Difusión de temas y trabajos académicos de interés para el mundo del trabajo, en base al respeto de los derechos humanos y la justicia social, con una mirada plural y claramente transformadora. Fallos judiciales relevantes en tal perspectiva, en los que intervienen el autor y otros compañeros argentinos y latinoamericanos. Bienvenidas las críticas y aportes. La idea de uno, es utopía, pero la de muchos finalmente será realidad. Doctrina y acción. Luis Raffaghelli 26.7.2012
domingo, 8 de noviembre de 2026
"MAGNÍFICA HUMANITAS Una respuesta esencial a los dilemas actuales del trabajo humano" L.Raffaghelli-G.Contrera
MAGNÍFICA HUMANITAS
Una respuesta esencial a los dilemas actuales del trabajo humano
Raffaghelli Luis-Contrera Guillermo
I. Introducción
Si bien se suele identificar la enseñanza social de la Iglesia con los Papas del Siglo XX, lo cierto es que se refiere al conjunto de orientaciones del campo social partir de León XIII y su Encíclica sobre la situación de los obreros en el capitalismo emergente, como respuesta a la primera gran cuestión social y llega a nuestros días.
Preguntado a Robert Prevost porqué eligió para su Pontificado, el nombre “León XIV”, mencionó varias razones, pero destacó como principal un llamado a seguir el camino iniciado por el Papa León XIII, con la primera Encíclica social de la Iglesia Católica (1891). El actual Papa, luego de asumir, dijo en su discurso al Colegio Cardenalicio: “Hay varias razones, pero la principal es porque el Papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo” .
Como es sabido, el trabajo a mediados del Siglo XIX se caracterizaba por largas jornadas de labor, sin descanso hebdomadario, en lugares carentes de seguridad e higiene y un salario de hambre. Ello en un marco de maquinismo y liberalismo económico que significó para los trabajadores una época funesta. Las máquinas sustituyen herramientas, la fábrica al pequeño taller y surgen los primeros grandes avances aplicados a la industria. Se produce la llamada “revolución industrial” y con ella surge la “cuestión social”.
Con su advenimiento y el uso de las máquinas se multiplicaron los accidentes, mutilaciones, enfermedades y en ocasiones muertes a consecuencia del trabajo. Como lo expresa Alan Supiot, la revolución industrial sometió al trabajo humano, por un lado, a nuevos riesgos físicos a causa de la potencia multiplicada de las máquinas y, por el otro, con la transformación jurídica del “alquiler de servicios” como si el trabajo fuera algo que pudiera negociarse libremente. Combinación que resultó mortífera para los trabajadores y fue en ese marco cómo surgió el Derecho Social para amparar al ser humano .
Los hechos económicos del Siglo XIX tuvieron consecuencias negativas para la persona en situación de trabajo. Los acontecimientos vinculados a la Revolución Industrial que reseñamos trastocaron estructuras sociales seculares y provocaron graves problemas de injusticia humana que dieron lugar a la llamada “primera cuestión social” demandando un discernimiento nuevo para afrontar una problemática inusitada.
Las lógicas neoliberales de precarización laboral, deslocalización de la industria e incremento del poder de las grandes corporaciones frente a un Estado mínimo, vienen a agravar problemas preexistentes. En efecto, en la última década del siglo XX, los procesos de informatización que ya estaban desarrollados impactaron en el modo de producir y comercializar. En el siglo XXI, la economía digital irrumpe en la actividad económica, incidiendo no solo en los procesos productivos sino cada vez más en la forma en que se utiliza la fuerza de trabajo .
Es cierto que los avances tecnológicos liberan a los trabajadores del trabajo arduo, del trabajo peligroso, reduciendo el estrés y potenciales accidentes. Pero también es cierto que los procesos que disparan pueden hacer superflua la mano de obra y en última instancia alienar a los trabajadores. Estos padecen de una “vigilancia digital” cada vez más extrema por tecnologías de control digital y algoritmos.
En ese sentido, un informe de la OIT (2025) advierte sobre la necesidad de políticas proactivas para hacer frente a nuevos riesgos: “La robótica y la automatización avanzadas, el uso de la realidad virtual y ampliada, así como nuevas herramientas como los dispositivos inteligentes para llevar puestos que proporcionan detección de riesgos en tiempo real o los sensores ambientales que rastrean la calidad del aire, están transformando la seguridad y la salud al prevenir accidentes y reducir las exposiciones peligrosas” (…) Sin embargo, estos avances también pueden traer consigo nuevos riesgos. Mientras que los robots asumen tareas peligrosas, los trabajadores que mantienen, reparan o colaboran con estas máquinas pueden enfrentarse a nuevos peligros” .
