Entrevista a
la psicoanalista Mariel Demianiuk
El trabajo
que enferma: síntomas de una época bajo presión
Estrés,
agotamiento extremo y pérdida de sentido son algunas de las formas en que este
padecimiento se manifiesta hoy. Una mirada desde el psicoanálisis para pensar
qué está en juego y cómo abordarlo.
Por Oscar Ranzani 20 de abril de 2026 - 0:01 (Valeria
Ruiz)
Fuente Diario Pagina 12 Bs.As. Argentina
Durante mucho tiempo, el trabajo
fue pensado como un organizador central de la vida: fuente de identidad, de
ingresos y también de inscripción en lo colectivo. Sin embargo, en los últimos
años esa función aparece cada vez más tensionada: jornadas extensas,
incertidumbre laboral, hiperconectividad y exigencias de productividad
configuran un escenario en el que el malestar psíquico deja de ser una
excepción para volverse una experiencia extendida. Lejos de reducirse a un problema individual, el estrés laboral y
el llamado síndrome de burnout invitan a ser leídos como síntomas de una época. En
un contexto donde el rendimiento se vuelve mandato y el descanso casi una
culpa, la dificultad para poner límites y sostener condiciones de trabajo
saludables se vuelve una marca contemporánea. ¿Qué lugar ocupa el deseo en
estas dinámicas?
¿Qué responsabilidad tienen las
condiciones laborales en estos padecimientos? ¿Cómo se articulan las exigencias
del mercado con la subjetividad?
Para abordar estas preguntas, Página/12 consultó a Mariel Demianiuk. Licenciada
en Psicología, Demianiuk tiene una formación integral que articula el enfoque
clínico, educativo y corporal desde una perspectiva psicoanalítica. Se
desempeña como docente universitaria en Cámara Gesell en las prácticas
profesionales de la Institución Fernando Ulloa, además de coordinar cursos y
talleres sobre problemáticas contemporáneas como la autoexigencia, el estrés
laboral y los procesos de subjetivación en contextos mediados por la
tecnología. También es docente en la Universidad de la Mariana Mercante. Su
práctica se distingue por la escucha activa, la adaptabilidad, el trabajo en
equipo y un sólido compromiso ético con los procesos terapéuticos y humanos.
--En los últimos años se habla cada vez más de
malestar en el trabajo. ¿Qué es lo que está pasando hoy con la salud psíquica
en el ámbito laboral?
--Lo que está sucediendo hoy en día
es una autoexigencia importante, muy importante, de la cual la persona no llega
a recomponerse, a tener un equilibrio emocional y sigue agregando
autoexigencia. El filósofo coreano Byung-Chul Han establece esto de la autoexigencia,
de estar constantemente conectado, de exigirse a sí mismo, cuando antes quizá
la exigencia venía de afuera y ahora es interna. Lo que también pasa es que
estar conectado, estar trabajando, estar a full, hoy en día está bien visto. Y,
a veces, uno lo ve hasta en las películas. Hay films en los que se ve la
sobreexigencia laboral como algo positivo, como algo que te lleva al éxito.
--¿El trabajo se volvió más exigente o cambió
nuestra forma de relacionarnos con él?
--Yo creo que cambió la forma en
que nos relacionamos con el trabajo. Y creo que mucho también tiene que ver lo
que beneficia y, por otro lado, los avances tecnológicos. Esto de estar
hiperconectado 24-7, que quizá hasta las 2 de la mañana te acordaste que no
mandaste un mail y levantarte y hacerlo, eso era impensado antes. Salías del
trabajo y ya estaba. No había posibilidades ni siquiera de comunicarte
telefónicamente si no tenías teléfono en tu casa.
--El estrés aparece muchas veces como parte
“normal” del trabajo. ¿Cómo se puede pensar ese límite entre lo tolerable y lo
patológico?
--Cuando comienza a extenderse en
el tiempo. Si bien estrés tenemos todos y hay un cierto estrés que es saludable
y necesario, porque si no, no tendríamos toda esta activación orgánica ante
situaciones nuevas, ante situaciones que puedan llegar a ser peligrosas o que
te genere mucha exigencia. Eso es lo que sería el estrés normal, el estrés
bueno o positivo que te ayuda a alcanzar algunas metas o enfrentar situaciones
nuevas. Cuando esto se empieza a ir de las manos, cuando llega un punto donde
la desconexión con el trabajo, la desconexión con las situaciones que pasan en
el trabajo, se vuelve crónico, ya empezamos a hablar de un estrés que tiene que
ver con lo laboral crónico. De ahí pasaríamos después a un burnout si esto se
extiende en el tiempo.
