lunes, 21 de noviembre de 2022

REVELADORA ENCUESTA DE LA CONFEDERACION SINDICAL INTERNACIONAL (CSI) sobre la situación laboral global pospandemia en opinión de trabajadoras y trabajadores

 Fte. Zaiat Alfredo. P.12 Bs.As. Argentina 20-11-2022

El castigo a los trabajadores es global[1]

Una reciente encuesta mundial realizada por la Confederación Sindical Internacional (CSI) muestra las demandas de los trabajadores en el contexto de la pos-pandemia.

Los resultados están basados en consultas que abarcan la población adulta de Alemania, Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Bulgaria, Canadá, Corea del Sur, Egipto, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Japón, México, Reino Unido y Sudáfrica.

El estudio de campo se llevó a cabo del 22 de junio al 6 de julio de 2022 cubriendo 17 países de diversos continentes, representando a 2200 millones de personas mayores de 18 años.

 

Diagnóstico demoledor

 

En la presentación de los resultados de la encuesta mundial, la Conferencia Sindical Internacional (CSI) apunta que las desigualdades e injusticias del sistema económico, con sus enormes déficits en cuanto a la regulación corporativa y financiera, “han quedado brutalmente expuestas y se han profundizado masivamente con la pandemia”.

La organización mundial de sindicatos critica que las deficientes respuestas de los gobiernos a la actual pandemia están generando más precariedad, desigualdad y una profunda crisis de salud pública.

La Encuesta Mundial 2022 de la CSI ofrece una visión descarnada de un mundo precario al borde de la recesión, para señalar que “los propios pilares de la democracia y la economía mundial se han hecho añicos” y observar que los gobiernos, acorralados por la codicia corporativa, “no han actuado en interés de los trabajadores y las trabajadoras”.

Advierte que los derechos de los trabajadores están en peligro, la violencia y el acoso en el trabajo van en aumento y la población tiene miedo de denunciar la mala praxis empresarial.

Indica que los motores del progreso social y económico se han estancado, los salarios no siguen el ritmo del costo de la vida, hay una crisis mundial de empleo y “un arraigado pesimismo que duda mucho que la próxima generación encuentre trabajo”.

La encuesta revela que en uno de cada dos hogares se ha perdido algún empleo y horas de trabajo… “La població vive en un sistema económico que favorece los intereses de los ricos y los poderosos -y que funciona fatal-, mientras los servicios públicos básicos, como la sanidad, están al límite”, apunta el informe.

Plantea que los objetivos de un progreso social y económico inclusivo, con una prosperidad compartida y un futuro sostenible, parecen estar fuera del alcance de muchas personas.

Para proponer un nuevo contrato social que esté basado en seis reivindicaciones: empleo, derechos, salarios, protección social, igualdad e inclusión.

 

Existe una fuerte fragmentación del mercado de trabajo en su conjunto y al interior de los registrados.

 

Qué piensan los trabajadores

 

La Encuesta Mundial 2022 de la CSI ofrece indicadores de la actual fragilidad social y medioambiental: a dos tercios (66%) de las personas les preocupa el cambio climático.

Las siguientes conclusiones dejan en claro la urgente necesidad de reparar y establecer un plan de acción para que gobiernos y empresas puedan proporcionar un nuevo contrato social. 

Los principales reclamos e inquietudes de las y los trabajadoras/es son los siguientes:

·       Crisis global de empleo: en los últimos dos años en el 43 % de las familias se ha perdido algún empleo u horas de trabajo. Dos tercios (66 %) de las personas están preocupadas por la pérdida de empleo.

·       Uno de los motores del progreso económico y social se ha paralizado y ha disminuido la esperanza de que a la próxima generación le vaya mejor.

El 38 % de las personas cree que es poco probable que la próxima generación encuentre un trabajo decente.

·       Los ciudadanos quieren un plan nacional oficial de empleo: el 69 % quiere que su gobierno se esfuerce más para crear puestos de trabajo invirtiendo en la economía del cuidado.

·       En todo el mundo los derechos de los trabajadores y las trabajadoras están en peligro: al 55 % de las personas le preocupa el debilitamiento de la legislación laboral y al 47 % las restricciones al derecho de protesta.

·       Proponen terminar con el modelo de las abusivas cadenas de suministro globales: el 81% está a favor de las leyes nacionales e internacionales que obligan a las empresas a rendir cuentas por los abusos contra el medio ambiente y las violaciones de los derechos laborales que se cometen en sus cadenas de suministro.

·       Dos de cada tres personas (67 %) creen que los sindicatos tienen un papel importante que desempeñar en la sociedad.

·       Existe una crisis generalizada por el alza del costo de la vida: uno de cada dos hogares (51 %) afirma que sus ingresos se están quedando por detrás de la inflación (frente al 43% en 2020). El 76% señala que sus ingresos están estancados o se han quedado atrás. Uno de cada diez no dispone de ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas.

·       El 72% de las personas no cree que el salario mínimo sea suficiente para llevar una vida digna, y esta opinión abunda más entre las mujeres que entre los hombres.

·       Existe acuerdo acerca de terminar con la avaricia corporativa e impedir que las empresas se aprovechen. Así piensa el 72% que afirma que el gobierno es responsable de garantizar que la ciudadanía tenga un costo de la vida razonable.

·       El 68% de las personas quiere que su gobierno trabaje para conseguir incrementos salariales para los trabajadores y las trabajadoras.

·       Los ciudadanos quieren el acceso a una sanidad pública gratuita y de calidad: al 67%  de las personas les preocupa la capacidad del sistema sanitario para hacer frente a los desafíos actuales.

