jueves, 11 de abril de 2024

…”Yo no les llamo ´redes sociales´ para mí son plataformas de expresividad de uno mismo”…Eric Sadin apasionante entrevista en su visita a Buenos Aires.

 Eric Sadin: “No soy un profeta pero veo antes las cosas y digo lo que, creo, nadie dice”

Por Guillermo E. Pintos

10 Abr, 2024 01:00 a.m. AR

INFOBAE, Bs.As. Argentina

Eric Sadin, fotografiado en el rectorado de la Universidad de 3 de Febrero, abril de 2024

Eric Sadin está en Buenos Aires, a propósito de la edición de su más reciente libro La vida espectral. Pensar la era del metaverso y las inteligencias artificiales generativas (Caja Negra Editora) y ha venido preparado. O bien, ha sido advertido: en el final de una extensa charla con Infobae Cultura, el filósofo francés que parece una estrella de rock, uno de los pensadores más lúcidos de este tiempo, pide repelente (lleva uno en su bolso, todo un privilegiado) para protegerse de los mosquitos. Es solamente un dato, una imagen de color (otro momento de distensión será para hablar de ¡fútbol!: Mbappé, la final de Qatar y los cuartos de final de la Champions League, en donde el PSG-Barcelona acapara su atención, incluso antes de brindar una conferencia en el rectorado de la UNTREF).

Sadin es -se hablará de esto durante este diálogo- certero analista de la revolución tecnológica acelerada a velocidad supersónica en la última década del siglo XXI. Escucha con atención cada pregunta -no fueron muchas, no hacía falta por cierto- y responde con pasión. A veces, incluso, se pone de pie y eleva la voz para reafirmar un concepto. En este diálogo de pocas preguntas y extensas respuestas (todas, de recomendable lectura) habla del lado oscuro de la Inteligencia Artificial, sus usos y abusos, de los humores sociales al compás de la tecnología puesta en la palma de nuestras manos, de la hegemonía de pensamiento que ejercen ciertos famosos personajes de la época e, inevitable estando en Argentina y atravesando este tiempo tan particular, responde sobre la boutade de un legislador oficialista sobre la educación escolar y por supuesto, de la significación histórica de la ascensión al poder del presidente Javier Milei.

— ¿El cine y las series oficiaron predijeron este presente que estamos viviendo?

— No se puede ser tan categórico. Sí podemos decir que pasaron dos cosas en Hollywood como industria, desde hace unos 20 años: 1) presentir ciertos fenómenos. Dentro del cine concretamente, está Minority Report de Steven Spielberg sobre el libro de Philip K. Dick, es bastante increíble en cuanto al reconocimiento facial, la vigilancia y la hiper personalización de la oferta. Cuando Tom Cruise atraviesa un supermercado, sus ojos son escaneados, lo llaman por su nombre y le proponen una oferta comercial. Es exactamente lo que pasa en los aeropuertos de Estados Unidos hoy en día: hay pantallas que difunden la información sobre los vuelos, que escanean el rostro de las personas y te dicen ‘Guillermo es hora de dirigirte a tal puerta, pero podés pasar por la tienda de Hermes’ (si sabemos que tienes el dinero para comprar algo ahí).

2) En el caso de las series, podemos pensar en Black Mirror también. Hay como un presentimiento del fenómeno ahí… A mí lo que me incomoda es que después eso devino en una rama comercial. Soy muy crítico de las series, pero no quiero hablar de eso ahora. Porque la industria de las series es una hiperpersonalización masiva. Los guiones se hacen en función de algoritmos, según el análisis de los comportamientos. Hay sistemas que dicen qué es mejor desde el punto de vista de la tensión o la frecuentación, narrar una historia u otra. Eso ya no es un proyecto artístico sino que es un proyecto industrial de captación de la atención.

Pero todo esto no es mi problema principal. Porque lo que estoy diciendo ya lo dice un montón de gente. Yo digo cosas específicas que, creo, nadie dice. Para mí hablar de esto, no es muy original. Decir que la industria quiere captar la atención es casi un cliché hoy en día y yo no me manejo con los clichés.

Tom Cruise en "Minority Report" (2002)

— Hablando de inteligencia artificial generativa, redes sociales, comportamientos captados por algoritmos, mecanismos de control social en función de estas tecnologías ¿Se siente un profeta?

—No, no vamos a hablar de profeta pero puedo decir que supe captar señales débiles, luego más o menos fuertes, frente a las cuales me dije desde muy temprano que estaban anunciando situaciones que por mi parte debían movilizar mi atención, mi trabajo de análisis e investigación. Pienso por ejemplo en un libro que se llama Vigilancia global, con el subtítulo “Investigación sobre una nueva forma de control”, que data de 2009. Fue mi primer ensayo teórico. En aquella época cuando publiqué ese libro me decían “¿no es un poco paranoico?”. Allí analizaba las nuevas formas de vigilancia digital (y tengo que decir que hoy en día ese no es el desafío principal).

