el otro que sucede o no sucede y es algo del
orden de lo misterioso. –Y de lo intuitivo, ¿no?
–Claro, hay energías que no tienen nombre. Ella me pareció un
personaje muy pudoroso, por un lado. Y, paradójicamente, muy abierto a
hacer una película. A la vez, ella tiene una elegancia que se corre del
estereotipo de alguien de la clase baja, de la clase obrera que trabaja
como empleada doméstica. La película no contó con vestuarista. Por lo
tanto, el vestuario que utiliza Réimon (así la llaman sus empleadores)
es el de Marcela. Ella usa sombreros como si fuese Woody Allen. Es un
personaje muy particular en ese sentido. Y filmándola a ella me di
cuenta de que el espíritu aristocrático no es una cuestión de clase,
sino precisamente un espíritu. Y, entonces, me atrajo. Fue algo que fui
descubriendo. Y también me gustaba la idea de que el equipo de rodaje no
fuese una intromisión en su vida, sino que la acompañáramos en algunos
momentos en su casa; en otros, en sus traslados (algunos son reales y
otros fueron recreados). Por eso, la película está parada en un punto
muy confuso entre el documental y la ficción. Claramente es una película
de ficción, pero que toma elementos de lo real. –A algunos documentales se los denomina “de observación”.
Usted parece haber realizado una ficción “de observación”. ¿La definiría
así?
–Es una mezcla de documental de observación, de ficción deliberada y
de ensayo. Es ficción porque las situaciones que allí suceden no están
tomadas de la vida real, salvo algunos momentos concretos en la casa de
Réimon. Pero claramente Marcela no se llama Ramona ni le dicen Réimon.
No es que exista como personaje, salvo en la película, lo cual es un
hecho de ficción. Y digo ensayístico porque la película no tiende a
construir una dramaturgia en donde haya pulsiones, juegos o intrigas,
sino que más bien se para en tratar de observar el encuentro filoso
entre las clases sociales, a la vez que se hace una reflexión sobre el
tiempo que le destinamos al trabajo. –Y esa tensión entre la clase baja y la clase media la aborda de una manera más bien sutil...
–Sí, claro. No me interesaba mostrar al de la clase media como
alguien malo y al de la clase baja como alguien bueno. Para nada. La
idea era contar la dificultad de ese encuentro antes que generar una
conclusión sobre el mismo. Y también tiene que ver con mi propia
dificultad como miembro de la clase media que filma a alguien de la
clase baja. En la película subyace permanentemente. –¿Y esa mirada como miembro de la clase media tiene un tono de autocrítica?
–La verdad es que no lo pienso desde lo que está mal y lo que está
bien. Me interesa generar esa contradicción por el hecho de que es una
ficción; o sea, gestarla, y no concluir nada. En todo caso, se completa
con la mirada del espectador. No hay una intención de marcar nada.
Simplemente hay contradicciones. Y las contradicciones no están ni bien
ni mal: son parte del género humano. No me parece que haya que
condenarlas: más bien hay una mirada de pregunta y de no saber muy bien
qué sucede con todo eso. Yo no lo sé muy bien. Entonces, hago una
película. –En ese sentido, la lectura de El Capital es un hecho
contradictorio en sí mismo porque lo estudian personas de clase media
que tienen una empleada doméstica en su casa.
–Bueno, eso es una contradicción que no me parece mal, en tanto
pertenecen a la clase media y, de repente, son burgueses que quieren
tener su casa medianamente limpia y contratan a una empleada doméstica
que trabaja de eso. A la vez, tienen la curiosidad de estudiar un
tratado económico que habla sobre eso y sobre otras cosas más.