El trabajo es el centro de toda cuestión social y la Encíclica Rerum novarun, de clarividencia e innegable referencia actual es, en sustancia, una apasionada defensa de la inalienable dignidad del trabajador. A 135 años de esta, León XIV ofrece “Magnífica Humanitas” (MH) examinando las cosas nuevas o res novae del presente. Un documento profético sobre inteligencia artificial y dignidad humana que trasciende lo meramente clerical insertándose en lo secular y en temas propios del Derecho del Trabajo.
II. La Encíclica Magnífica Humanitas
II.1. Alegorías Bíblicas y realidades mundanas contemporáneas.
León XIV reflexiona sobre dos imágenes del Antiguo Testamento. Por un lado, La torre de Babel, construcción de los descendientes de Noé, quienes con nuevas técnicas levantaron un “rascacielos”, símbolo del poder humano, obra sustentada en una uniformidad que eliminó la diversidad, “en lugar de comunidad se elige homogeneización”. Terminando en fracaso, no logra la unidad pretendida solo se obtiene dispersión.
Por otro lado, y al contrario de lo que ocurriera en la reconstrucción de los muros de Israel por Nehemias, un servidor del Rey, quien para su realización convocó a familias de distintos estamentos sociales, confiándoles a cada una un tramo de la muralla. La obra culminó exitosamente, la ciudad renació por la cooperación de todos: artesanos, sacerdotes, mujeres y jóvenes.
Estas Alegorías Bíblicas, interpelan nuestro vínculo con las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. La pregunta del millón es: ¿estaremos construyendo una nueva torre de Babel?
León XIV, califica como “magnífica” a la humanidad creada por Dios y desde esa convicción, exhorta a la generación actual a cuidarla frente a los modos de deshumanización contemporáneos. Así lo expresó: “Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto” (MH núm.1).
II.2. Las cosas nuevas de nuestro tiempo
La Encíclica no se limita a exponer el desarrollo de la Doctrina social de la Iglesia (DSI) desde 1891 al presente, sino que interpela respecto a nuestra relación con las res novae de nuestro tiempo: tecnología y revolución digital que atraviesa a toda la humanidad. Deja claro desde el comienzo que, no obstante, los beneficios que sin duda aporta la tecnología, también puede descartar a personas y generar nuevas injusticias, que en sí misma la IA no es buena ni mala, pero no es neutral, refleja el rostro de sus desarrolladores. Toda creación delata su creador, es decir a quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza. Por ello, nos dice el Pontífice, para evitar el síndrome de Babel “la primera elección no es entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén”. (MH núm. 9).
El Pontífice nos convoca a evitar, lo que da en llamar “idolatría del lucro”, la cual sacrifica a los débiles, aplana la diversidad y pretende un lenguaje único (incluso digital) capaz de traducirlo todo, incluso a las personas humanas en algoritmos, datos y rendimientos. Resalta que, si bien nadie es suficiente para enfrentar los desafíos actuales, nadie es tan débil como para no poder ofrecer su aporte pues, por pequeño que parezca, resulta decisivo para construir la civilización del mundo nuevo. A cada uno “le “corresponde un tramo de la muralla” de un mundo mejor. La falta de fraternidad pone en riesgo la dignidad humana, la que puede verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización. Estamos llamados a “permanecer siendo humanos” en esta era sin pasión de la IA, que solo calcula, predice y controla. (MH números 10 a15).
II.3. Los fundamentos de la Doctrina Social
El primer capítulo de MH presenta el camino de la Doctrina social de la Iglesia (DSI) de 1891 a la actualidad. León XIV, señala que las cosas nuevas exigen a esas enseñanzas medirse con las preguntas de la historia. Por ello “también la IA debe entenderse no como un apéndice temático, o como una emergencia que hay que gestionar, sino como una transformación que interpela desde dentro las categorías de la Doctrina social y exige un mayor desarrollo de la misma, en fidelidad al Evangelio”. La Iglesia, reconoce en los interrogantes y desafíos de la actualidad un ámbito donde ejercer su vocación al diálogo y al servicio, reconociendo que las realidades del mundo tienen un orden propio. (MH números 17a 20).