Pero resulta que cuatro años después, en junio de 2013, sucedió el caso Snowden y ahí me invitaron a la radio y la televisión para hablar de las nuevas formas de vigilancia. Y todos mis libros -el recién publicado es el noveno- en términos metodológicos me dediqué a analizar todo lo que estaba pasando en el presente, desde un punto de desarrollo económico-tecnológico porque la tecnología no existe de manera aislada sino que son especificaciones económicas las que dictan el desarrollo. Me dediqué entonces a analizar esos desarrollos en tiempo presente, inscribiéndolos dentro de una genealogía histórica y dedicándome a interpretar señales débiles y las más o menos fuertes que daban cuenta de fenómenos que probablemente iban a suceder.

Esto no es futurología sino intentar ver más allá de la neblina y eso lo hice sistemáticamente. Es mi singular método de trabajo, que dio como resultado Vigilancia global, y también un libro que no se tradujo al español que se llama La sociedad de la anticipación (2011): allí hablaba de los algoritmos cada vez más predictivos, que tenían la ambición de captar los fenómenos antes de que sucedan desde un punto de vista securitario, salud, seguros, gestión bancaria e inclusive el trabajo. Entendí enseguida que había algoritmos predictivos. Entonces, puedo decir: creo que no me equivoqué (cuando digo “creo”, es “estoy seguro”). En realidad, no me equivoqué demasiado. Creo que no me equivoqué nunca. Veo las cosas antes, pero no porque soy profeta sino que pongo a mi disposición herramientas de análisis que me permiten entender cosas que se están gestando.

"No es futurología, sino intentar ver más allá de la neblina", dice Eric Sadin

Y ya que se trata de una pregunta personal, Guillermo, voy a decir algo íntimo y personal. Es probable que yo sea una persona hipersensible. Cuando digo “hipersensible”, me refiero a que soy una esponja... Para el libro El individuo tirano, veía personas caminando, hablando de distintas maneras. Llegué a mi casa y escribí “está pasando algo, son señales”. Esa es la hipersensibilidad.

Para terminar sobre tu pregunta, es probable que en relación con la inteligencia artificial y más aún a propósito de las IA generativas, veo venir las cosas a partir de esos análisis, de observaciones, de cosas que ya están desarrollo. Me gustaría citar una frase de Céline en Viaje al final de la noche: el personaje principal dice “yo, a la catástrofe, la vi venir”. Es hermoso ¿no? Lo voy a poner como epígrafe de mi próximo libro. No es profecía, es un método y es agudeza, y también una sospecha. Tiene que ver con los clichés y los discursos dominantes. Hay discursos que se han impuesto mayoritariamente a partir de una visión del mundo, de intereses privados. No es a partir de ello que yo hablo. Hablo a partir de una independencia absoluta. No dependo de nadie sino que me determino en función de lo que espero sea la fuerza de mis análisis y los principios humanistas sobre los que me respaldo. Es muy simple. Eso crea una diferencia en los discursos.

— Uno de los temas de esta semana surgió a partir de las declaraciones del diputado oficialista Benegas Lynch sobre la potestad de los padres en enviar (o no) a sus hijos a la escuela ¿Qué piensa?l

(Exclama una reiterada onomatopeya que se parece a un “sí” en francés, alargado y estentóreo)

— No son los padres los que tienen que decidir. En nuestras sociedades, la educación -ante todo- es el aprendizaje de tres cosas: 1) Las reglas: reglas de lenguaje, reglas de vida, reglas de sociabilidad, de autoridad. Un niño de 5 años no tiene el nivel de autoridad de un profesor de 40 (lo lamento, pero lo tengo que decir). Y el aprendizaje: de la pluralidad, de la contradicción. También de la necesidad de oírnos entre nosotros. La escuela es un mini laboratorio social que puede elevarnos y hacernos aprender lo que son las reglas de la sociedad.

Eric Sadin brinda una conferencia este miércoles a las 18 hs. en la Sede Rectorado Centro de UNTREF

Y no solo eso, la escuela también es un lugar donde vamos a desprendernos (como dice Michel Foucault) de nosotros mismos ¿Cómo te desprendes de vos mismo? De sí mismo, de las pavadas que a veces dicen los padres o lo que oyen en la calle. Desprenderse de sí mismo implica darse la oportunidad de pensar distinto ¿a través de qué? Del descubrimiento de las grandes obras. Del “Gran Otro”: personas que trabajaron para hacer grandes obra y que nos hacen ver el mundo de otra manera, que nos enriquecen. Estas personas se llaman Jorge Luis BorgesVíctor Hugo, Dante...