Obviamente, el contenido de ese texto habla de la situación que ellos
mismos están protagonizando y, al mismo tiempo, la película está
hablando de gente que tiene el tiempo para poder leer un texto y hay
gente que no lo tiene, que no dispone de ese tiempo. Además, el texto me
parece vital y muy importante. La primera vez que yo decidí
incorporarlo fue porque dije: “Estoy contando una historia sobre la
relación que tiene alguien con el trabajo y la lógica misma del trabajo y
de la relación del tiempo destinado al trabajo. Entonces, démosle lugar
a alguien que habló y escribió muy en serio y largamente sobre el
tema”. Y ahí monté esa pequeña ficción con estos personajes. Pero me
parece que esto también cumple una función, pero no es una función
didáctica sino más bien filosófica y estética. Me interesaba también
toda la estética que se desprende de El Capital, del marxismo y del cine
en relación con eso. Alguien podría decir: “Eso puede ser didáctico y
es una bajada de línea”. No es la idea. –¿La película es también una reflexión sobre el mundo del trabajo?
–Más que sobre el mundo del trabajo sobre la lógica del trabajo. Es
una película centrada en el tiempo que nos requiere trabajar. Y digo
“nos” porque también los que la hicimos nos ponemos, de alguna manera,
en primer plano o en igualdad de situación frente al trabajo, porque al
principio se declara cómo fue el proceso de producción de la película. Y
eso me parecía que tenía que ser así. –¿Por qué?
–Me parecía que si yo estaba hablando del trabajo de alguien en una
película que es un poco ensayística y que, de alguna manera, muestra sus
costuras, casi tenía la obligación de decir cómo había sido nuestra
relación, al momento de hacer la película, con el trabajo y con el
tiempo destinado al trabajo. Y por supuesto, la relación entre dinero y
tiempo. Entonces, al principio, se desglosa a través de una serie de
textos las horas destinadas, pero no para enarbolar la idea del cine
independiente sino para contar cómo fueron nuestras propias condiciones
de trabajo. Si la película hubiese sido una producción de un millón o de
tres millones de pesos, con apoyos oficiales y con coproducción, habría
hecho lo mismo. –Teniendo en cuenta la inexperiencia actoral de la protagonista, ¿cómo fue el trabajo de dirección?
–En la medida en que no había grandes movimientos de ficción más que
trabajar sobre ciertas acciones relativas a su trabajo, no me resultó
difícil. El primer día de rodaje me demostró que no tenía ningún
inconveniente frente a la cámara; es decir, no se amedrentaba ni hacía
otra cosa que la que hacía cuando la cámara no estaba. Y la verdad es
que eso también es un talento. Hay gente que tiene la capacidad de
ignorar olímpicamente la presencia de una cámara y de una persona atrás
de la cámara. En España se les dice “actores naturales”. Y me parece una
buena definición. Yo creo que es una muy buena actriz natural. Y
después, cuando la tuve que poner en relación con los demás actores,
funcionó perfectamente. Tampoco yo tenía la intención de jugar las
pasiones de ese personaje, porque ahí la película se hubiera puesto muy
interpretativa. –Buscó evitar la representación de la vida de la persona real, ¿no?
–Exactamente. No era ésa la intención. Entonces lo que tuve que
recrear de su propia vida fueron cosas mínimas como bajar una escalera y
subirse al tren. Después, el tren que se tomaba era el que la llevaba a
su casa en Florencio Varela. Lo que tenía que actuar ella era una
necesidad: “Che, me tengo que ir a tomar el tren”. –Réimon es el primer estreno argentino en la Lugones después
de la refacción con una demora inexplicable. ¿Cómo analiza lo sucedido y
cuáles son las expectativas? ¿Por qué decidió esperar para estrenar en
esta sala?
–Para mí, estrenar en la Lugones es un orgullo muy grande y me
resulta también un orgullo que el director de programación haya decidido
reinaugurar los ciclos de estrenos locales con Réimon. Decidí esperar
porque siento que la película, al estrenarse allí, cobra un valor que no
tendría en otras salas similares de la Ciudad, porque la Lugones tiene
una condición cinéfila muy fuerte. Y para toda la gente que se formó
–como yo mismo– en la Lugones siento que convoca a un público que puede
tener un entendimiento importante con la película. Entonces, la esperé.
Ibamos a estrenar el año pasado y después vino esta especie de
catástrofe de parate irracional y absurdo. Y bueno, ahora veremos.
Estamos contentos que ya tenemos el proyector. Y estoy súper contento
con la posibilidad. Y, además, el día del estreno también se van a
proyectar mis otras dos películas, El custodio y Un mundo misterioso. Y
también eso muy positivo: será la primera vez que voy a ver tres
trabajos míos en una misma sala y en un mismo día. Es un momento
importante.