El Pontífice formula dos advertencias, la primera que la DSI no busca sustituir responsabilidades de la política y las instituciones sociales, sino que se ofrece como una contribución al discernimiento comunitario que libera a la Iglesia “de la tentación de añorar formas de presencia basadas en el poder”. Recuerda a San Juan Pablo II cuando invitó “a mirar con sinceridad hacia aquellos tiempos en los que se cedió a “métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio” . También nos advierte que la DSI no es un vademécum de instrucciones a aplicar en cada caso ocurrente, sino un itinerario para el discernimiento comunitario sobre la realidad que toca vivir a cada generación. (MH números 23 a 27).
León XIV, pone de relieve la importancia fundamental de los derechos humanos y el hecho de que la Iglesia reconoce con gratitud que «el movimiento hacia la identificación y la proclamación de los derechos del hombre es uno de los esfuerzos más relevantes para responder eficazmente a las exigencias imprescindibles de la dignidad humana» y que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamada por las Naciones Unidas (1948), es una de las más altas expresiones de la conciencia humana: “una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad” (MH núm. 54).
Como Profeta de estos tiempos, denuncia que si bien en la actualidad, hay una mayor conciencia del valor de toda persona humana y el reconocimiento de los derechos de las minorías, queda un largo camino para que derechos, como por ejemplo los de la mujer, estén verdaderamente a salvo. Por ello no es suficiente afirmar con palabras la igualdad de hombres y mujeres, urge que esas declamaciones se traduzcan “en decisiones concretas, en las leyes, en el acceso al trabajo, a la instrucción, a las responsabilidades sociales y políticas...”. (MH núm.57).
II.4. Los principios de la Doctrina Social
León XIV relaciona los principios de la DSI con situaciones actuales de este particular tiempo digital. Expresa que reconocer la igualdad del hombre y la mujer requiere reconfigurar el modo egoísta en el que vivimos si queremos alcanzar plenamente, el que llama, primer gran principio: el bien común. El cual describe como la forma social de la dignidad que se reconoce a cada persona. Este principio, subraya el Papa, da vida y mantiene en pie a la sociedad humana, por ende, corresponde al Estado garantizar la cohesión, la unidad y una justa organización de la sociedad; en definitiva, armonizar con justicia los distintos intereses del conjunto social, buscando el equilibrio necesario para el logro del bien común. (MH números 59 y 63).
La tradición de la Iglesia rememora León XIV, ha visto en la propiedad privada un medio para administrar los bienes de manera que sirvan mejor al bien común; siendo así, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes que lleva a tener presente que los bienes de la creación han sido dados por Dios a toda la familia humana. En ese mismo sentido, el Padre Ricardo Martensen, fundador del Movimiento de la Palabra de Dios, advierte que la humanidad “debe aprender que, si el hombre vive para sí mismo en el uso de sus bienes, engendrará una civilización de muerte y deshumanización. El destino de la riqueza vacía de Dios es el destino de una condenación a los ojos del Dios revelado: una civilización de apariencia tecnológica, una vida social mezquina en algunos y miserable para muchos...” .
Hoy, continúa el Pontífice, entre los bienes destinados a todos, debemos incluir las nuevas formas de propiedad: algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos. Es que en “un contexto donde la riqueza de las naciones depende cada vez más de conocimientos y tecnologías, cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes”. (MH números 65 a 67).
Respecto del principio de subsidiariedad, León XIV alienta a superar el asistencialismo promoviendo un modelo de corresponsabilidad, al subrayar que la DSI llama subsidiaridad “al principio según el cual aquello que pueden hacer las personas, las familias, las comunidades locales y los cuerpos intermedios no debe ser absorbido por instancias superiores. Las instituciones de nivel superior deben reconocer, proteger y promover la libertad y la creatividad de los niveles inferiores, coordinando sus aportaciones para que cooperen eficazmente al bien común”. Esto vale de manera particular en el contexto de la revolución digital, donde el nivel superior no es el Estado sino “todo gran actor económico y tecnológico que ejerce un poder fáctico” sobre la comunidad. (MH números 68 a 71).