·       * La economía mundial es injusta con los trabajadores y las trabajadoras: más de dos tercios de las personas (69%) cree que el sistema económico favorece a los ricos, el 64% cree que el sistema económico de su país es malo, frente al 52% que se registró en la Encuesta Mundial de 2020.

Un nuevo contrato social

La encuesta global a trabajadores muestra que aquí como en otros países existe una amplia base social para enfrentar los desafíos económicos y laborales inmediatos, enfrentando los privilegios de las corporaciones y las fuerzas políticas que defienden esos intereses.

Sharan Burrow, secretaria general de la CSI, propone entonces, a partir de los resultados de la encuesta mundial entre trabajadores, que “urge más que nunca disponer de un nuevo contrato social para que la economía esté al servicio de la humanidad y para salvar a las personas y al planeta de las amenazas de destrucción”.

Para concluir que sólo con el poder de los trabajadores organizados se podrá lograr este nuevo contrato social para sentar “las bases para la democracia, la igualdad, una prosperidad compartida y la resiliencia necesaria para superar los retos a los que se enfrenta la población en todo el mundo”. 

 



[1]ZAIAT Alfredo ”La década pospandemia viene fulera, muy fulera” - Pagina 12 Bs.As. Argentina 20-11-22

 

domingo, 23 de octubre de 2022

"La tiranía del individualismo" esclarecedora nota a Eric SADIN

 Fte. Pagina 12 Diario de Bs.As. Argentina. 23.10.2022

Eric Sadin: "Estamos en un proceso de pantallización de la existencia"

El destacado ensayista radiografía las estructuras mediante las cuales el tecnoliberalismo creó un mundo que nos lleva hacia nuestra destrucción a través de lo que llama "la tiranía del individualismo", que se proyecta en redes sociales repletas de insultos y monólogos vacíos.

Eric Sadin, autor de "La era del individuo tirano. El fin de un mundo en común." (Fuente: Katia Oudot)
Eric Sadin, autor de "La era del individuo tirano. El fin de un mundo en común.". Imagen: Katia Oudot

Desde París

Hablar mal del mundo contemporáneo, sacar a flote sus bastas hipocresías y manipulaciones tecnológicas más allá del agotador diagnóstico sobre el neoliberalismo no es una tarea tan común como se cree, sobre todo si el mal forma parte casi de cada poro de nuestra piel. El filósofo francés Eric Sadin viene hablando mal de nuestro mundo desde hace varios libros –todos traducidos y publicados por Caja Negra editora. Mal quiere decir que ha radiografiado como pocos las estructuras mediante las cuales el tecnoliberalismo creó un mundo que nos lleva hacia nuestra propia destrucción sin que nos demos verdaderamente cuenta. Jugamos, escribimos en las redes, compartimos fotos, insultamos a periodistas o enemigos siempre con la ilusión de que, con cada nueva tecnología, somos más autónomos. Es una trampa que nos llevó al mundo del último libro de Sadin: "La era del individuo tirano. El fin de un mundo en común." Precisamente, de común queda muy poco y abundan las tiranías, no la de los sistemas o regímenes políticos sino la de individuos dispersos, llenos de odio, de rabia o dislocados que tiranizan lo que encuentran a su paso. No les importan los otros, sino solo ellos. Son la expresión más acabada de la abolición continua de todo lo que era común.

En esta entrevista con Página/12, Eric Sadin nos presenta el engañoso mundo en el que vivimos enganchados de Twitter, Facebook o Google al mismo tiempo que perdemos nuestra esencia, nuestra sensibilidad y nuestra subjetividad. El Metaverso será la próxima trampa.

"Este libro nació caminando por París. Empecé a ver cosas que pasaban, veía gente que se disputaba, otras veces la gente me empujaba y hasta más de una vez casi me atropella un auto. Todo esto estaba, además, envuelto en una suerte de tristeza, de desesperanza. De pronto, todo esto resonaba con los acontecimientos del mundo, como si el mundo tuviera la primacía de su propia ley sobre el orden común. Escribí entonces una suerte de genealogía crítica de cómo hemos llegado a donde estamos. Me inspiró la idea del filósofo Michel Foucault acerca de ser una suerte de historiador del presente para marcar los acontecimientos decisivos que se están produciendo. La primacía de cada individuo sobre las reglas comunes. Ese fue el origen del libro, es decir, la aparición de una nueva figura, de un nuevo posicionamiento del individuo. Sólo más tarde entendí que todo esto estaba ligado a la disolución del zócalo común. Estamos viviendo el resultado de dos fenómenos decisivos: el primero es el largo proceso de desilusión progresiva ante la palabra política, las promesas políticas y, por consiguiente, de los principios comunes. A partir de los años 70, cuando empezó el giro liberal, empezó a romperse el pacto de confianza. Allí se da la creencia de que el vector de la sociedad es el individuo y no la organización política. Esta extrema individualización fue alentada por el ethos económico político. No se trata de una iniciativa individual sino de una idea propagada por el ethos según la cual la riqueza y el desarrollo vendrán de la fuerza de los individuos. De alguna manera, nos dejaron libres hasta abandonarnos. Al final de cuentas terminó por romperse aquello que nos mantenía juntos." 