Zaffaroni fue designado en el tribunal regional de derechos humanos
En la Corte Interamericana
Con el voto favorable de 18 Estados, el ex juez de la Corte fue
elegido entre los nuevos integrantes de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos. También designaron a Elizabeth Odio Benito y Patricio
Pazmiño Freire y ratificaron a Eduardo Vio Grossi.
Por Irina Hauser
Raúl Zaffaroni había sido postulado por el Estado argentino.
Pese a todos los intentos por minar su nombramiento, Raúl
Zaffaroni será uno de los nuevos integrantes de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos. Así lo decidió la asamblea general de la
Organización de Estados Americanos (OEA), donde el ex juez supremo
obtuvo los votos de 18 sobre 23 Estados. Se trata de un tribunal
internacional clave en la protección de los derechos humanos en la
región, que ayer renovaba cuatro de sus siete cargos. Sus fallos son una
guía de interpretación obligatoria para los tribunales de cada país que
suscribe el Pacto de San José de Costa Rica. Además del penalista,
fueron designados la costarricense Elizabeth Odio Benito, Patricio
Pazmiño Freire, de Ecuador, y consiguió la reelección Eduardo Vio
Grossi. Todos ellos se acercaron al canciller Héctor Timerman para
decirle que es un honor compartir su tarea en el tribunal con Zaffaroni y
algunos mostraron su sorpresa por los comunicados y textos que buscaban
desacreditarlo, vinculándolo con la última dictadura, en los días
previos a la votación.
“Para nosotros, Zaffaroni es el mejor jurista argentino y un orgullo
su designación, por su defensa del Estado de derecho y los derechos
humanos. Hubo una campaña muy fuerte que se trasladó a Washington, que
intentó instalar que trabajó para la dictadura y que pedía la libertad
de los presos políticos, apoyada por los diarios Clarín y La Nación”,
dijo Timerman a Página/12.
Como estos acontecimientos suelen atraer la participación de más de
400 organizaciones no gubernamentales que son observadoras de la OEA, en
los días previos a la asamblea general circularon entre esos
representantes de la sociedad civil gran cantidad de comunicados y
noticias que señalaban a Zaffaroni como juez que juró por los estatutos
de la dictadura, que liberó presos peligrosos y hasta ponían en duda la
cantidad de títulos honoris causa en su haber. La mayoría eran anónimos,
excepto –por ejemplo– el que firmó la ONG Usina de Justicia, que
integran la filósofa Diana Cohen Agrest, la historiadora Ema Cibotti, el
fiscal Ricardo Sáenz –referente del 18F– y Santiago Kovadloff, entre
otros. Alguna presentación se hizo ante la secretaría general, pero no
existe un mecanismo de impugnación de los candidatos. Pero se generó un
revuelo tal que la embajadora Nilda Garré tuvo que explicar ante los
delegados de las organizaciones que, por ejemplo, se usa con mala fe la
expresión “presos políticos” para hablar de los represores condenados
por delitos de lesa humanidad.
Zaffaroni fue postulado por el Estado argentino para integrar la
Corte Interamericana cuando se supo que dejaría la Corte Suprema, al
cumplir los 75 años, la edad jubilatoria que establece la Constitución.
Lo habitual es que los nombres finales para integrar el tribunal surjan
de negociaciones diplomáticas en las que se reparten cargos
internacionales, aunque la trayectoria y prestigio internacional de los
candidatos tienen fuerte peso.
Los representantes de los Estados –por lo general cancilleres– que
asisten a la asamblea llegan a la sesión con su decisión en mente. Allí
no hay debate. A cada uno le dan un papel con los nombres de los
posibles jueces. Anotan, lo guardan en un sobre y votan. El sufragio es
secreto. Los jueces duran seis años y pueden ser reelegidos una vez. No
puede haber dos de un mismo país. Cuando les toque resolver un caso, no
podrán intervenir en los que impliquen a su Estado de origen. El
funcionamiento del tribunal no es permanente, se reúne para tratar
casos, en cuatro períodos de sesiones al año.