No son mis papás los que me dicen “vos tenés que aprender esto”. Hay una distancia. Los padres pueden ser el diablo, pueden querer alinear a los niños a sus propias leyes, que no son única. Está la ley de la sociedad también y ¿qué es? Que lo común nos obliga, esa es la escuela. En la era del individuo tirano los chicos están en la casa, con los padres y el homeschooling personalizado, y ese es el inicio de la intensificación del individuo tirano: ver únicamente el mundo a través de los propios caprichos. O sea, el infierno en la tierra.

Hannah Arendt habla de la escuela también, justamente sobre la autoridad en la escuela. Porque la autoridad es saber, ese saber el cual cuando no sabemos o sabemos poco, es una oportunidad pública y también social para poder crecer. De hacernos crecer. Te digo un secreto, Guillermo: cuando tenía 17 años hice algo extraordinario, me leí todo En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Y me cambió la vida.

Hannah Arendt (1906 - 1975)

Creo que tenemos tendencia en nuestra sociedad y sobre todo con el uso de las tecnologías digitales, a evacuar al otro de nuestro horizonte. Es una tendencia social, civilizatoria, sumamente importante. Porque la idea de que con las tecnologías que tenemos entre manos, es la idea de una ilusión de una autosuficiencia. Es un ejemplo tonto: si quiero tomar una foto con la traductora, te doy la cámara y vos la sacás. Ahora no se necesita al otro. Voy caminando por Buenos Aires, le pregunto a alguien: “¿dónde queda Palermo?” ¿Pero qué significa preguntarle a alguien? Significa que hay algo social que existe. Lo social es el otro que me aporta cosas que quizás, soy incapaz de aportar. Un médico aporta, un profesor lo mismo. Algo como “el otro” es dejado de lado, en beneficio de saciar nuestro propio decir. Replegados en nosotros mismos y eso, es el homeschooling: evacuamos a dos figuras y media. El profesor como figura de carne y hueso, con su presencia. Los compañeros de clase, de quiene se aprende mucho aunque a veces nos peleemos. Y también, esto no es personalizado, alguien que te diga “estaría bien que leas a Emile Zola o bien un niño que pueda encontrar un libro de Cervantes. Guau. Aportar lo que haga descubrir cosas, para pensar distinto. El homeschooling es la negación de todo esto.

— En su nuevo libro, habla de “empresarios e ingenieros cuyas mentes se parecen a las de postadolescentes eternos con biberones llenos de videojuegos”. Esta descripción tiene nombres y apellidos: Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg... Son actores políticos de peso hoy en día ¿Hasta dónde puede llegar su influencia en la sociedad global?

— Es una tendencia muy fuerte desde hace 15, 20 años, que se intensificó recientemente. Los oráculos son los grandes gurúes de la tecnología. Es una mentalidad que lograron imponer, que nosotros -de cierta manera- hemos interiorizado y cuestionado muy poco.

—Adoramos al exitoso

— Si, la idea es que se otorgaron ellos mismos el derecho, la posición muy singular (ya lo analicé en 2016, en La Siliconización del mundo) no solo producir tecnologías hipersofisticadas, hiperseductoras, que facilitan el curso de nuestras existencias, teniendo al mismo tiempo un discurso sobre la sociedad tal y cómo será, que va a estar mejor organizada, más virtuosa, más intensa gracias a todas esas producciones. Ese es nuestro error porque eso no forma parte de sus competencias. No se puede ser a la vez, empresario e ingeniero, y ser filósofos de la existencia correcta. Para decirlo mal y pronto: nos embromaron. Creímos en eso, a punto tal que el discurso de Mark Zuckerberg en 2016, 2017 no recuerdo bien, fue publicado por Le Monde (y yo no estaba nada contento) en doble página. Me acuerdo también que el semanario más leído en Francia, Le Point, le dedicó una tapa con las fotos de Musk-Zuckerberg-Bezos y otros, y tituló “Los nuevos pensadores de nuestro tiempo”. Eso fue un error conceptual confundir y, a quienes hacen las cosas (ok, lo hacen ellos), dar crédito a sus discursos.

Sam Altman, CEO de OpenAI, durante la cumbre de cooperación económica del Pacífico y Asia, en San Francisco, el 16 de noviembre de 2023

Con la IA se esta repitiendo la historia, porque Sam Altman (N. de la R: director ejecutivo de OpenAI) y todos los diseñadores de las IA generativas, sin argumentar nada, nos dicen que esto va a ser tanto mejor para la humanidad. Ni siquiera sabemos por qué. En pocas palabras voy a decir cómo va a ser mejor para la humanidad. La IA generativa no es lo solamente los prompts para producir texto, si no también para producir imágenes. Con una mera instrucción, construimos la imagen del Papa Francisco con la campera blanca o y el deep fake de Joe Biden. Nuestras sociedades ya están los suficientemente locas, signadas por la crispación, con expresión de rencores y resentimientos, pero eso no es suficiente. Ahora encima, de los que dicen que va a ser una super humanidad gracias a la IA generativa, ponemos en manos de todos herramientas como Midjourney DALL-E. Sentado en un sillón y con una simple instrucción, vamos a generar la imagen de mi vecino con el que estoy peleado: una imagen suya pegándole a otra vecina. Y eso lo subo a internet. Esto es de una extrema gravedad.