"El segundo fenómeno capital es el de los clouds económicos. En un primer momento esos útiles favorecieron los fenómenos de individualización: el auto, el microondas, los reproductores de video, el walkman. Se trataba de poder gestionar la propia vida como se quería, a su propio ritmo, con la ilusión de que se estaban ganando márgenes de autonomía. Recién a finales de los 90 aparece el fenómeno más decisivo, fundamental: la aparición simultánea del teléfono móvil e internet. De pronto, ese sentimiento de individualización se transformó en la ilusión de que se había ganado en autonomía, en movilidad, en independencia, en capacidad de gestionar su vida según los términos del nicho neoliberal, es decir, gracias a útiles que daban los medios para inscribirse en esa lógica. Luego, el momento fundador de nuestra actualidad ocurrió en 2005 con la creación de lo que se llamó el WEB2. Desde ese momento los individuos adquirieron la capacidad de dejar de ser espectadores de las páginas internet visitadas para poder intervenir. Ello trajo esa invención genial del tecno liberalismo que son las redes sociales, las cuales les dieron a los individuos el sentimiento de ser importantes mostrando secuencias de sus vidas o revelando públicamente sus opiniones." 

"Yo nunca he hablado de redes sociales sino de plataforma de la expresividad. De allí que tampoco hablo de post verdad sino de atomización de la verdad en un proceso en el que cada individuo forma su verdad plegándose a sus propias frustraciones, dificultades, fracasos o angustias y, encima, con la capacidad de crear sus propias redes informacionales. La mezcla de la hiper individualización con la posibilidad de estar dotados de tecnologías para la expresividad y la afirmación de uno mismo creó una nueva situación social, económica y política: se instauró la primacía de la propia persona, de la palabra propia a través de instrumentos de interferencia entre los individuos. Esos instrumentos llegaron a un punto tal que condujeron a lo que llamé 'un estado de aislamiento colectivo'. Las acciones de la vida humana se realizan cada vez más a distancia a través de pantallas."

-Se trata de un camino derecho no hacia a una nueva construcción sino hacia la destrucción. Usted define este momento histórico como “la hora de los ajustes de cuentas”.

-¡ Absolutamente! Hay tanto resentimiento como ganas de ajustar cuentas. El resentimiento viene de muy lejos, mucho más allá de las generaciones. Son los abuelos que han vivido muchas decepciones como las crisis económicas, el desempleo masivo, la generalización de las desigualdades. Las generaciones posteriores atravesaron las mismas dificultades, con lo cual el resentimiento se fue transmitiendo de generación en generación. Luego, con los instrumentos de la expresividad, de la hiper individualización y de la exposición de sí mismo le permitieron a cada persona ajustar las cuentas con las fallas y los resentimientos y la injusticia. El genio del tecnoliberalismo radicó en que puso en manos de los individuos los instrumentos para que puedan mostrar sus resentimientos y sus descontentos. Y ello según modalidades que alientan la acepción, las formas definitivas como ocurre, por ejemplo, con Twitter. El tema de la interfaz es decisivo. Decir, como en Twitter, una verdad en 280 caracteres… ¿hacia dónde vamos? 

Son afirmaciones definitivas y, al final de cuentas, el rechazo del otro. Ese es precisamente el advenimiento de los tiranos: cuando el otro no es que deja de existir, sino cuando mi palabra vale más que todo, está primera que todo. Twitter es un soliloquio continuo. La gente habla sola, aunque tenga la impresión de intercambiar. En Twitter no hay intercambio. Hay una jerarquía en la cual mi palabra está en primera línea, no existe nada horizontal. Y, en todo esto, la gran paradoja de los movimientos anticapitalistas está en que se expresan a través de plataformas de Silicon Valley. Es una imagen perfecta de la impotencia y del fracaso de las modalidades. ¡Es grotesco! Hoy hay una distancia, un hiato entre el flujo de palabras, de verbo, que no produce nada más que los olvidados del presente, y la falta de acción que constituye uno de los dramas de nuestro tiempo. ¿Qué es la condición política según Aristóteles y luego redefinida por Hannah Arendt ? Es un buen equilibrio entre la acción y el verbo. La acción está primero y el verbo viene luego a comentar esa acción para ver cómo se pueden mejorar las cosas. La acción permite que se juzgue y el juicio a su vez permite rectificar. 

Hoy estamos en una situación que consiste en creer que la palabra sirve como política. Pero hoy, la palabra sirve para la vanidad y para generar beneficios a las plataformas de Silicon Valley. La gente cree que generando discursos que no sirven para gran cosa en las redes sociales se llega a algo. Eso es una catástrofe social y política. No produce nada y es peligroso en el seno de una sociedad en la cual cada persona hace valer en las acciones y las palabras la primacía de uno mismo porque puede conducir a lo que he llamado “un posible totalitarismo de la multitud”. Sería como un fascismo de un nuevo tipo que no estaría dirigido por figuras sino por una crispación de todos contra todos. Ese es el peligro latente de la nueva condición política: la negación total del otro. Los años 2010 fueron el germen de este ethos posible que no cesa de germinar. Si se radicaliza puede conducirnos a situaciones desastrosas.

-En la Argentina hay un ejemplo sobre esa forma de locura totalitaria con el fallido intento de asesinato contra la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner por un grupo de fascistas tiránicos. Usted ha tratado esos fenómenos en uno de los capítulos de su libro que se llama, precisamente, “Las tablas de mi l-Ley”.

-Hay personas cada vez más numerosos que, tras muchas decepciones a lo largo de los anos, dejan de creer en el pacto social o en el valor de la palabra política como rebajadora de los sufrimientos individuales. Entonces, la verdad pasa a ser únicamente la de su propia subjetividad burlada y agraviada. Ello los lleva a intentar imponer su propia ley y llegan hasta el asesinato de los supuestos responsables de sus interminables males y humillaciones.

-Todo esto creó un individuo no participativo, que se esconde, que no adhiere a nada, que se aleja y, al mismo tiempo, participa.