Principio de solidaridad, León XIV pone de relieve el estrecho vínculo de este principio con el anterior, pues “cuando la subsidiariedad no está acompañada de la solidaridad, termina por transformarse en la simple protección de intereses particulares; cuando la solidaridad no está sostenida por la subsidiariedad, degenera en asistencialismo que no promueve la responsabilidad”. Lo conceptualiza como reconocimiento de que el destino de cada uno está ligado al de todos cuando expresa, citando al Papa Francisco, que realmente “nadie se salva solo”. En ese sentido, nos dice el Papa actual, la solidaridad es al mismo tiempo principio y virtud; en cuanto principio en la conciencia de que el bien de cada uno pasa a través del bien de los demás y, en cuanto a virtud, la exigencia de trabajar por el bien común, con especial atención a los más necesitados. (MH números 73 y 74).
El Papa finaliza sus reflexiones, con el principio de justicia social, afirmando que la idea de justicia social ayuda a reconocer que las injusticias no nacen sólo de decisiones individuales equivocadas sino también de sistemas económicos y culturales que producen desigualdad casi automáticamente. A su vez, formula nuevas consideraciones al expresar que la justicia social es “la capacidad de un orden social, económico y político que permita a todos y en particular a los más frágiles, vivir de manera realmente humana sin que ninguno se quede atrás”. Relaciona fuertemente este principio con el ambiente laboral creado por la IA y, al respecto, es contundente: “la justicia exige que se impida el surgimiento de nuevas formas de exclusión y privación de la libertad: personas y pueblos a los que se les niega o dificulta el acceso a las tecnologías básicas, comunidades expuestas a vigilancia invasiva y grupos sociales perjudicados por algoritmos opacos que reproducen prejuicios y discriminaciones. Un orden social justo en la era digital es aquel que garantiza a todos un acceso igualitario a las oportunidades protege a los más pequeños y a los más frágiles, se opone al odio y a la desinformación, y somete a control público el uso de los datos y de las tecnologías”. (MH números 77a 80).
No olvida el Pontífice la tremenda injusticia por la que traviesan los migrantes, los refugiados y los que se ven obligados a desplazarse a causa de la pobreza imperante en diversos lugares del mundo. Los trabajadores se dispersan y se ven obligados a aceptar un trabajo de 24 horas al día, 7 días a la semana a cambio de una remuneración mínima y ello se convierte en la “norma”. En ese campo, la justicia social tiene dos compromisos: “Por una parte, proteger el derecho a la esperanza de quien está obligado a partir, garantizándole vías seguras y legales, condiciones de acogida dignas y procesos reales de integración. Por otra, promover también el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad, afrontando las causas profundas que obligan a migrar, incluidas las causas vinculadas a las injusticias económicas y a la crisis climática”. (MH núm.81).
Por nuestra parte, resaltamos que todos los principios desplegados en la Encíclica guardan absoluta relación con la primacía del trabajo humano por sobre las lógicas neoliberales (vulnerabilidad laboral, internacionalización productiva, Estado mínimo limitado a proteger las grandes corporaciones) y con la irrestricta defensa de la dignidad humana, el trabajo y la justicia.
Respecto de la justicia social, recordamos que el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, inscribe a esta como uno de sus principales valores y objetivos. Su alusión como principio de interpretación de las normas jurídicas aparece en el Tratado de Versalles: “La paz universal no puede fundarse sino sobre la base de la justicia social” y en los documentos constitutivos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Expresamos nuestra intima convicción, de que hoy más que nunca, cobran vida palabras de Alain Supiot: “la justicia social implica ofrecer a cada uno la posibilidad de darse cuenta de lo que él es en lo que él hace, de forjar su persona en la prueba del trabajo” . Precisamente, en tiempos donde la primera Magistratura de nuestro País, sostiene que la justicia social es un concepto aberrante e injusto por violar la igualdad ante la ley, debemos robustecer su vital importancia. Por ello consideramos muy alentador que este año (2026), la Conferencia Internacional del Trabajo (Reunión114, a), reconociendo los déficits de trabajo decente existentes en la economía de plataformas, haya adoptado el “Convenio sobre trabajo decente en la economía de plataformas” (núm. 193). Es la primera norma internacional del trabajo que aborda el impacto de la digitalización en el mundo del trabajo, constituyéndose en el primer Marco normativo OIT para garantizar que los nuevos modelos de negocios, atravesados por nuevas tecnologías, no afecten derechos de los trabajadores.
III. El trabajo y el ser
Resalta Leone PP. XIV que en la Encíclica Laudato si’ el Papa Francisco denunciaba el creciente afianzamiento de un paradigma tecnocrático en el mundo globalizado: la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas. Así se manifiesta con mayor evidencia que la técnica no es un simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz. Comenzó a hablarnos de los descartados del mundo actual.
