lunes, 25 de marzo de 2024

Argentina: Juez Slokar - La justicia penal aborda casos de complicidad empresarial en delitos de lesa humanidad a colectivos laborales de todo el pais

 Fte: Diario Pagina 12  Bs.As. dia 24 de marzo de 2024

El rol de las empresas en los crímenes de la dictadura

Alejandro Slokar: "La dictadura pugnó por desmontar toda progresividad en el reconocimiento de derechos laborales"

La Casación Federal publicó un compendio de sus sentencias en casos de responsabilidad empresarial.

24 de marzo de 2024 - 10:20

Carlos Pedro Tadeo Blaquier. Los ejecutivos de la Ford. Marcos Levín, el dueño de La Veloz del Norte. Vicente Massot, directivo de La Nueva Provincia de Bahía Blanca. Son tan solo algunos de los nombres de los protagonistas de las causas por responsabilidad empresarial en crímenes de lesa humanidad –las investigaciones que avanzan con mayor dificultad en los tribunales. Dispuesta a dar cuenta de ese proceso dificultoso, la Cámara Federal de Casación Penal, a instancias del juez Alejandro Slokar, publicó un compendio de su jurisprudencia en este tema.

El pretorianismo no resulta el único fundamento del golpe y el mantenimiento del régimen de facto. El régimen pugnó, y aún pregonan algunos voceros en reversiones actuales, por desmontar toda progresividad social contra el reconocimiento de los derechos laborales. La apertura externa y la liberalización financiera es el anverso de la misma moneda del exterminio”, sostiene el camarista –que trabajó en la publicación junto con la secretaría de jurisprudencia del máximo tribunal penal del país.

El material es una compilación de las distintas sentencias relevantes dictadas por la Casación Federal en la última década en causas donde se ventilan crímenes contra la humanidad cometidos por civiles responsables de la conducción de firmas multinacionales o locales durante la última dictadura.

Entre estos procesos, resulta de particular relevancia, por su singularidad y naturaleza, aquel universo –reducido- por la persecución y represión ilegal de trabajadores y dirigentes gremiales; ya sea mediante su intervención directa o a partir del aporte corporativo de recursos y de información para que integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad llevaran a cabo esos crímenes. Estas causas fueron avanzando paulatinamente, con mayor énfasis durante los últimos años”, dicen Slokar y Mariano Borinsky –presidente de la Cámara– en la presentación del dossier.

La publicación está sistematizada según las resoluciones que fueron adoptando cada una de las cuatro salas que integran el tribunal. En la portada se ve una foto del ingenio La Fronterita, de Tucumán. Es una causa aun sin sentencia, pero en la que, de forma inédita, se dispuso un embargo millonario contra los empresarios acusados.

Muchas de las sentencias ponen al descubierto la alianza estratégica de las fracciones más concentradas del poder económico -y sus intelectuales orgánicos- con la conducción militar, de modo de provocar la reestructuración económico y social del país más dramática, por lo menos hasta hoy, y cuyas consecuencias se proyectan hasta la actualidad”, afirma Slokar.

La dictadura implementada en 1976 no fue el genocidio –en el estricto sentido técnico- de apenas unos locos “carniceros” por la pura exaltación del poder y la violencia. También se trató del asalto a la economía para la subordinación del poder estatal a una nueva matriz de acumulación dirigida a dinamitar la industrialización sustitutiva, que requería la ‘eliminación’ de por lo menos un tercio de los trabajadores. Se buscó asestar un golpe definitivo al modelo industrial y sus asalariados, con el desguace de su legislación protectora más la persecución y muerte de trabajadores y sus dirigentes”, concluye el juez. 


martes, 19 de marzo de 2024

ARGENTINA POTENCIA MUNDIAL EN 1900: verdadero o falso. Aporte de cientistas.

 ¿Era la Argentina la primera potencia mundial en 1900?