-Todo el mundo participa en la vida social al mismo tiempo que la gente se siente muy rechazada. El gran interrogante que se nos plantea es el siguiente: ¿Qué hacemos con nuestra impotencia? ¿Acaso la transformamos en instrumento de potencia que no destruya al otro? ¿O acaso usamos las modalidades que paralizan las posibilidades de construir en común al mismo tiempo que bloqueamos las capacidades de nuestra propia emancipación personal? Nos encontramos en un estado creciente de impotencia. Hay grandes fuerzas que deciden sobre la dirección general del mundo. Desde el giro liberal hay potencias económicas que afirmaron la primacía de los beneficios de las lógicas económicas a todos los niveles de la sociedad. Esa lógica nos llevó a la impotencia, es decir, a sentirnos como un solitario engranaje entre tantos otros que hay en la sociedad. Ahí está también la clave de la atomización. 

Desde la Revolución Industrial la lógica de la sociedad estuvo orientada hacia la obtención de beneficios y ello hizo de las personas simples engranajes. El modelo emblemático de esto es el paso del artesano al obrero. El artesano era el propietario de su modelo de producción con todo el conocimiento que tenía. La organización tecnoeconómica desplazó al artesano y creó esta sociedad moderna en la que somos un mero engranaje. Peor aún, desde hace un cuarto de siglo, el sentimiento de impersonalización, la sensación de inutilidad y de invisibilidad de uno mismo llegó a un grado tal que ya se trata de humillación. Al mismo tiempo, a través de las plataformas para la expresividad de uno mismo, el tecnoliberalismo creó instrumentos para resaltar la importancia y la visibilidad de  uno mismo, para reafirmar nuestra importancia ante los demás. Hay como una trampa donde esa impotencia conduce a un camino sin salida que no se ve. Cada individuo cree que va por su propio camino, que obtiene el reconocimiento y la legitimidad. Pero esto no construye nada.

-El individuo tirano está en el centro de todo esto. Es incapaz de tener lazos constructivos.

-Pienso cada vez más en el presente que viene, en el presente inminente. Mucha de las cosas que nos ocurrieron en los últimos 20 años por medio de la híperenergía del tecnoliberalismo, de la industria digital, de la Silicon Valley, fue a una velocidad tan impresionante que, cada vez que reaccionamos, lo hicimos después del hecho. Nos cuesta entender qué está ocurriendo en el presente. En este libro está el diagnóstico del individuo tirano, de la crispación en la que vivimos, de este camino sin salida y de sus ilusiones, que son potentes, y, también, el hecho de que todo esto está consolidándose y agravándose sin que se cristalice la capacidad de actuar masivamente. Creo que hay que restaurar la gran vocación de la política institucional como los servicios públicos, la posibilidad de que las instituciones garanticen la salud, el bienestar, la educación, es decir, todo lo que desde hace 50 años fue puesto bajo la óptica de una lógica de contabilidad. 

Hoy hay una conciencia de que las cosas fueron demasiado lejos. En Estados Unidos y en Europa hay decenas de millones de personas que renuncian a sus puestos de trabajo. Creo que nunca como hoy se dio un fenómeno tan grande de saturación a todos los niveles, las condiciones de trabajo, las políticas económicas, y, al mismo tiempo, jamás hubo como hoy tantas ganas de otra cosa. El COVID fue un amplificador de este fenómeno. Estamos en el inicio de una toma de conciencia. Nunca hubo antes una tal celebración por lo alternativo. Hay un montón de gente que de un día para otro lo deja todo para ir al campo a hacer perma agricultura, o se van a abrir librerías, cooperativas, o crear asociaciones para trabajar artesanalmente. Es muy interesante porque quiere decir que hay voluntades para crear modos de funcionamiento más virtuosos, con relaciones más equitativas entre las personas, más respetuosas de la biosfera. Sin embargo, este movimiento no se plasmó aún en una sociedad. Pero es precisamente ese movimiento al que hay que alentar. Es preciso institucionalizar todo lo que es alternativo. Si los años 2010 fueron años durante los cuales de forma ciega e ideológica se respaldaron las start-up, lo que, al final, desembocó en lo que llamé la mercantilización integral de la vida, hoy es preciso que el dinero público vaya hacia todas las iniciativas alternativas en todos los campos de la vida. Aquí estaríamos en una acción crítica ante el presente y se buscan los medios para el futuro. Estamos en un momento pivote. Si no nos preguntamos a quién tenemos adelante, hacia dónde y cómo nos organizamos, estamos perdidos. 

Temo que lo que he llamado “el estado de aislamiento colectivo” organizado por toda una historia económica y las tecnologías personales con la pantalla como instancia llamada a ser un útil de interferencia mayor entre los individuos atrase o perturbe lo que también llamo “la primavera de lo colectivo” y las iniciativas alternativas. Estamos en un proceso de multiplicación de las pantallas, la pantallización de la existencia, y de la sacralización de las redes sociales que no hará más que incrementar el estado de aislamiento colectivo. Eso es precisamente la meta del Metaverso que apunta a que, cada vez más, las acciones de la vida humana se operen a distancia a través de las pantallas. Esto es la intensificación de un proceso de aislamiento de los individuos, de racionalización de la sociedad y de mercantilización: habrá una calificación continua de todos los gestos, sean las miradas, los ritmos fisiológicos, una comprensión física y psicólogica del cuerpo de forma continua. Estamos ante un proyecto de control absoluto de lo colectivo y lo alternativo. Aquí hay verdaderamente luchas. Habrá luchas contra un tecnoliberalismo que solo apunta a acentuar la curva mediante la inteligencia artificial, la interpretación de los comportamientos, al que llamo “la organización algorítmica de la existencia”, con la meta de racionalizar a la sociedad. Este es el gran combate por la civilización para este y el siguiente decenio.