Y reafirma esa concepción en palabras de su antecesor… por eso el progreso técnico, valioso en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía en los fines que persigue. Si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad: se “tiene más”, pero “no se es más”, y la persona corre el riesgo de ser valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece .
Este pensamiento tiene una evidente conexidad con la idea que - desde otra óptica - sostenía el eminente Profesor de Bologna Umberto Romagnoli, expresada en su célebre frase “quien no trabaja no tiene, pero, sobre todo, no es” avizorando lo que se venía con el capitalismo de las nuevas tecnologías de la información y la vigilancia.
IV. Problemas de salud en el trabajo humano.
Desde la academia, las organizaciones internacionales del trabajo y los sindicatos, hay importantes coincidencias con las directrices fundamentales que León XIV traza en MH en la materia como un aporte para la dignificación del trabajo.
Yuval Noah Harari ha señalado que el mundo de 2030 será irreconocible, advirtiendo que, en los próximos años se transformarán radicalmente nuestras sociedades, economías y culturas, impulsados por la aceleración simultánea de la inteligencia artificial, la biotecnología y las crisis ecológicas. Afirma que no estamos preparados “institucional ni emocionalmente para los efectos combinados de estos cambios”, alertando sobre la concentración de poder tecnológico en pocas manos, lo que podría abrir la puerta a nuevas formas de autoritarismo digital.
La OIT ha publicado datos muy inquietantes sobre la salud mental y emocional de las personas que trabajan frente a los cambios cognitivos y de las nuevas tecnologías en la organización del trabajo global:
*450 millones de personas sufren un problema de trastorno mental (TM).
* 12,5% de todos los problemas de salud está representado por TM.
* en 2030 problemas de salud mental serán principal causa de discapacidad.
* Cada año mueren 2,93 millones de personas por factores relacionados con el trabajo.
* La automatización y la robótica avanzada pueden introducir nuevos factores de riesgos psicosociales del trabajo que pueden repercutir en la salud mental, la satisfacción laboral y el bienestar general de los trabajadores.
Desde el sindicalismo internacional han señalado los “factores de riesgo propios del Trabajo de Plataformas (TPD):
* Necesidad de conexión constante a la plataforma digital.
* Sistema de evaluación por parte de los clientes.
* Trabajo en solitario, que aísla y debilita el sentido de pertenencia a un colectivo. *monitoreo constante de su comportamiento.
* Uso de algoritmos para evaluar el desempeño.
El protagonismo sindical en este dramático momento de la humanidad puede resignificar al sindicato como sujeto insoslayable de las sociedades democráticas y sociales.
V. Urge una reacción fundada del mundo del trabajo y sus operadores sociales.
La encíclica MH reconoce en la técnica una manifestación de la creatividad del ser humano y de su capacidad para transformar el mundo, pero advierte sobre el riesgo de que la eficiencia se convierta en el criterio dominante para interpretar la realidad y orientar las decisiones. Los sistemas de inteligencia artificial se consideran, por tanto, a partir de la distancia que separa el cálculo del juicio, el procesamiento de datos de la sabiduría práctica y el rendimiento funcional de la responsabilidad moral. De esta forma, la innovación tecnológica se sitúa en un horizonte antropológico más amplio, en el cual la grandeza de la persona no se mide por el poder de los instrumentos que produce, sino por su capacidad de custodiar la dignidad, la libertad y el bien común .
El movimiento sindical internacional a través de su organización confederal - la CSI - ha publicado un informe clave sobre el papel de los sindicatos en la transición hacia una economía digital guiada por la inteligencia artificial (IA) y los riesgos de su implantación.
El documento reconoce que la acelerada implantación de sistemas de IA, desde algoritmos que organizan turnos hasta herramientas que influyen en la contratación, el rendimiento y los despidos, está transformando profundamente el mundo del trabajo, con impactos potenciales sobre la privacidad, la autonomía y la estabilidad del empleo .
La CSI defiende que la IA no es neutra, ni su impacto está predeterminado. los sindicatos deben participar activamente para garantizar que los lugares de trabajo digitalizados sean seguros y que los derechos se vean reforzados, y no debilitados .
La CGT de Argentina, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y otros movimientos sociales participaron en un evento realizado en Roma para avanzar hacia una denominada “Agenda de Responsabilidad Compartida Norte-Sur” que articule recursos, conocimientos y capacidades de organizaciones sindicales, empresariales, eclesiales y comunitarias.