¿Qué evidencias hay para respaldar esa afirmación? ¿Deberíamos volver hacia ese modelo? El tema se analizó en una jornada organizada por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA

19 DE MARZO, 2024 | 08.31

PorvNORA BÄR

(para EL DESTAPE)

Una creencia extendida plantea que el país tuvo un momento fundacional dorado en el que se situaba al tope del ranking de prosperidad del planeta y tenía un destino de potencia mundial. Es la idea que inspiró expresiones como “tan rico como un argentino”, “tirar manteca al techo” o “la Australia de América del Sur”. Sin embargo, cinco investigadores convocados por la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA refutaron de plano esa imagen idílica. Todos ellos coincidieron no sólo que no hay evidencias que lo sustenten, sino que no es deseable tener el modelo de esos años como meta para el país. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, estuvo como invitado especial y al momento de tomar la palabra advirtió: "La Argentina tendrá millones de problemas, pero volver a 1896 no soluciona ninguno y crea montones de otros que hoy tenemos controlados”.

“Que la Argentina era una potencia mundial en 1900 es a todas luces un mito –subrayó la historiadora Valeria Manzano, del Conicet y la Universidad Nacional de San Martín–. Se trata de una creencia colectiva que fue una pieza fundamental en los modos en que las élites se representaron la historia de la Argentina y a sí mismas. O sea, Javier Milei no la inventó, pero sí posiciona esa creencia en el centro del discurso público y político planteándola como una verdad absoluta”.

Según Manzano, todo proyecto político que se pretende refundacional aspira también a reinterpretar el pasado para despegarse de tradiciones previas. “La creencia común entre las élites del siglo XX y XXI de que la Argentina del Centenario fue la primera potencia se acerca a la lógica de las fake news, a las que nos están queriendo acostumbrar –agregó la historiadora–. No hay una sola evidencia que la respalde. En ese tránsito del siglo XIX al XX, el precio de los principales bienes exportables, como carnes y cereales, era muy alto y estuvo en la base de la creación de la riqueza de un grupo muy pequeño. Las élites oligárquicas, que en esa primera década ostentaban precisamente el poder económico y político del país. Insisto, la Argentina nunca fue primera potencia, pero su élite, como la de los otros países latinoamericanos, era parte de esa clase global que se estaba beneficiando de una riqueza que sólo 50 años antes era impensable. Esa versión deja en la oscuridad, como lo hacen los mitos, que las grandes mayorías estaban no solamente excluidas del sistema político, sino de ese bienestar”.

Mara Ruiz Malec, licenciada en Economía y maestranda en Desarrollo Económico de la Universidad Nacional de San Martín, se centró en cuáles eran las características de la economía de ese momento. “Efectivamente, son años de crecimiento económico muy notorios –mencionó–. La Argentina empezaba a conformarse. Ese período tiene una característica muy particular, que no volverá a repetirse, y es que sus productos (lana, tasajo) empezaron a poder ser exportados gracias al desarrollo de barcos a vapor y el motor diesel. Entonces, pasamos de la nada a un montón. Claro que crecimos, pero es bastante ilusorio pensar que podríamos repetirlo”.

Para Ruiz Malec, ese modelo agroexportador “no fue abandonado, sino que nos abandonó. A partir de la crisis de 1930, la demanda cae, los capitales no pueden ingresar, crece la conflictividad social y la tasa de desempleo. No es sostenible, ni económica ni socialmente”.

Roberto Etchenique, doctor en Ciencias Químicas, profesor titular de la UBA e investigador principal del Conicet, se preguntó ¿de dónde sale esta idea de que en el año 1896 fuimos la primera potencia mundial? Y explicó que surge del Maddison Project, una investigación muy importante que estima cuál era el PBI per cápita y otras variables económicas de los países desde la prehistoria hasta ahora. 

“En La base de datos de 2018, nos ponía primeros en PBI per cápita con 6143 dólares (de 2011, ajustados por el poder adquisitivo de cada uno de los países) –detalló–. Cabe preguntarse cuál es la primera potencia hoy. Y en este ranking, Estados Unidos está en el séptimo puesto. El primero es Luxemburgo, así que el que quiera ir a la primera potencia del mundo se toma un avión y ahí se encuentra con el mejor país de la Tierra. Claro que tener el mayor PBI per cápita del mundo no es ser la primera potencia, ni mucho menos”…

Al parecer, la base 2018 del Maddison Project no era muy confiable, la corrigieron y en la de 2020 ya la Argentina está ubicada entre el sexto y el décimo puesto. La fueron superando países como Qatar, Emiratos Árabes Unidos y otros, como Bélgica y Francia, que por algún artefacto metodológico habían quedado en un lugar que no les correspondía. “Utilizar un ranking para ver cómo estamos no es tan útil [puede cambiar, por ejemplo por la cantidad de países que incluye] –explicó Etchenique–. En realidad, estábamos atrasados décadas respecto de los países centrales”. 