Vamos a un régimen que yo llamo de la “indistinción generalizada”, es decir que ya no sabremos ni la naturaleza ni el origen de una imagen. Esto será fuente de muchos peligros porque una sociedad no es solamente los principios que tenemos en común, sino también los referentes comunes. A falta de eso, ya no nos vamos a entender. Si yo digo “vaso” y vos no entendés lo mismo que yo... Son herramientas que van a hacer que desconfiemos del otro y de su percepción, y que van a hacer que crezcan lógicas -particularmente ahora en Argentina, pero en todos lados- de desconfianza generalizada. Es una catástrofe porque ya no hay más lazos sociales, cada uno se encomienda a sus propios tropismos.

Estamos en sociedades, con el régimen tecno-liberal, en donde se ha convertido en algo impensable prohibir. No sabemos más prohibir, estamos siempre acompañados por el presupuesto de la “regulación”.

—Gobierna Argentina un presidente tecno-liberal (si me permite tomar libremente su concepto). La sociedad argentina asiste a algo completamente desconocido, se trata de un personaje extraordinario en más de un sentido ¿A partir de ahora vendrán otros como él y ya no habrá más políticos “aburridos”?

—Bueno, fue electo por los argentinos. Y lo más importante fue lo que dijo desde un comienzo: “les mintieron”. Siempre es la misma lógica, “son todos una mierda y les mintieron”. Es una tendencia mundial. En cualquier caso, es probable que Milei sea el porvenir, el futuro del mundo ¿Por qué? Su ethos es algo que va a reproducirse en las realidades locales de muchos países. Me preguntaste si me consideraba un profeta, bueno... Quizás, quizás, te dejo que me digas “profeta”.

"Como sociedad, tenemos la tendencia, y sobre todo con el uso de las tecnologías digitales, a evacuar al otro de nuestro horizonte", dice Eric Sadin

—¿No le gusta “cronista de su tiempo” en todo caso?

— No, profeta es muy pretencioso y cronista no sé... (risas). Ya está, ya hablamos de eso. Volvamos a Milei. Si fue electo, por el tipo de personaje que es, su singularidad extraordinaria y su psiquiatría, es por su capacidad para captar lo que está pasando. Estas personas como él no tienen modos de comprensión muy complejas pero captan muy bien un estado de ánimo de un pueblo en determinado momento ¿Y cuál es el estado de ánimo vigente, entonces? A grosso modo desde la generalización de las redes sociales, desde mediados de los años 2010, ahí hubo un giro que yo analicé en La era del individuo tirano. Ese giro es producto de un largo proceso histórico que vio el hecho que multitudes, pero también generaciones sucesivas, vivieron una serie de desilusiones en relación con un orden político y económico que estaba en funcionamiento.

Elegimos a alguien por sus promesas, nunca funciona y siempre nos menoscaban. Entonces hay todo un entorno económico, laboral, político que hace que cada vez más masas importantes de gente tengan la impresión de ser inútiles y ser invisibles. Con discursos que prometen las mil maravillas del mundo y siempre fueron una desilusión, con condiciones de vida cada vez más difíciles, con una amplificación de la precariedad, las desigualdades, el repliegue de los servicios públicos, dimensiones gerenciales cada vez más implacables. Todo esto generó condiciones para que, en un momento dado, ya no creamos más en nada. Y también con el choque histórico que hace que la industria digital, sin que esto haya sido concertado (es un azar de la historia), puso en manos de los individuos tecnología que les brindan una percepción de autosuficiencia, de una facilitación de la vida. Yo no les llamo “redes sociales”, para mí son plataformas de expresividad de uno mismo.

"Si fue electo, es por su capacidad para captar lo que está ndo" dice Eric Sadin sobre el presidente Javier Milei

¿Y qué pasó entonces? En el momento en que venimos de una desilusión en otra, las crisis financieras, condiciones de management cada vez más agresivas, los votos contrarios en Francia y Países Bajos a la Constitución europea... El ejecutivo rompió con eso, eso fue un veneno: “no servimos para nada”, ni siquiera mi voto es tenido en cuenta. Al mismo tiempo, se les da a la gente tecnología que les hace sentir “somos los reyes del mundo”, que el mundo viene a ellos a través de un mensajito de 140 caracteres -una puerta abierta a la complejidad intelectual, estoy bromeando-. En el libro analizo la interfase de X: desde hace diez años principalmente, el 80% de los posts son expresiones de rencor y resentimiento. Cuanto más se expresa eso, más se mantienen y se vuelven a repetir, correlacionados con los alter-facts, las fake news... Es un momento de la historia con varios relatos desinformados al mismo tiempo. Cada uno crea su propio relato a partir de sus subjetividades.