-Usted lo puntualiza con mucho fervor y pertinencia: la gente no mide el impacto que las tecnologías de la información han tenido sobre nuestra psicología colectiva.

-Una de las metas este libro sobre el individuo tirano fue precisamente observar las incidencias de estas tecnologías en nuestra psicología y en nuestro psiquis y las forma en que estas tecnologías nos han modificado. Creo que es preciso volver a ver la historia de las técnicas bajo la lupa de la historia de las posturas del cuerpo. Hoy tenemos un cuerpo móvil y un cuerpo maliciosamente orientado. Esta movilización de las pantallas y las señales que organizan hasta el confinamiento con los Metaversos hará que la verdad provenga mucho más de las pantallas que de nuestros semejantes, los otros. Nos entregamos a las herramientas tecnológicas para organizar nuestra existencia en vez de hacerlo con nuestras intuiciones, los otros, con formas de construir conjuntamente. Todo nos reenvía a la interfaz y al agotamiento de lo sensible.

-Pero en esta historia no somos inocentes: hemos participado mansamente en esta inmensa mascarada organizada por el tecno liberalismo. Usted escribe a este respecto que fuimos “corderos dispuestos, adormecidos. Hemos expandido los instrumentos de nuestra sumisión”.

-Hemos sido impotentes convencidos de que teníamos una inmensa capacidad de acción. Sin lugar a dudas que hemos caído en la trampa de un procedimiento económico que organizó el control de nosotros. Al mismo tiempo que ese procedimiento desplegaba su control sobre nosotros producía instrumentos que nos hacían creer que éramos autónomos. Es extraordinario. En este 2022 tenemos los medios de rever toda la historia del capitalismo como una historia de la técnica, como una historia tecnoeconómica. Cuando las lógicas y los procesos económicos se organizaron para alcanzar su máximo de optimización y de productividad, especialmente a través de la mecanización del trabajo, se organizó también el modelo según el cual cada individuo no es más que un engranaje y, por consiguiente, la pérdida de valor del propio individuo en todos los niveles de la sociedad. Simultáneamente, esas mismas lógicas económicas produjeron instrumentos que dieron la impresión de que acentuaban nuestra autonomía: el primero fue el auto, que pasó por ser un instrumento de libertad. Sin embargo, con internet, los teléfonos móviles y todas las plataformas se llegó a un punto en el cual, sin piedad, ese mismo tecnoliberalismo, que fue organizado en sus modelos de producción, fue el que le dio a los individuos los instrumentos mediante los cuales creyeron que se habían liberado, que se expresaban mejor, que ganaron márgenes de autonomía. 

Todo el mundo cayó en la trampa con la idea de la emancipación mediante las redes. Es una broma haber creído que escribiendo en un teclado en los foros de discusión se creaba un proceso emancipador. El discurso desarrollado por toda esa industria dejó suponer que cada persona iba a trazar su propio camino y realizarse mediante la satisfacción. Fue una trampa absoluta tendida por una industria que supo hacemos caer en la trampa con la idea de una suerte de ebriedad de nuestra expresión y de nuestra supuesta autonomía. Eso es precisamente el aislamiento colectivo. Creo que una de las luchas políticas decisivas de esta década es la lucha por la reconquista y la reafirmación de nuestra sensibilidad, de nuestras capacidades sensibles. Hay que restaurar las modalidades sensibles. La era del individuo tirano es el momento en que se acepta con ignorancia y resignación mantener relaciones con el mundo y los demás únicamente a distancia y a través de las pantallas. Se pasó de la economía de los datos y de las plataformas a la economía de la distancia. ¿Somos acaso conscientes de la catástrofe que nos acecha y de esta interferencia de las pantallas y la introducción de mediadores y nuevos espías? El Metaverso es un gigantesco instrumento para conocernos e interpretarnos con la idea, una vez más, que seremos más autónomos. No seremos nada. Lo que habrá es un lazo umbilical aún más fuerte con grandes empresas privadas que nos guiarán así en todo momento en una existencia íntegramente algorítmica. La temática de lo sensible y de su expresión es una cuestión política fundamental. Eso es lo que está apareciendo poco a poco. Se trata de medir la proporción entre ambas fuerzas.

efebbro@pagina12.com.ar

jueves, 29 de septiembre de 2022

Sigmund Freud y su digna actitud frente al Nazismo.

 

Fuente: diario Pagina 12 Bs.As. 29.9.22

A 83 años de su fallecimiento

La muerte digna de Freud

Freud murió el 23 de septiembre de 1939, hace 83 años, agotado por un cáncer de laringe, por un cuadro séptico agudo y cuando su médico, Max Schur, hizo honor a un pacto entre ambos: aplicarle morfina cuando llegara lo inevitable.

Para entonces, hacía veinte días que Adolf Hitler se había lanzado a conquistar el mundo, había desatado la Segunda Guerra Mundial para entronizar a un Reich que iba a durar mil años y duró seis. Hitler “asaltó” el poder en enero de 1933 en Alemania y comenzaron los años de creciente terror. Freud sintió el impacto de la primera ola. Sus hijos se vieron obligados a emigrar de Alemania así como todos los analistas judíos.

En mayo ardió en Berlín una hoguera con los libros escritos por autores judíos. Antes de quemar los de Freud, un funcionario leyó: “Contra la sobrevaloración de la vida sexual, destructora del alma, en nombre de la nobleza del espíritu humano ofrezco a las llamas los escritos de un tal Sigmund Freud”. Freud comentó: “¡Qué progresos estamos haciendo! En la Edad Media me hubieran quemado a mí. Hoy se conforman con quemar mis libros”. Sabemos que ese progreso era ilusorio: unos años más tarde lo hubieran quemado también a él.