Y, acto seguido, lo ilustró con varios ejemplos. El escritorio que perteneció a Sarmiento se mandó hacer a Indianápolis (tenía una patente de 1875). Acá no se fabricaba, mientras que el avance que tenía este tipo de industria en los Estados Unidos era enorme. En noviembre de 1901, Marcelo T. De Alvear corrió una carrera desde Avenida Libertador y Monroe hasta San Isidro en su “locomóvil”, uno de los primeros autos a vapor que había en el país. También había sido importado de New Hampshire, Estados Unidos. Incluso en los anuncios de la época, todo lo que llegaba del extranjero se consideraba de mejor calidad, hasta el té. “En los Estados Unidos –prosiguió Etchenique–, ya desde 15 años antes se podían comprar por correo desde rifles Winchester, hasta carros, telas, vestidos, instrumentos musicales, fármacos que acá ni soñábamos con tener. Esto muestra la diferencia tecnológica. En el plano científico, entre 1900 y 1920, la Web of Science registra 20 trabajos de la Argentina, 83 de Brasil (todos correspondientes al brote de una enfermedad), 92 de Australia, 560 de Canadá, 1016 de Alemania y 5811 de Gran Bretaña”.

Daniel Schteingart, doctor en sociología por el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín y director de Planificación Productiva de Fundar, destacó que cuando se piensa  en una potencia mundial, no solo hay que tener en cuenta el PBI o el PBI per cápita, aunque sean indicadores muy relevantes, sino también otros que se refieren a la calidad de vida de las personas. 

“Uno de los que se utilizan más habitualmente es la esperanza de vida –afirmó–. Y lo que se ve es que la Argentina siempre fue un país de menor esperanza de vida que los de Europa del Norte o Estados Unidos; en ningún momento de su historia tuvo mayor esperanza de vida que los países desarrollados”. 

Otro indicador que se emplea para medir desarrollo humano es el acceso a la educación. “En este caso, el país también hacia 1900 tenía menos años de escolarización que otros como Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Suecia o los Países Bajos, que además casi tenían 100% de alfabetismo ya en el siglo XIX. De hecho, sólo hacia 1950 Argentina tiene los años de escolarización que tenía Estados Unidos alrededor de 1870”.

Lo mismo podría decirse de las patentes: no era un país que estuviera en la frontera tecnológica, sino que fue mayormente importador de tecnologías. 

“Esto refuta que la Argentina fuera la primera potencia mundial en 1900, aunque no es menos cierto que en ese período tuvo una movilidad social ascendente, mejoró su calidad de vida y multiplicó su PBI per cápita –concluyó Schteingart–. Mucho tiene que ver con que estaba todo por hacerse y que en esos años tuvo uno de los mayores crecimientos demográficos del mundo”.

Hacia el final, Pablo Wahren, licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires, magíster en Desarrollo Económico de la Universidad Nacional de San Martín, Doctor en Desarrollo Económico de la Universidad Nacional de Quilmes y actualmente becario posdoctoral del Conicet, discutió la idea del lugar que ocupó el Estado. “Me parece importante destacar que en el modelo agroexportador estaba muy lejos de este anarcocapitalismo que se pregona hoy –dijo–. En primer lugar, cumplía la función básica de garantizar derechos de propiedad y relaciones contractuales. Es la base sobre la que se funda el capitalismo. Y en la Argentina, eso también se fue dando: la Constitución, el Código Civil… Con estas cosas, el presidente podría estar de acuerdo, pero hay otras que le gustan menos y que estaban presentes. Por ejemplo, el Estado fue central para garantizar las condiciones de acumulación de ese modelo, las inversiones, los ferrocarriles, el puerto, en muchos casos fueron con financiamiento estatal, en otros, con capitales extranjeros, pero el Estado se ocupaba de orientarlas dándoles garantía de ganancia mínima. También intervino en lo que tuvo que ver con la atracción de inmigrantes para aumentar la fuerza laboral. Sancionó una ley, e incluso instaló oficinas en Europa y hasta en muchos casos les pagó los pasajes. Lo mismo ocurrió con la educación pública gratuita y la protección comercial: el Estado ponía impuestos a las importaciones, incluso en esa época caracterizada por el libre comercio. En 1891, se imponía un arancel del 60% a la ropa y el calzado, 125% al azúcar y 121% a los sombreros”.