Aunque la reunión en la OEA guarda cierta formalidad, ayer la jueza
de Costa Rica, Odio Benito, desató una ovación. Integró el Tribunal
Penal Internacional para los crímenes de la ex Yugoslavia, fue ministra y
vicepresidenta. Obtuvo 20 votos, igual que el chileno Vio Grossi,
reelecto. Pazmiño Freire, presidente de la Corte Constitucional de
Ecuador, obtuvo 22 votos. El uruguayo Alberto Pérez Pérez no pudo
renovar su mandato, con solo nueve apoyos. Estaban todos allí.
Zaffaroni, no. Los mandatos se inician en enero.
Desde el público no hubo abucheos ni agravios personalizados. Sólo
algunas personas con carteles blancos y letras de molde en negro con las
leyendas “representatividad”, “independencia”, “paridad de género”. Un
comunicado que difundieron el Centro por la Justicia y el Derecho
Internacional y otras organizaciones de la región destacó las
“capacidades y experiencias” de los elegidos, reclamó un tema que fue
eje de debates recientes: la falta de procedimientos públicos y
participativos por parte de los Estados para la postulación de los
candidatos a la Corte Interamericana.
Los fallos de la Corte Interamericana han sido determinantes en
varios temas. Hubo una secuencia que impuso a los estados la obligación
de investigar y sancionar las graves violaciones a los derechos humanos.
Recogidos por los tribunales argentinos, han permitido juzgar los
crímenes de lesa humanidad, algo que las leyes de impunidad impedían.
“Una serie de fallos vinculados con libertad de expresión, que marcaron
estándares en materia de despenalización de la crítica pública, como el
caso del periodista Eduardo Kimel; hubo jurisprudencia fundamental para
limitar la justicia militar; otro tanto para definir el alcance de la
prisión preventiva, como algo excepcional, y la doble instancia (de
revisión de un fallo) como algo amplio, y existió un fallo muy
importante que definió las obligaciones estatales en materia de
femicidios”, explicó Andrea Pochak, quien litigó en decenas de casos
ante el sistema interamericano, entre ellos el de Walter Bulacio, que
llevó a reabrir el caso, y el de Kimel, que condujo a la despenalización
de las calumnias e injurias. “La Corte Interamericana –agregó– tiene
dos funciones: resuelve casos que antes tramitaron en la Comisión
Interamericana (CIDH) y dicta opiniones sobre la interpretación de
normas interamericanas.”
Para la CIDH fueron elegidas dos mujeres, Margarette May Macaulay
(Jamaica) y Esmeralda Arosemena de Troitiño (Panamá), y Francisco
Eguiguren Praeli (Perú) y Enrique Gil Botero (Colombia).
La semana pasada, cuando comenzaron los cuestionamientos, Zaffaroni
dijo que fue juez de gobiernos militares “como muchos otros” y que lo
que importa es “qué hicimos”. Dijo que se tergiversa el libro sobre
derecho penal militar del que participó. La Cancillería lo elogió en un
comunicado donde asegura que su presencia “fomentará una Corte
Interamericana plenamente involucrada en la construcción de una región
más justa, solidaria e inclusiva”.
Se realizó en la fecha organizado por la Asociación de Abogados Laboralistas y al Colegio Público de Abogados
de Capital Federal, y se llevó a cabo en este ultima entidad, con la participación de la Dra. Viviana Dobarro, Guillermo Pajoni, Luis Raffaghelli y León Piasek con la coordinación de la Dra. Mirta Torres Nieto, cerrando el mismo el Dr. Fernández Madrid. Luego se produjo un importante intervención de algunos asistentes como Mario Elfman, Roberto Pompa, David Duarte y otros colegas del fuero.
"Siempre serán escasas las palabras dirigidas al reconocimiento de su enorme
tarea como jurista, magistrado y catedrático de Derecho del Trabajo, evidenciada
por enjundiosas Obras y Tratados; justas Sentencias y magistrales Clases en la
academia, dotadas todas de fina sensibilidad y gran talento.
En mi caso he preferido referirme a mi propia experiencia, junto al Maestro
hoy justificadamente homenajeado.