En febrero de 1934 estalló la guerra civil cuando el partido socialdemócrata decidió hacer un último intento para evitar la consumación del fascismo. Desde ese momento, Austria cayó en manos de una administración títere fascista.

Freud no tenía intenciones de marcharse, de modo que los nazis le hicieron saber el peligro que corría su familia. En un allanamiento del edificio donde funcionaba la editorial psicoanalítica, que también era el de su vivienda, los nazis se llevaron a su hijo Martin, lo interrogaron todo un largo día y lo liberaron. Una semana después, hicieron lo mismo con su hija Anna, apresada en el cuartel general de la Gestapo vienesa. Eso convenció a Freud de la necesidad de partir. El 4 de junio de 1938, junto a su mujer Martha Bernays y su hija, Freud inició su viaje al exilio, enfermo, deteriorado, viejo y frágil. Antes, debió firmar un documento elaborado por los nazis que decía: “Yo, profesor Freud, confirmo por la presente que después del Anschluss (anexión) de Austria al Reich he sido tratado por las autoridades germanas, y particularmente por la Gestapo, con todo el respeto y la consideración debidos a mi reputación científica; que he podido vivir y trabajar en completa libertad, así como proseguir mis actividades en todas las formas que deseara; que recibí pleno apoyo de todos los que tuvieron intervención en este respecto, y que no tengo el más mínimo motivo de queja”. Nada era verdad. Freud entonces preguntó entonces si podía agregar una frase al texto, y escribió: “De todo corazón puedo recomendar la Gestapo a cualquiera”.

“Freud tuvo la suerte de que los hombres de las SS que leyeron su recomendación no advirtieran la ironía oculta. Nada habría sido más natural que considerar ofensivas sus palabras. ¿Por qué, entonces, en el momento de la liberación, corrió conscientemente ese riesgo mortal? [...] Fuera cual fuere la razón profunda, su ‘elogio’ de la Gestapo fue el último desafío de Freud en suelo austríaco" (Peter Gay).

En 1938 la casa de Freud fue asaltada por bandas de las SS, que se llevaron 6000 chelines. Freud, al enterarse, dijo que a él nunca se le había pagado tanto por una sola visita.

En febrero del 38 Hitler citó al canciller austríaco y le dio un ultimátum. El 12 de marzo los alemanes entraron en Austria. A partir de entonces se vivieron épocas de terror: llamadas a la puerta, desaparición de amigos y parientes. “Empezaba el reinado del terror [...] Muchos alemanes habían cedido bajo el bombardeo incesante de la propaganda, acobardados por un estado exigente, un partido vigilante y una prensa controlada; muchos austríacos no necesitaron ningún tipo de presión. Sólo una pequeña parte de su comportamiento puede explicarse, o excusarse, como sumisión obligada al terror nazi. Las turbas que saquearon las casas de los judíos y que aterrorizaron a los pequeños comerciantes lo hicieron sin órdenes oficiales y disfrutaron con su trabajo” (Gay, 1988).

Como homenaje decido rescatar su valentía para enfrentar al nazismo.

Luis Hornstein, Premio Konex de Platino a la trayectoria en psicoanálisis. Su último libro es Ser analista hoy (Paidos, 2018).

domingo, 7 de agosto de 2022

Malas noticias para dei lavoratori italiani..."DISPAREN CONTRA LA ESTABILIDAD LABORAL"

 

Fuente: Información, discusión y propuestas sobre las relaciones de trabajo y la ciudadanía social Blog del Prof. Antonio BAYLOS (Castilla La Mancha, España).

 

DE NUEVO LA CORTE CONSTITUCIONAL ITALIANA EXIGE UNA REFORMA DEL RÉGIMEN DEL DESPIDO EXIGIENDO UNA INDEMNIZACIÓN “ADECUADA”.



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 (En la foto, la magistrada Silvana Sciarra, ponente de las sentencias citadas en el texto que han marcado una línea de doctrina constitucional)

El régimen del despido en Italia era conocido por garantizar la estabilidad real del trabajador despedido improcedentemente, de manera que la ley obligaba, en las empresas de más de 15 trabajadores, a la readmisión del despedido ilegítimamente. El art. 18 del Statuto dei lavoratori (SL) era la pieza fundamental y simbólica de un ordenamiento en el que el reconocimiento del derecho al trabajo – el trabajo sobre el que está fundada la república italiana, según declara el art.1 de la Constitución – obligaba a reponer en su goce a quien había sido privado de él de manera improcedente. El giro autoritario neoliberal que trajo consigo la doble crisis financiera y de la deuda soberana en el ciclo 2010-2012, puso su punto de mira en la eliminación de esta conquista de todas y todos los trabajadores italianos tras las luchas del período 67-70 del siglo pasado. Primero con las reformas Fornero – ministra de trabajo en el gobierno “técnico” de Mario Monti, en el 2011 – y luego, de manera ya definitiva con Matteo Renzi – primer ministro y presidente del Partido Democrático – mediante la conocida como Jobs Act del 2015, que sustituyó en adelante la readmisión forzosa del art. 18 SL por el llamado contrato de tutela creciente y una indemnización pecuniaria como efecto del despido ilegítimo.  