Wahren subrayó, además, que contrariamente a lo que se sostiene, en 47 de los 50 años previos a 1916, cuando presuntamente habría comenzado la decadencia, hubo déficit fiscal. “Es muy paradójico que se habla de que la decadencia argentina es por la recurrencia crónica del déficit fiscal, que es algo que ocurrió en los años más gloriosos y de progreso”, insistió.

Para Wahren, entonces, queda claro que la Argentina no era potencia ni se encaminaba a serlo, pero presentó algunos datos adicionales: alrededor de 1910, la esperanza de vida en la  Argentina era de 44 años, diez menos que en Gran Bretaña y ocho menos que en los Estados Unidos; y la tasa de escolarización entre los cinco y los 14 años, del 37% vs. 79% en Gran Bretaña y 97% Estados Unidos.

Para cerrar la charla, invitaron a pasar a la mesa al gobernador Axel Kicillof, que estaba entre el público. “Creo que ésta es una cuestión importante, seria, profunda y que vale la pena escuchar y pensarla con gente que sabe –dijo–. No fuimos primera potencia mundial ni estuvimos primeros en el ranking de PBI per cápita en 1900. Es algo que no ocurrió nunca y no se puede repetir. Pensar que tenemos que ir hacia allí es un callejón sin salida. La Argentina tendrá millones de problemas, pero volver a 1896 no soluciona ninguno y crea montones de otros que hoy tenemos controlados”.

 

miércoles, 13 de marzo de 2024

REPARTIR EL TRABAJO TIENE QUE VER CON REDUCIR LA JORNADA. DATOS DE LA REALIDAD ARGENTINA

 

La importancia del ocio para la clase trabajadora

Trabajo en el Siglo XXI: la batalla por el tiempo libre

Además de la merma del poder adquisitivo, uno de los grandes retos laborales de este siglo empieza a girar alrededor de la falta de tiempo libre de las clases trabajadoras. El sobreempleo es causado por la necesidad de sostener el nivel de vida y la hiperconexión que deriva en jornadas laborales sin horarios. Esto genera dificultades en la salud y otros problemas sociales. Como contratendencia surgen disputas por el derecho a la desconexión, por la jornada reducida y por balancear trabajo y vida.

Por Verónica Ocvirk

16 de julio de 2023 – 00:01

(publ.Pagina 12 Bs.As. Argentina)



Uno de los grandes retos laborales de este siglo empieza a girar alrededor de la falta de tiempo libre de las clases trabajadoras. No obstante, cada vez que se discute la reducción de la jornada laboral, o se establecen fines de semana “extralargos”, se activan en la opinión pública sentidos comunes del tipo “en este país nadie quiere trabajar” o “lo que hace falta no son más feriados, sino agarrar la pala”.

No es fácil ser trabajador en el Siglo XXI: ni en la Argentina ni en el resto del mundo. A la reducción del poder adquisitivo de los salarios (que obliga, en ciertos casos, a mantener dos o tres empleos para llegar a fin de mes) se suma la hiperconexión que hace que algunas jornadas laborales no corten. La brutal competencia lleva a muchas personas a autoexplotarse para seguir rindiendo sin caerse del mercado - ese fenómeno que tan bien describió Byung-Chul Han en La sociedad del cansancio-. 

Este combo se da en un marco en el que cada vez se necesita más dinero para hacer frente a gastos que antes no existían, como el colegio privado, la cuota de la prepaga o el servicio de internet. El panorama tampoco luce bien de cara a las expectativas para jubilarse. Y quienes viven en ciudades grandes deben agregar dos o más horas de viaje a unas jornadas que, especialmente en el caso de las mujeres, cargan con mandatos como cocinar casero, separar la basura y dedicar “tiempo de calidad” a los chicos.