Ese es el momento que capitaliza Milei: es tiempo de ir al “ajuste de cuentas”. Eso es: ya nos han engañado lo suficiente todas esas instancias que tenían poder y autoridad, los responsables políticos, las instituciones, el mundo económico, el mundo de los medios. Todo lo que tiene autoridad y en parte esto explica la crisis de la escuela también, se terminó. Ya está. En Francia se viralizó un video de una pareja, con un millón de vistas, Le Monde publicó un artículo... El video era “si nos para la policía porque vamos rápido con el auto y me piden que pague una multa, no pagamos porque el Estado es una sociedad privada en manos de Estados Unidos”. Una psiquiatrización total. Milei se explica a partir de esto. Y esto existe en Argentina porque la Argentina tiene una historia difícil, la gente sufre la inflación... Viene alguien y con audacia dice: “todos los poderosos nos han engañado”. Es una tendencia que no es casual que haya germinado en Argentina. Es una tendencia mundial que es portadora de numerosos peligros. Porque si cada uno vive a partir de la justificación de sus actos, a partir de sus propios (supuestos) sufrimientos, es el fin de lo que llamamos sociedad.

Traductora: Agustina Blanco

[Fotos: Guillermo Monteleone - Coni Rosman/Gentileza prensa UNTREF; Fred Stein Archive/Archive Photos/Getty Images]

 

lunes, 8 de abril de 2024

Argentina: antes les niñez jugaban en la calle por diversos factores hoy ya n ocurre. Interesante analisis

 

Gustavo Makrucz, doctor en Salud Mental Comunitaria

"La ausencia del juego en la calle muestra la pobreza de la vida comunitaria"

Es autor de Juegos y miedos callejeros. Transformaciones en el uso de los espacios públicos urbanos (UNLa). Aquí, analiza la historia del juego callejero, su inexistencia actual y los significados sociales de esa transformación.

Por Lautaro Ortiz

8 de abril de 2024 - 00:01 Pagina 12 Bs.As. Argentina

. Imagen: Verónica Bellomo

¿Cuántas veces usamos el verbo jugar por día?: 'Tenés que jugarte', 'Jugátela', 'dejá de jugar con tu vida', y otras tantas alusiones al 'juego político' y 'al juego institucional'. Es que jugar es algo muy serio, por eso se lo trata de infantilizar. No es solemne, es lo más serio que hay”, afirma el doctor en Salud Mental Comunitaria, psicólogo e investigador Gustavo Makrucz, autor del reciente libro Juegos y miedos callejeros. Transformaciones en el uso de los espacios públicos urbanos, editado por la Universidad Nacional de Lanús, en su Colección Doctorado en Salud Mental Comunitaria, notorio texto donde reflexiona y analiza (tras un trabajo de campo e investigación social en tres barrios porteños) cómo y por qué la vida cotidiana, social y política de los habitantes promovió transformaciones en el uso de los espacios públicos urbanos, entre ellos, la desaparición de los juegos callejeros. Esa pérdida de lo lúdico en los barrios se convirtió en uno de los factores clave para entender la construcción del miedo y la percepción de inseguridad (sumado a los hechos de inseguridad real) en la vida urbana.



Si bien Makrucz ensaya sobre la práctica de los juegos callejeros como la bolita, las escondidas, el cupacupa o el fútbol, en el período comprendido entre 1970 y 1985, su lectura tiene resonancias con el presente, donde el tándem juego/miedo interpela a la Ciudad y ofrece una lectura sobre la salud de la sociedad.

--Jugar es fantasear en un mundo real, diría Freud.

--Puede ser, aunque me gusta o me parece más inquietante la frase de Nietzsche: “la madurez del hombre es haber reencontrado la seriedad que de niño se tenía al jugar”.

--¿Por qué?

--Porque jugar implica infinidad de cosas: derroche, liberación de energía, placer y aventura, exploración y transgresión. A veces competencia, aunque mayormente no sea lo más importante.

--Lo más importante fue la investigación ¿cuáles son sus características?

--En el libro intenté describir las relaciones y representaciones de los vecinos respecto al espacio público urbano en los barrios de Saavedra, Villa Urquiza y Coghlan en el período 1970-1985, barrios y años donde transcurrieron mi niñez y adolescencia. Los juegos constituyen el eje elegido para narrar el modo en que se organizaban las prácticas cotidianas de los vecinos. Estas relaciones, en la urdimbre de los juegos y otras actividades callejeras, dan cuenta de la apropiación que estos hacen del barrio.