Es imposible olvidar, que en los álgidos momentos de nuestra historia dictatorial
reciente - y de mi vida en particular - inicié la noble profesión de abogado y
la defensa de causas laborales, apoyado en un libro de consulta permanente,
inigualable obra: la Ley de Contrato de
Trabajo comentada por Centeno, Fernández Madrid y Justo López.
Luego, conocí personalmente a Juan Carlos, junto a su esposa y notoria
jurista Amanda Caubet, en unas recordadas Jornadas Nacionales organizadas por Laboralistas
en 1986, en mi ciudad de origen, Necochea, en las que tuve el honor de presidir
la comisión local.
Y recibí entonces de su parte un trato amable y cálido, de amigo, percibiendo de inmediato su gran
sencillez, virtudes inalterables, que pude constatar luego cotidianamente a
partir de 2011, cuando la vida me premió al compartir con él y Graciela Craig, la histórica Sala VI de la Cámara Nacional
de Apelaciones del Trabajo, la ardua tareade administrar justicia, y hacerlo de acuerdo a los principios del
Derecho del Trabajo y la tutela de la persona que trabaja.
Fue en ese momento, de gran desafío profesional para mí, que Fernández
Madrid me alentó siempre, con el elogio - quizás desmedido – de mis votos, pero
que lo comprendí como un valioso gesto de ánimo, ante ese gran compromiso.
Por todo ello le expreso mi sincera
gratitud.
Prefiero, hoy sin embargo, destacar el principal rasgo distintivo de Fernández Madrid: su
indiscutible condición de maestro de la vida, además del Derecho.
Recuerdo haber aprendido una gran lección, cuando hace pocos meses me
propuso reunir a un grupo de amigos y colegas para pensar temas actuales del
Derecho, a lo que obviamente accedí, diciéndole que era importante incorporar
jóvenes que tomen la antorcha porque dije…”nosotros
estamos hechos”…y el respondió…”No
Luis, nunca se está hecho en la vida”, una prueba de su pensamiento joven y para mí un envión
en esa carrera evolutivade la vida.
Las máximas del maestro, aquellas expresadas bellamente por Gabriela
Mistral,le caben perfectamente a Fernández Madrid, ya que su conducta siempre fue:
·Saber y compartir…
·Simplificar los conocimientos sin quitarle su
esencia…
·De insistencia
para alcanzar las metas, también en esa gran labor de difusión y formación en
FAES, junto a Amanda.
·De fervor para
mantener la tarea y su resistencia al desencanto de épocas difíciles, sin
rendirse ante la incomprensión, manteniendo su alegría, aún ante el olvido de los
mismos a quien dirigía sus lecciones.
·De sencillez no exenta de
profundidad, sin complicaciones o banalidadesen su tarea cotidiana.
Fernández Madrid, hizo crecer con su labor - qué duda cabe - al Derecho del
Trabajo continental, pero no lo hizo solo académicamente, sino que contribuyó a
forjar sólidas herramientas de tutela
de los hipo-suficientes, con efectos en la realidad, que es lo más relevante.
Y eso lo comprobé personalmente, en los últimos años de labor conjunta.
Pero además, Juan Carlos siempre educó para la vida, demostrando en ello sus dos virtudes más
notorias: la generosidad para compartir
sus conocimientos y su infatigable labor para trasmitirlos a las nuevas generaciones, enseñándoles a amar el
Derecho del Trabajo, garantizando la perennidad de los valores de la
justicia social, que siempre profesó y practicó.
Como dijera Cicerón…”Una cosa es saber y otra,saber
enseñar”...condición ésta última, ejercida por un formador prolífico
como Juan Carlos.
Piero Calamandrei decía que…"il giudice è fatto uomo giusto"...el Juez es el derecho hecho hombre…
afirmación que le cabe propiamente a Fernández Madrid, cuando de un Juez del
Trabajo se habla.
Usted ha cumplido con creces su misión, ha predicado con
el ejemplo y ¡sigue trabajando!... ¡muchas
gracias Maestro!"
** Palabras de Luis A. Raffaghelli en la oportunidad.