--¿Cuáles son las señales tempranas de que el
trabajo está afectando la salud mental?
--Una de las señales que quizá la
persona pueda llegar a tener es un agotamiento mental y emocional: esto de no
poder dar más. Como es el mismo nombre del burnout, esto de sentirse “quemado”,
agotado, no poder avanzar. Dentro del burnout, en particular, uno de los
síntomas es la despersonalización, esto de que no te interesa, cierto cinismo
incluso con las personas que están como compañeros laborales, con los clientes,
pacientes o según cuál es el desarrollo que se haga en el trabajo. Y creo que
esta cosa de sentir que nunca el descanso es merecido. Las primeras señales: se
siente irritable, siente que no quiere estar en contacto con las personas. Es
bastante común el aislamiento como primera señal. Y, además, situaciones quizás
explosivas como que, de golpe, se pone a llorar, actúa con violencia, con
agresión, porque está ya siendo superado. Si esto no tiene un tratamiento puede
llegar a un punto de trastorno depresivo.
--¿Hay perfiles o profesiones que son más
propensos a desarrollar burnout?
--Se comenzó estudiando el burnout
por la doctora Christina Maslach, en lo que tiene que ver con la atención en
salud, sobre todo los médicos, esto de tener el contacto con personas en estado
de gravedad o de urgencia. Pero creo que todo lo que tenga que ver con las
relaciones interpersonales hoy en día facilita bastante esta sensación incómoda
o que pueda llegar a un estrés laboral crónico. Quizás no están los roles
claros, no sabés cuál es el límite, en qué te tenés que ocupar o tener un jefe
difícil, o trabajar en zonas en donde quizás haya quejas, reclamos. Y esto va
inoculando progresivamente cada vez mayor cantidad de cortisol, de estrés.
--¿Se puede prevenir o es una consecuencia
inevitable de ciertas condiciones laborales?
--Se puede prevenir. Llegar a un
punto de estrés crónico tiene que ver también con la subjetividad de la
persona. Ante una misma situación quizás a una persona no le afecta y a la otra
sí. Hay métodos para prevenirlo. Hay algunos que tienen que ver con la persona,
o sea, son individuales y los tiene que llevar adelante el sujeto. Y hay otros
que tienen que ver con el entorno donde trabaja porque si está colapsado de
trabajo, no tiene un rol claro, no sabe a quién tiene que responder, puede ser
que a nivel laboral haya que cambiar ciertas reglas, ciertas normas. Pero
dentro de lo que es personal, hay puntos que me parecen superinteresantes y que
tienen que ver con la alimentación en primer lugar. Lo primero y fundamental es
empezar a reconocer que hay cierta sintomatología que me está haciendo sentir
mal, que ya empiezo a sentirme más estresada, más irritable, como que no llego
a descansar lo suficiente, problemas con el sueño, pesadillas, en las que
quizás te encontrás soñando con algo laboral, o quizás no poder disfrutar el
tiempo en familia. Y cosas que antes te gustaban, como practicar algún deporte
o pasarte el fin de semana entre la naturaleza, de golpe no las soportás o no
te causa placer. Esos serían los primeros alertas a nivel individual. Hay que
tener en cuenta esto de poder autoobservarse también. Me gusta un término que
tiene que ver con la autocompasión, pero la autocompasión como ser amoroso con
uno mismo, que a veces eso uno lo deja para el resto y no para sí mismo.
--¿Hay una dificultad actual para poner límites
en el ámbito laboral?
--Una de las dificultades tiene que
ver con la precarización del trabajo: que se trabaja por contrato, por obra,
por algo chiquito y vos tenés que volver a buscar trabajo y estar
constantemente activo para no perder algún tipo de oportunidad que se te pueda
brindar en la vida porque si fallaste en algo, ya no conseguís el trabajo o no
lo podés seguir manteniendo. Me parece que eso es un punto que hace que el
trabajo hoy en día no dé la tranquilidad de tener una estabilidad, una obra
social, como era antes. Sin decir que antes era maravilloso, pero generaba una
mayor estabilidad en la persona. También, a veces, la dificultad como para
conseguir ser reconocido, ser valorado o tener alguna posibilidad de ascenso,
de crecimiento dentro del puesto laboral. Eso también, a veces, perjudica.
--¿El trabajo remoto alivió o intensificó el
malestar psíquico?