En noviembre de 2010 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner estableció por decreto un esquema de feriados que restituyó los días festivos de Carnaval (que habían sido derogados por Jorge Rafael Videla), y sumó el Día de la Soberanía y dos feriados puente. A principios de 2017 Mauricio Macri, también por decreto, eliminó los feriados puente argumentando que, si bien podían tener efectos positivos en el turismo y las economías regionales, “en la práctica generaron dificultades para cumplir el ciclo lectivo y afectaron la competitividad del sector productivo”. Unos meses después el mismo gobierno promulgaba la ley 27.399, que se encargaba de reponer esos feriados puente.

En el trabajo “El efecto de los feriados y días no laborales en la economía. Una aplicación para el caso argentino con más de una década de cambios” de Natalia Porto, Natalia Espínola, y Carolina Inés García, de la Universidad Nacional de La Plata, analiza la relación entre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) real y los días feriados y no laborales para el periodo 1993-2015 en Argentina. Según los resultados que obtuvieron, las pérdidas en términos de PIB a nivel agregado no fueron estadísticamente significativas, ni en el corto ni en el largo plazo. Eso podría deberse al efecto “compensación” entre sectores: el caso más clásico es el impacto en el turismo.

El modelo vacacional fue cambiando en las últimas décadas (la tendencia es ir hacia períodos más cortos y distribuidos en más cantidad de veces al año). En una entrevista, Porto se ocupó de remarcar que, más allá de un juicio de valor sobre el esquema argentino, algo clave para el mejor desempeño de todos los sectores es que la política se aplique de forma certera y previsible en el tiempo. “El 2017 fue un ejemplo de idas y vueltas en relación a la normativa vigente con respecto a los feriados, a los feriados puente y al traslado de los feriados a los días lunes”, precisó.

¿Un ocio socialmente productivo?

A la idea repetida de que en Argentina tenemos muchos feriados hay que tomarla con pinzas, porque nuestro estándar de vacaciones es de 15 días, cuando en Europa se acerca a los 30. Entonces hay que discutir haciendo la suma feriados más vacaciones”, analiza Juan Graña, investigador del Conicet especialista en mercado laboral, distribución del ingreso y desarrollo económico. “El feriado es un mecanismo para dar a todos un día de descanso más allá de si tienen o no un buen sindicato que les negocia, e incluso más allá de si mueve o no el turismo. La compensación entre sectores es parte de la conversación. Pero el eje central de los feriados y las vacaciones es que la gente pueda descansar, por más que después termine aprovechando el día para limpiar la casa o hacer una changa”.

Es cierto que la discusión sobre los días y tiempos de fiesta, reflexión, ocio y descanso va mucho más allá de lo puramente económico: tiene efectos en el bienestar, en la creatividad, en el aprendizaje. “Domesticar el tiempo libre del trabajador siempre ha sido una tarea central del modo de producción capitalista”, señala un artículo del profesor y cientista social de la Universidad del Estado de Río Grande del Norte Jean Henrique Costa. El investigador pone el foco en la importancia histórica y simbólica de ciertas fechas, dice que el ocio puede llegar a ser un “vehículo de emancipación” y concluye en que “hay que luchar por una ética que invierta la idea de los sujetos como simple fuerza de trabajo”.

En esa línea fue la ex presidenta cuando en 2010, frente a una Casa Rosada repleta de murgueros, advirtió que la del Carnaval y los nuevos feriados no era solo una medida de contenido promocional de una actividad económica, sino que a la vez incorporaba manifestaciones sociales, culturales y tradicionales. Y hasta se permitió citar una teoría de Arturo Jauretche según la cual “quienes no querían que los pueblos fueran fuertes y las naciones desarrolladas, promovían pueblos tristes, porque los pueblos tristes nunca pueden construir destinos, ni independencia, ni crecimiento económico”.

Tocando fondo

La cuestión del tiempo libre está hoy explotando porque el neoliberalismo llevó al límite la intensidad de las condiciones de trabajo. Tenés al que tiene varios empleos y se muere de un ataque cardíaco, al que tiene que dejar a los pibes donde sea, y sobre ese estado de cosas se basan otros problemas sociales vinculados con la violencia y las drogas. Creo que no hay nadie que se dedique a pensar estos temas que no advierta que se trata de un cóctel explosivo”, reflexiona Graña.

Como contratendencia surgen disputas por el derecho a la desconexión, por la jornada reducida y alrededor de la idea de balancear trabajo y vida, batallas que empalman con la lucha feminista por la distribución y retribución de las tareas de cuidado”, observa. Y concluye: “No solo se han empobrecido las condiciones de la mayoría de la clase trabajadora: el discurso imperante es que esa clase trabajadora tiene la culpa de todos los problemas. No estamos demasiado lejos del piso”.