Aunque la extraña coalición entre el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la Lega incidiría sobre este sistema aumentando el monto indemnizatorio respecto de lo previsto en la Jobs Act a través del Decreto Dignidad (2018) del ministro de trabajo Di Maio del M5S,  la estructura del sistema del despido implicaba la aceptación de la lógica liberal que enlaza productividad empresarial y crecimiento de la ocupación con el aligeramiento de los costes de salida y la facilidad para deshacerse de los excedentes de mano de obra, en donde el cálculo de la indemnización como resarcimiento de un despido ilegítimo se fija en función de la antigüedad en la empresa como único criterio de determinación. Un sistema que conocemos bien en el derecho español, puesto que es el que se viene utilizando tanto para calcular la indemnización por despido colectivo y objetivo como por despido improcedente en todas las figuras posibles, disciplinario, objetivo y colectivo, y que sirve por consiguiente como medida de cálculo del coste del acto rescisorio del empleador. La reforma de 2012 tuvo como objetivo principal abaratar y facilitar el coste del despido.

Este cuadro normativo ha sido desautorizado por la Corte constitucional italiana por entender que la tutela constitucional del derecho al trabajo requiere una respuesta contundente del ordenamiento ante los actos del empresario que vulneran los requisitos formales y la motivación del despido, más allá de los comportamientos vedados por el ordenamiento por discriminatorios o vulneradores de derechos fundamentales.

Una ya larga serie de sentencias, que abarca un período de cuatro años, desde la primera y decisiva Sentencia nº 194 de 26 de septiembre de 2018, continuada por la nº 150 de 16 de julio de 2020, la nº 59 de 1 de abril de 2021, la nº 125, de 19 de mayo de 2022, hasta la última nº 183, de 22 de julio de 2022, y de las que ha sido ponente la vicepresidente de la Corte Constitucional, Silvana Sciarra, que ha desarrollado una doctrina constitucional muy densa e interesante a través de  fallos de extrema importancia alguno de los cuales han sido comentados en este blog como conoce nuestra amable audiencia.( Sentencia n.194 de 2018Sentencia n. 150 /2020Sentencia n. 59/2021)

Lo fundamental de esta línea jurisprudencial es que considera inconstitucional el sistema de cálculo del monto indemnizatorio por el despido ilegítimo basado exclusivamente en la antigüedad en la empresa, tanto en los supuestos de despidos viciados desde el punto de vista sustancial (Sentencia n. 194 del 2018) o por motivos formales (sentencia n. 150 del 2020). Consentir al empleador calcular con exactitud cuánto cuesta despedir a un trabajador elimina cualquier efecto disuasorio de un despido improcedente o sin causa justa, o efectuado incumpliendo los requisitos formales previstos en la ley o en la negociación colectiva. La lesión injusta de los derechos de la persona trabajadora por el empleador no puede resolverse de antemano en un cálculo de su coste, fijado además en función de una variable que asegura importantes diferencias de trato en función de la edad y el género de las personas despedidas improcedentemente, y sin que de esta manera se pueda asegurar la función disuasoria que debe tener la componente indemnizatoria.

Por eso es el órgano judicial quien tiene un poder esencial de valoración de la indemnización debida como resarcimiento del acto ilícito en función de otras variables, además de la antigüedad, en relación directa con la gravedad de la lesión al derecho fundamental al trabajo y a la posición personal del trabajador despedido. La relación que se realiza entre la tutela constitucional del derecho al trabajo y el derecho al ejercicio efectivo del derecho de los trabajadores a protección en caso de despido del art. 24 de la Carta Social Europea, se cifra en el derecho a una indemnización adecuada o a otra reparación apropiada. Dado que la reparación más apropiada sería la readmisión y la norma ha prescindido de ella, el eje del debate se traslada a la adecuación y proporcionalidad de la indemnización, a su doble componente resarcitorio y disuasorio.

En las siguientes sentencias 59/2021 y 125/2022, el tema sobre el que se detiene es el de la posibilidad concedida al juez laboral en los casos de despido objetivo relacionado por motivos económicos, organizativos o productivos en los que se aprecia una “manifiesta insubsistencia” del hecho que lo motiva, de sustituir la readmisión por la indemnización prevista en la misma norma. Sin embargo el texto legal no indica cuales son los criterios que pueden guiar la discrecionalidad del órgano judicial, aunque la Corte de Casación italiana señalaba la constatación de la existencia de una “excesiva onerosidad” para la empresa derivada de la readmisión del trabajador como el elemento que orientara esta decisión. Para la primera Sentencia, esta (im)precisión legal es inconstitucional porque vulnera los principios de igualdad y razonabilidad, dado que la reconstrucción de la relación de trabajo mediante la readmisión es el más incisivo de los remedios que el ordenamiento justamente dispone ante la constatación de la  inexistencia del hecho que motiva el despido, lo que supone una vulneración directa del derecho al trabajo en su manifestación de exigir justa causa para la acción de despedir. La norma que remite al juez la decisión discrecional que permite inaplicar la readmisión del trabajador despedido supone a la postre la consolidación del ejercicio arbitrario del poder de despedir, y esta conducta tiene un desvalor esencial con independencia que se produzca aduciendo un hecho disciplinario inexistente o una razón productiva u organizativa que carece de realidad. Se trata por tanto de una acción ilegítima que colisiona directamente con el principio de justificación de la rescisión unilateral del contrato al que obliga tanto el reconocimiento del derecho al trabajo como el principio de igualdad de trato.

En la sentencia consecutiva, la 125/2022, el objeto de inconstitucionalidad es la expresión “manifiesta” inexistencia del hecho en los despidos por motivos económicos, productivos u organizativos, un concepto indeterminado que se presta a variadas interpretaciones que pueden dar lugar a diferencias de trato irrazonables, además de que la subsistencia de un hecho no es una noción que se pueda graduar, un hecho no es apreciable según diferentes niveles, sino que el juez lo valora en términos positivos- existe y está en la base de la decisión empresarial -o negativos – no “subsiste” y por tanto no integra el motivo alegado- por lo que la Corte  considera que el adjetivo es inconstitucional y que el juez debe por tanto atender a lo genuino y real de la opción empresarial que, de no darse en la realidad, conduce a la readmisión de la persona despedida.