--Por un lado, beneficia porque la
persona no sale de su casa, se queda tranquila, piensa “Bueno, estoy todo el
día en casa”. Pero es como que se pierde la línea entre lo personal y lo
laboral. Entonces, quizás, en horario laboral me pongo a ver una película, y en
horario de descanso, en vez de descansar me pongo a trabajar. O contesto mails
cuando no los tendría que contestar y tendría que estar disfrutando en familia,
con amigos o de algo que tenga que ver con lo personal. Entonces, es como que
se desdibujó esa línea entre cuándo estoy trabajando y cuándo no. Y yo creo que
genera menos productividad si se quiere, hablando de la productividad. Genera
un estado de mayor distracción.
--¿Y qué lugar ocupa el deseo en el trabajo hoy?
¿Se puede trabajar sin deseo?
--Yo creo que no se debería
trabajar sin deseo, pero me parece que esto mismo que genera el burnout tiene
que ver con que el deseo se apaga. Solamente queda esto del padecimiento, del
sufrimiento y de la autoobligación: no encuentro una salida. La única salida es
volver a levantarme y hacer lo mismo que no quiero hacer. Con lo cual el deseo
queda como bloqueado.
--¿El sufrimiento en el trabajo puede ser leído
también como un indicador que “dice algo” sobre la posición subjetiva?
--Sí, claro. El sufrimiento laboral
indica muchísimas cosas. Y una es no tener las herramientas suficientes como
para ver qué hago. Por eso cuando uno se
encuentra en estas situaciones, es interesante poder realizar algún tipo de
tratamiento psicológico, que le permita tomar cierta distancia de esto que está
sucediendo quizás a su alrededor.
--¿Y cuándo es momento de pedir ayuda
profesional?
--Ir a terapia nos hace bien. Esto
de poder validar muchas veces las emociones, ordenar un poco qué nos está
pasando, poder descubrir, si se quiere, algunas salidas que no se nos habían
ocurrido para la vida. Pero creo que cuando ya la persona siente que no puede
despegarse del trabajo, que no puede dejar de pensar en el trabajo y esto le
genera angustia, insomnio, mucha irritabilidad, antes de eso está bueno que se
pueda acceder a un tratamiento psicológico. Y también todo lo que tiene que ver
con los cambios de hábitos, porque a veces los propios hábitos generan mayor
producción de cortisol. Y pasa a ser algo completamente orgánico este tipo de
estrés.
--¿Qué pasa cuando alguien siente que su trabajo
perdió sentido, por ejemplo?
--Estamos ahí en un burnout. Esto
de no sentir que tenga utilidad es como quedar muy en el límite. Muchas veces
uno podría, a grandes rasgos, decir “No, tendrías que cambiar de trabajo”. Pero
no es lo que la persona puede hacer. A veces, queda dando vueltas en círculos
en esta misma situación: la pérdida de interés, la pérdida de sentir que hay
una realización personal, pero a su vez siente la imposibilidad de salir de
esta espiral.
--¿Y qué responsabilidad tienen las empresas en
el cuidado de la salud mental?
--Yo creo que hay un 50 y un 50,
para algunas será menos, para algunas será más, pero me parece que está
compartido. No es algo que sea exclusivo de la empresa o de la organización, ni
tampoco de la persona. Sí me parece que hay puntos en los cuales se puede
trabajar en conjunto. Uno de los puntos tiene que ver con escuchar al empleado,
escuchar qué le está pasando, validar estas emociones, poder ubicar un espacio
donde esta persona pueda conectarse con la empresa y saber qué le está
sucediendo. A veces, hay cosas puntuales. Nosotros estamos hablando de un
burnout que tiene que ver con algo que se extiende en el tiempo, pero a veces
también se atraviesan situaciones familiares o personales o situaciones de
duelo, en las cuales la empresa tiene que tener algún tipo de acompañamiento
para esto. A veces, puede ser el sector de Recursos Humanos o un jefe que tenga
quizás también algún tipo de taller, curso o algo, que tenga una escucha
activa, que pueda entender qué le está pasando a su empleado y no que haya quizás
un feedback solamente negativo para cuestionar ciertos comportamientos.
-¿Qué cambios culturales cree que son necesarios
para mejorar toda esta situación que fue describiendo?
-Primero, establecer la importancia
de la familia, de los amigos, del tiempo de ocio, el tiempo de la lectura. Creo
que lo que está faltando quizás son intereses propios y como interés propio
está el trabajo o el mantenimiento económico y no permite muchas veces esto de
conectarse con lo espiritual, con lo relacional. Y cada vez se va tomando más
distancia de lo relacional. Uno ve que quizás hay una persona que está sentada
frente a la otra y cada uno está con su celular. Entonces, va generando, a mi
entender, cada vez más distanciamiento. Es como que estamos cada vez más solos.
Estamos conectados pero solos.
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