Se trabajó sobre seis grandes desafíos: 1. el impacto de la inteligencia artificial sobre la dignidad humana; 2. la formación para el diálogo socioambiental; 3. la organización comunitaria y las tareas de cuidado; 4. las juventudes y las adicciones; 5. la relación entre inteligencia artificial y amistad social; y 6. la transición energética junto con la protección de los territorios .
A su vez los dirigentes de esos colectivos se reunieron con León XIV y le plantearon temas cruciales de Argentina como: la situación social y económica; la pérdida del poder adquisitivo de trabajadores y jubilados; la precarización laboral y el endeudamiento de los hogares; el impacto de la inteligencia artificial en la dignidad humana y el trabajo.
La UTEP le entregó al Papa un diagnóstico de la situación social, reafirma la agenda de “tierra, techo y trabajo” que universalizó Francisco y señala que “la pobreza monetaria oficial” que preconiza el gobierno de Javier Mieli “subestima sistemáticamente la privación real”, agregando que “al guiarse por metodologías rígidas de principios de siglo e invisibilizar costos indispensables como el alquiler o el gasto real en salud y conectividad, las estadísticas del INDEC construyen un escenario de privación material que representa apenas la mitad de la realidad efectiva”… y advierte sobre la situación de emergencia que atraviesa la salud mental en Argentina.
Ante los participantes León XIV sostuvo que “el imperativo del Evangelio de cuidar a los pobres exige, además, que esa mirada se dirija de modo particular hacia quienes padecen con mayor gravedad las consecuencias de los cambios sociales, económicos y tecnológicos” .
Reacciones sindicales y del movimiento de los trabajadores comienzan a obtener resultados, como el caso de la organización sindical le puso límites a la IA: en la experiencia de los trabajadores de Blizzard que lograron blindar empleos y derechos, en un marco creciente de aplicación de la IA a la organización laboral de la empresa.
Es necesario también que el empresariado global y particularmente el argentino se comprometa con las ideas vertidas en MH.
Un informe de la Unión Industrial Argentina y de la empresa “Accenture” sobre la IA muestra más preocupación en el bajo nivel de inversión en IA de la Argentina que en su regulación conforme los parámetros de MH.
Este sector empresarial postula “Reinventarse con Inteligencia: cómo construir la Fábrica 2030" y señala que la IA podría elevar la productividad laboral en 1,2 puntos por año y transformar hasta el 38% del tiempo de trabajo en las fábricas”.
La pregunta es… ¿con qué costo y consecuencias para el empleo y las personas trabajadoras? no están definiendo ¿auto regulación, como clama el poder global? o regulación razonable de la IA.
VI. Cierre
El trabajo de las amplias masas de la humanidad en estos tiempos está fuera de los objetivos del paradigma dominante en materia de la digitalización que crece con la IA descontrolada.
La Carta MH condensa la idea de que el trabajo se presenta como un ámbito decisivo para la dignidad humana, “expuesto al riesgo de quedar reducido a mera eficiencia o de ser sustituido por procesos automatizados carentes de un adecuado discernimiento social. La libertad se reinterpreta a la luz de las adicciones digitales, de la recopilación masiva de datos y de las formas de orientación invisible de los comportamientos...custodiar lo humano en la transformación digital significa, por tanto, proteger las condiciones que hacen posible una vida capaz de verdad, relaciones auténticas, trabajo digno, libertad real y responsabilidad compartida” . [
El Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social surgió como reacción frente al capitalismo industrial y llegó a constitucionalizar sus principios fundamentales inspirado en el valor de la justicia social, al que MH lo coloca como central.
El DTySS tiene frente a si enormes desafíos: toma estas aportaciones tan actuales de MH o se convierte en una insignificante regulación al servicio de una empresa construida para un mundo de exclusiones despiadadas de las mayorías del planeta.
Dice León XIV …” Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo” citando la obra de Francisco . Aclara que no es su intención ofrecer la extensa bibliografía existente sobre la IA, ni a nivel eclesial que cita .
Finalmente, nos recuerda la importancia que sea siempre la “inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad, su uso y sus límites y concluye … “no es posible dar una definición única y completa de la IA. Lo que podemos decir es que hay que evitar el equívoco de equiparar esta “inteligencia” a la humana.
Luis A. Raffaghelli Guillermo J. Contrera
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