La última de las sentencias, la muy reciente 183/2022, publicada ayer, 22 de julio, ha sido muy contundente al exigir una acción legislativa que lleve a la norma las indicaciones que la doctrina constitucional ha ido declarando. La cuestión planteada afectaba de nuevo a la Jobs Act en la prescripción por la que reduce la indemnización por despido de un mínimo de tres a un máximo de seis meses en función de la antigüedad del trabajador en aquellas empresas de menos de 15 personas trabajadoras. Una tutela prácticamente “uniforme” que da relevancia al número de personas empleadas en la empresa, y no permite valorar ni las peculiaridades personales del caso ni la gravedad de la infracción efectuada por el empleador en el despido. En el proceso, han comparecido como amicus curiae la asociación de abogados y juristas Comma 2 – Lavoro e Dignitá (que hace referencia al párrafo 2 del art. 3 de la Constitución italiana y el compromiso de remover los obstáculos que impidan la participación de los trabajadores en la vida económica, social y cultural del país) y la confederación sindical CGIL, lo que denota la importancia estratégica de la cuestión planteada. Como también conoce la audiencia del blog, este es un tema a debate entre nosotros, que se ha planteado con la presencia como coadyuvante de UGT y CCOO en el proceso de inconstitucionalidad del RDL 32/2021, promovido por la ultraderecha política. (La personación de los sindicatos en el recurso de inconstitucionalidadLa defensa de la constitucionalidad y los sindcatos: Brasil )

La sentencia rechaza la cuestión porque entiende que el juez no puede inaplicar la norma vigente sin sustituirla por otra regla diferente a la recogida en la Jobs Act, pero a la vez expresa una muy fundada crítica de ésta sobre la base de la doctrina ya emanada y consolidada. “En un sistema centrado en el alcance tendencialmente general de la protección monetaria, la especificidad de las pequeñas realidades organizativas, no puede justificar un sacrificio desproporcionado del derecho del trabajador a obtener una indemnización adecuada por el perjuicio sufrido”, lo que sucede en dos aspectos fundamentales, lo reducido del intervalo entre el mínimo y la cuantía máxima de la prestación y, por otra parte, por el criterio que hace depender la aplicación de la reducción de la indemnización exclusivamente del número de empleados. Lo primero “frustra la necesidad de ajustar el importe a la especificidad de cada caso individual, con vistas a una compensación adecuada y una disuasión eficaz”; lo segundo, “no refleja por sí mismo la fuerza económica real del empresario, ni la gravedad del despido arbitrario, ni proporciona parámetros plausibles para una liquidación de daños y perjuicios que permita aproximarse a las particularidades de los casos concretos”. Por tanto este sistema, para el Tribunal, no satisface las exigencias constitucionales de una eficaz tutela indemnizatoria frente a los despidos ilegítimos.

Es decir, la Sentencia aprecia la lesión denunciada y declara la necesidad de que el ordenamiento se dote de los remedios adecuados frente a los despidos improcedentes en estas empresas de reducidas dimensiones, pero a la vez reconoce que la Corte constitucional no puede poner remedio a la misma, puesto lo que el objeto de la pretensión es la redefinición -in melius para el trabajador despedido ilegalmente- del umbral máximo de la indemnización, sin que se puedan encontrar soluciones predefinidas que respondan a esta pretensión, lo que solo es posible en una redefinición que abarca un abanico de múltiples soluciones posibles que sólo puede hacer el legislador en su apreciación discrecional del tema. Ahora bien, no se puede desdeñar el hecho de que se trata de una “normativa de importancia esencial” por su conexión con los derechos fundamentales que afectan a la persona trabajadora y que proyectan su alcance sobre el sistema económico en general, de manera que de continuar la “inercia legislativa” en este asunto, la Corte constitucional advierte que esta omisión “no sería tolerable” y, de ser de nuevo solicitada a pronunciarse sobre esta materia, estaría obligada, pese a las dificultades señaladas, a intervenir directamente sobre la misma.

Este contundente aviso a un legislador renuente a reformar el sistema de despido sobre la base de la doctrina constitucional es realmente trascendental y abre un importante espacio de debate sobre las líneas que debe seguir la conformación de un conjunto de reglas que ha ido marcando la jurisprudencia constitucional en abierta oposición a la línea de política del derecho que ha degradado las garantías de las personas trabajadoras frente al despido ilegítimo. No obstante, la inestabilidad de la gobernanza italiana y la posible convocatoria de elecciones ante la dimisión de Draghi como presidente del Consejo de ministros de un gobierno de unidad nacional, no permite una excesiva confianza en el impulso legislativo en esta materia.

Como se puede fácilmente comprender, este es también un debate que debe importarse a nuestro espacio cultural y político. Las decisiones del Comité de Derechos Sociales que confronta nuestro régimen indemnizatorio con el art 24 de la Carta Social Europea, seguramente serán un motivo cierto para impulsar esa discusión, pero el anuncio de un nuevo Estatuto del Trabajo y la apertura de un debate sobre el marco institucional en general, hace necesariamente que éste sea un tema que se aborde dentro de él de manera prioritaria. Esta es la utilidad inmediata de estas decisiones de la Corte Constitucional italiana y el enfoque que marcan sobre la regulación del componente indemnizatorio del despido.