--¿Qué se debe entender por juegos callejeros?

--Cualquier actividad desplegada “en común” fuera de las casas familiares: veredas, esquinas, placitas, baldíos, estaciones de tren, clubes de barrio, locales partidarios, festividades como la fogata de San Pedro y San Pablo, los carnavales a manguerazo limpio, etc. Con “en común” me refiero a prácticas comunitarias, a lo que fácilmente podemos homologar con las características de lo “público”, en oposición a lo privado.

--Su estudio se basa fundamentalmente en entrevistas con los vecinos. ¿Qué conclusiones obtuvo en relación al juego y los miedos?

--Sí, los testimonios dan cuenta de cómo los vecinos exploraban el barrio a través de los juegos callejeros, de cómo accedían a lo desconocido e investigaban lo que podría considerarse prohibido. A partir de los recuerdos de los juegos en la calle pude recrear, además, las vivencias de los vecinos respecto a la relación seguridad-inseguridad, términos que mayormente no se utilizaban en los 70s, aunque sí la palabra miedo. Lo que entendemos hace tiempo como inseguridad real y sensación de inseguridad debe enmarcarse en algo más amplio derivado de las transformaciones de los modos en que los habitantes de una ciudad se apropian del espacio público urbano. Tanto en esos barrios que aludo, como en muchos otros, el juego callejero ha desaparecido, se ha fugado. Aún persiste en los barrios de la zona sur de la ciudad, donde habitan las clases denominadas bajas. Es una rareza, como cuando vas en el subte y te encontrás a alguien que, milagrosamente, está leyendo un libro. Ocurre muy poco, casi nada.

--¿Qué significa para una ciudad la presencia del juego en las calles y qué significa su ausencia?

--Fundamentalmente significa salud mental. Las calles como lugar de encuentro e intercambio, como dice el pedagogo Francesco Tonucci, y no como espacio marcado por su valor comercial. Se ha instalado con total impunidad eso de “sacar a los chicos de la calle” y pocas veces se añade la cuestión de los riesgos en sí, y se da por supuesto que dentro de las casas no hay riesgos, sabemos que no es así. Riesgos hay siempre y en cualquier lugar. Por otra parte, la ausencia del juego en la calle muestra, principalmente, la pobreza de la vida comunitaria. Parafraseando al historiador y sociólogo Lewis Mumford, es cuando la velocidad y el poder lo son todo. En otra época la calle lo era todo, la cohesión comunitaria lo propiciaba y la seguridad era a la intemperie. La calle te salvaba de tu familia, dicen en algunos casos.

--¿De qué manera el juego callejero se convierte en un factor de peligro para quienes buscan convertir los espacios públicos en meros lugares de tránsito?

--El jugar en la calle es muy aventurado, por eso siempre se lo desalienta y se lo intenta reproducir, con distinta suerte, en espacios institucionales. Hay un cuerpo a cuerpo en la calle, y el aprendizaje que conlleva eso es infinito. Nada parecido ocurre en las redes sociales, donde reina el anonimato e, increíblemente, se la señala como una “comunidad virtual”. Un juego típico de esos barrios fue el “cupacupa”, muy complejo para explicar aquí, pero podemos asimilarlo al juego de la escondida, pero móvil: 15 o 20 personas atraviesan decenas de calles corriendo para cualquier lugar, como una estampida. Imposible pensarlo hoy, duraría dos minutos en vez de toda una tarde, llamarían al 911 e irían todos demorados, por decir algo suave. Por suerte aún perdura esa expresión de que alguien “tiene barrio”. O “en mi barrio” a eso se le decía de otro modo. Aunque la identidad estaba más dada por determinadas calles y banditas, que por barrios. Y que estas incluían muchas veces integrantes de más de un barrio. Y un barrio contenía decenas de banditas. Por ejemplo: los desafíos de fútbol eran contra los de determinada esquina que quedaba a cinco cuadras. Era un mundo distinto, a solo cinco cuadras de distancia.

--La identidad en movimiento...

--Claro, la identidad nunca es algo original, siempre es efecto de todo tipo de vínculos, nunca está del todo dada y transitamos cada vez más identidades problemáticas y problematizantes.

--¿Cuáles fueron los factores principales de la eliminación de los juegos en las calles?