Dos proyectos para reducir la jornada laboral circulan en la Cámara de Diputados: el de autoría del diputado y secretario general de la CTA de los Trabajadores Hugo Yasky propone un máximo de 40 horas semanales –el régimen actual es de 48–; mientras que el de la diputada y dirigente de la Asociación Bancaria Claudia Ormaechea plantea una reducción a 36 horas. Ambas iniciativas surgieron del bloque del Frente de Todos.

En el desarrollo de las fuerzas productivas se dio un salto gigantesco, que sin embargo no tuvo correlato en las jornadas laborales de los trabajadores”, sostiene el secretario de salud laboral de la CTA Nacional y secretario general de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro, Roberto "Beto" Pianelli. “En las últimas décadas hubo un aumento de la productividad enorme, pero los salarios bajan. Si hoy somos capaces de producir más mercancías y más servicios en menos tiempo, ¿por qué ese plusvalor no se reparte?”, dispara y no deja de advertir que al mismo tiempo “las grandes fortunas de hoy eran hasta no hace mucho inimaginables”.

Son muchos los productos culturales que romantizan la imagen de un padre o una madre trabajando con un bebé en brazos. Una publicidad de Uber propone, de cara a “cumplir el sueño” de hacer un arreglo en la casa, o irse de viaje, la posibilidad de ponerse a manejar un auto a contraturno. La serie Severance –que se estrenó el año pasado con dirección de Ben Stiller– llevó este concepto al extremo de la mano de una premisa descabellada: un grupo de empleados de una compañía acepta someterse a un procedimiento cerebral de “ruptura” de su memoria a través del cual separa por completo su vida personal de la laboral. Cuando están en la oficina, ni siquiera saben si tienen hijos. Cuando vuelven a sus casas, apenas entienden que al día siguiente tienen que volver a una empresa donde no tienen idea de qué hacen. La consigna puede parecer un alivio, y sin embargo se convierte en una pesadilla en la que la misteriosa compañía comienza a ejercer sobre sus vidas y sus tiempos más y más control.

Llamados al buen vivir

¿Cómo se piensa la cuestión del tiempo libre en el marco de la economía popular? “Al no estar regulado el trabajo, tampoco está regulado el ocio. Nadie te observa. Un día tenés una moneda, al otro no. Un día te agarraste un resfrío fuerte y no pudiste ir a trabajar. O tal vez tuviste suerte y vendiste antes los alfajores, o las plantas, y te pudiste ir antes a tu casa. Hay rachas. En tiempos de Cristina todo se vendía más rápido”. Quien habla es el secretario general de la UTEP, Esteban “Gringo” Castroa lo que añade que en ese marco “el feriado a veces es descanso, a veces ir a laburar a la feria, a veces changa”.

No hay margen para pensar en el ocio o el goce del salario cuando estamos discutiendo derechos desde tan atrás. En el peronismo no se hablaba tanto de trabajo como de lo que el ingreso permitía. Recuerdo que mi papá me contaba del fútbol, de la milonga, de lo que hacía con su salario más que de lo que hacía en la fábrica, donde a fin de cuentas juntaba eslabones”, afirma. Dice también Castro que en los barrios populares “la gente se las rebusca para disfrutar, sobre todo a través del encuentro”, aunque ahora el narcotráfico avanza y en algunos lugares ‘el afuera’ empieza a ser peligroso. El tráfico de drogas, asegura, “es una estrategia del propio capital financiero para romper los lugares de organización”.

Según Pianelli el neoliberalismo, más que un sistema económico, es un paradigma cultural que, “por lo menos en el imaginario alrededor de la idea de que hay que trabajar todo el día, nunca más se revirtió”. “Hoy pareciera que el derecho al ocio y a la recreación son malas palabras. Y ni siquiera desde el progresismo se combate ese ideario liberal de trabajar para tener, acumular y seguir comprando. Implica un déficit enorme la falta de un imaginario colectivo diferente, sobre un modelo de vida basado menos en el consumo y más en un desarrollo social con participación, actividad cultural, cuidados y relaciones entre las personas”, finaliza.