--Todos los entrevistados manifiestan cierto patrón: haber pasado de un momento de mucha libertad y seguridad a otro donde el miedo fue in crescendo. Esto desemboca en una sensación de inseguridad, además de hechos de inseguridad. La demolición de los cuatro kilómetros por la Autopista Central 3, la AU3, es, en sí, un hecho de inseguridad real, tramitada en forma de miedo y desolación tanto por quienes tuvieron que irse del lugar, como los que se quedaron. Los casos de desaparecidos reales del barrio, no recordados por la mayoría de los entrevistados, aunque algunos vivieran a metros de sus casas, inciden de manera determinante en las transformaciones del espacio público. El estado de sitio y la aplicación de los edictos policiales dan el marco “legal”. Juntarse de a tres personas en una esquina era muy peligroso, en esquinas donde poco antes se congregaban de a decenas. Muy poco antes podías estar toda la noche, incluso jugando a la pelota a las 3 de la mañana, pasaba el patrullero y no te decía nada. Hubo un lugar emblemático, se lo denominaba “la bajadita” y aún sigue estando, la ochava de las calles Machain y Manuela Pedraza, esquina de la escuela Costa Rica. Se juntaban varias generaciones, encontrabas amigos en cualquier momento del día. Cuando se hizo peligroso permanecer allí por las noches, el chofer de un micro escolar, emplazado en diagonal, lo habilitaba para pasar la noche allí, al resguardo de la policía. La policía podía llevarte preso, incluso, por jugar al fútbol en la plaza a la tarde. En el reinicio del orden democrático comienzan las ocupaciones de las casas semidemolidas por la traza de la AU3 y eso ya completa el panorama. La inseguridad, objetiva y subjetiva, quedan instaladas para siempre, o al menos hasta el día de hoy. “La dictadura vació la calle de gente y la llenó de delincuentes”, dice un entrevistado.

--¿En qué casos se pueden relacionar la inseguridad objetiva con el miedo?

--El secuestro y el asesinato del adolescente Matías Berardi, ocurrido en 2010, en Tigre. Ese chico es capturado, y los secuestradores le exigen al padre una suma de dinero. Por descuido de sus captores Matías logra escapar, corre más de 200 metros gritando por la calle y golpeando casas que es el chico secuestrado, muchos vecinos declaran después que lo escucharon pero que no atinaron ni siquiera a llamar al 911, “no saben por qué”. ¡Fue por miedo! O por desidia, da igual. El chico se cruza con un remisero que tampoco reacciona y justo es alcanzado por los captores. Aparece acribillado al día siguiente en Ruta 6, en Campana. Recién entonces los vecinos intuyen, al ver la noticia en la televisión, que podía ser el chico que escucharon gritar, y llaman, ahora sí, al 911. Terrible y cruel. Inseguridad real e inseguridad subjetiva entreverados, horriblemente. Lo que hoy se denomina moda de la crueldad es impensable sin el miedo como subyacente. Los lazos sociales están muy idealizados. El miedo y la crueldad enlazan tanto como el amor y la solidaridad.

--¿De qué manera el juego encontró espacios nuevos donde desarrollarse?

--En los años que abarca mi investigación hay tres hechos políticos insoslayables. En un período relativamente corto se suceden la muerte de Perón y la aparición de la violencia urbana; la interrupción sangrienta y asesina del orden democrático; la vuelta al estado de sitio y a la aplicación de los edictos policiales (que regían desde antes, pero en los que la gente no reparabale hacía caso omiso); y, en los barrios a los que me refiero, la demolición de casi cuatro kilómetros para el emplazamiento de la AU3, que no termina concretándose. Desaparecen decenas de manzanas y cientos de familias. La desolación, la angustia, el desarraigo, los miedos y el silencio demoledor que impuso ese megaemprendimiento de la dictadura sobre el mismo tejido urbano son narrados ineludiblemente por la gente. La muerte de Perón fue vista como la muerte de un padre protector (ante la aparición de la violencia urbana, como dije anteriormente), incluso en entrevistados y familias antiperonistas. Estos tres factores hicieron “desaparecer” la vida en común en los espacios públicos, tal como habían transcurrido por mucho tiempo. Y así quedó hasta la actualidad. Los juegos o las juntadas se trasladaron a los clubes de barrio como modo de resguardarse del peligro de la policía, pero la policía también entraba muchas veces allí, mayormente a joder, nomás.

--¿La expulsión del juego de las calles está relacionada con una mercantilización de los espacios deportivos, y la reducción de espacios verdes?

--Sí, aunque la mercantilización es el final de este proceso. Mucha gente enseguida asocia el tema con la futura aparición de las escuelitas de fútbol. Johan Cruyff, que promocionó el fútbol callejero a través de programas de su Fundación, solía decir que “jugar en la calle es todavía la manera más pura de jugar al fútbol”. Pablo Aimar dice constantemente que ahora los pibes juegan en las escuelas de fútbol y en los equipos, y luego no juegan. Pero que, cuando él era un niño, además de jugar en alguna institución, antes y después jugaba horas en cualquier espacio, incluso en la calle. Volviendo a la pregunta, el avance del cemento sobre el verde es tremendo. Se le llama espacio verde a un cuadradito de pasto, muchas veces enrejado, en un espacio medido. La ciudad se ha olvidado de los niños, como remarcó Tonucci, citando a Lewis Mumford. Se ha olvidado de la mayor parte de los ciudadanos, sean niños o ancianos. Solo atiende al segmento más fuerte: consumista y productivo.

--¿Cuáles juegos callejeros dejaron de existir y por qué, y cuáles siguen jugándose pese a los factores que los limitan?

--En los barrios investigados ya no hay juegos en las calles, hace décadas. A veces hay algunos juegos en las plazas, organizados por alguna entidad barrial. Hay Juegotecas Barriales en CABA que en muchas oportunidades se desplazan a espacios públicos. Quiero mencionar aquí a los CUJUCA, Cumbre de Juegos Callejeros, un dispositivo territorial que promueve el juego colectivo en el espacio público, iniciado en el 2006 por tres recreólogos que coordinaban talleres en “La Casona de Humahuaca”, en el barrio de Almagro. Son eventos multitudinarios, se corta la calle y ¡a jugar que se acaba el mundo! Es fascinante. Con el tiempo este dispositivo se fue trasladando a otros barrios de la ciudad, a otras provincias y hasta llegó a Montevideo. Hay un fenómeno que se ha dado en los últimos tiempos, que es el desplazamiento de muchos juegos callejeros a otros espacios, en clave institucional y también comercial: hay campeonatos de bolitas, de avioncitos de papel, de billarda, del juego del “quemado”, de escondidas. El juego de la escondida es el juego más popular y el más antiguo de la humanidad.

--¿Jugar hoy en las calles es, entonces, un acto de rebeldía?

--El psicólogo social Fernández Christlieb plantea que el espíritu colectivo vive en los espacios que se han construido desde hace tiempo, y se comunica mediante ellos, ya que la comunicación colectiva no está disponible en la información masiva. Propone cinco emplazamientos: plazas y calles; casas; cafés; parlamento; y el individuo. Hoy podemos ver que el espíritu colectivo se ha desplazado a las casas y a los individuos. Con la pandemia ocurrieron cosas muy contradictorias. En algún momento se conjugaron encerronas angustiantes con ocupaciones de las plazas, como décadas atrás. Era maravilloso, más acá y más allá de lo terrible del momento, ver a cientos de personas festejando cumpleaños, con sus clases de yoga, de box, de zumba, de lo que se te ocurra. Si bien la mayoría festejaba ese acontecimiento y la plaza volvía a ser un lugar de permanencia y de encuentro y no de tránsito, algunos se quejaban porque ¡se había invadido el espacio público! ¡A lo que hemos llegado! Aún persiste algo de eso en las plazas, por suerte. No sé si de rebeldía, creo que jugar significa algo así como detener el tiempo.

--¿Por qué cree que cuando aparecen gobiernos autoritarios lo primero que aparece es la orden de evitar que la gente esté en las calles?

--Porque la lógica principal de los espacios públicos es la de las interacciones: multiplicidad de líneas, desorganización y reorganización constantes. Los espacios públicos están compuestos de hechos problemáticos y problematizantes, solo puede entenderse lo que se expresa allí en términos de interacción y no, estrictamente, en los individuos. No es que desaparecen estos, pero el efecto de la individuación no es lo único que está presente. Las situaciones se redefinen constantemente. Siempre hay un grado de extrañeza y de caos en cualquier territorio, que este podrá soportar o no. Esto último lo saben tanto las autoridades como el ciudadano común. Y así estamos.


lunes, 1 de abril de 2024

RECUERDO DE GERMAN ABDAL

 GERMAN ABDALA uno de los diputados más importantes desde la recuperación de la democracia. 


Recuerdo de su labor patriotica y de su pensamiento


...”Acá la disyuntiva no es estatizar o privatizar. Lo que se debe encontrar es un proyecto político y económico para que este Estado sirva, que es lo que los sectores liberales no quieren. Un Estado en un país como el nuestro; que sirve, que cumple su rol, que planifica, que fiscaliza, que dirige, que da asistencia, ubica al liberalismo fuera de contexto, porque entonces el liberalismo no puede desarrollar su viejo proceso de acumulación en base a la competencia despiadada, a la política monopólica”... German ABDALA, 1955/1993, ex secretario gemeral de ATE y ex Diputado Nacional.


Lo conocí personalmente en la decada de los noventa en sus ultimos días, cuando nos apoyo en la defensa de Puerto Quequen que el menemismo quiso entregar a Mauricio macri y como concejal municipal de Necochea junto a un grupo de compañerxs llevamos adelante esa resistencia.


Luis A. Raffaghelli