martes, 8 de julio de 2014

ESCLARECEDOR MENSAJE DEL PROF. JORGE RENDON VAZQUEZ

Esclarecedor mensaje del Profesor Jorge Rendon Vazquez

Jorge Rendón Vazquez no solo es un notorio jurista, catedrático de San Marcos Peru, hombre de vasta cultura, de letras, sino que ademas tiene una personalidad de gentil hombre, y es asiduo visitante de Argentina. Bienvenido este mensaje para nosotros que recordamos la noche de las corbatas e instituimos por ley el dia del abogado laboralista. 
Luis Raffaghelli
Bs.As.8 de julio de 2014

 

CLAVES DE LA EVOLUCIÓN DEL DERECHO DEL TRABAJO
Por Jorge Rendón Vásquez
Profesor Emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima
Chevalier de l’Ordre National du Mérite de Francia.

Al Derecho del Trabajo se le ha definido como el conjunto de normas rectoras del trabajo bajo dependencia y remunerado de una persona para otra por un contrato. Este trabajo configura la relación característica de la economía capitalista, en la cual las personas carentes de capital —que son la mayor parte de las que pueden realizar una actividad económica— tienen necesariamente que entregar su fuerza de trabajo a una persona privada o pública por un ingreso económico que les permita su subsistencia y la de las personas a su cargo. El Derecho del Trabajo es, en suma, la rama del derecho —o de la superestructura jurídica de la sociedad— aplicable a todas las personas que trabajan para otro: obreros, empleados, trabajadores del hogar, funcionarios y empleados estatales.
La Ciencia del Derecho del Trabajo trata de esas normas, de su razón de ser y de su aplicación.
El Derecho del Trabajo se ha generalizado en el mundo. Todos los países con economía capitalista lo tienen, con mayor o menor extensión según el número de personas comprendidas y los derechos y las obligaciones que les reconoce.
Su expansión dimana de la evolución de la base real, o estructura económica, de la sociedad capitalista y de sus superestructuras política, ideológica y jurídica.
Conforman la base real: la clase capitalista, propietaria de los medios de producción; y las clases trabajadoras, que suministran su fuerza de trabajo. Ambos grupos están unidos y, al mismo tiempo, enfrentados. Están unidos, porque sin medios de producción no sería posible producir los bienes materiales y servicios; y porque sin el concurso de la fuerza de trabajo los medios de producción no podrían funcionar ni las mercancías llegar a los consumidores y usuarios. Están enfrentados, porque los capitalistas ganan a expensas de la labor y el esfuerzo de los trabajadores, y sus ganancias aumentan con la prolongación del tiempo y la mayor intensidad del trabajo y la reducción de las remuneraciones y otros derechos sociales; y porque los trabajadores resisten la explotación y, en el límite, aspiran a abolirla.
La evolución de las relaciones laborales, así establecidas, es una marcha lenta, y con retrocesos, hacia una situación menos penosa de los trabajadores y con un poder adquisitivo mayor, impulsada por ellos y asegurada por un conjunto de derechos que son, correlativamente, obligaciones de los capitalistas. Ninguno de estos derechos ha surgido por generación espontánea.
En esta marcha se suceden las siguientes etapas:
1ª.- Desde la formación de la economía capitalista hasta la Primera Guerra Mundial;
2ª.- Desde el fin de la Primera Guerra Mundial hasta la Segunda Guerra Mundial;
3ª.- Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el fin de la década del setenta; y
4ª.- Desde la década del ochenta hasta ahora.
La transición de una etapa a otra sobreviene dialécticamente, por la acumulación de cambios cuantitativos en las relaciones entre capitalistas y trabajadores que toman la forma de nuevas normas jurídicas. Estos cambios dan lugar, en ciertos momentos, a cambios cualitativos más importantes dentro de la misma estructura capitalista que se manifiestan por otras normas jurídicas de mayor alcance y efectos más importantes.

En América Latina y en otros países en vías de desarrollo económico se generalizaron los ministerios de Trabajo, algunos de los cuales fueron creados hacia fines del período anterior .
La doctrina laboralista, o juslaboralista como algunos la llamaron, expandió su campo de acción. De la defensa o la negación de los derechos sociales, los abogados empresariales y de trabajadores, respectivamente, se trasladaron a las cátedras universitarias de Derecho del Trabajo, instituidas a causa de la indiscutible autonomía de esta rama del derecho frente al Derecho Civil, cuyo predominio había sido inatacable hasta entonces. Al mismo tiempo que en las universidades se difundía la enseñanza del Derecho del Trabajo, proliferaba la publicación de tratados, manuales y revistas de esta especialidad, destinados, sobre todo, a una clientela conformada por profesores y estudiantes. En las empresas se hicieron imprescindibles los servicios u oficinas de relaciones industriales o laborales para el trato con los trabajadores, la aplicación de su régimen normativo y la negociación con las organizaciones sindicales. La premisa de su función, además de su especialidad, es que los conflictos laborales causan gastos que se debe evitar y que siempre es posible minimizar los costos laborales utilizando los vacíos, anfibologías o desconocimiento de las normas, recurriendo a la corrupción de ciertos dirigentes sindicales y funcionarios y jueces laborales o apelando al poder político para enviar a prisión a los dirigentes sindicales y sus abogados de ejecutoria impoluta. Se crearon asociaciones nacionales e internacionales, y se promovieron encuentros y congresos de Derecho del Trabajo en los ámbitos nacional e internacional, en los cuales los concurrentes unidos por su afinidad ideológica, se comunicaban sus ideas y prácticas, mientras socializaban en ágapes y recepciones, y se entregaban de paso al turismo. Numerosos abogados y profesores al servicio de los empresarios adoptaron un florido discurso sobre la finalidad protectora de los más débiles del Derecho del Trabajo, declarándose imbuidos de la corriente cristiana de la caridad, mientras en su práctica profesional recomendaban la inaplicación de la legislación laboral en las empresas y trataban de escamotearla en los estrados de la justicia.
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Perspectiva en el futuro
Si la conquista y la conservación de los derechos sociales es efecto de la acción permanente de los trabajadores y de sus dirigentes sindicales y políticos, el debilitamiento de su voluntad de contrapesar a la clase capitalista, conlleva casi siempre un desmejoramiento de su calidad de vida y, en suma, un aumento de su explotación que, correlativamente, aumenta las ganancias de los empresarios.
En el siglo XX, las clases trabajadoras y la clase capitalista de los países de Europa occidental arribaron a un pacto social que situó su enfrentamiento en el marco de la legalidad. La condición de este pacto fue el reconocimiento a los trabajadores de un elenco de derechos sociales y la posibilidad de acceder a un mayor poder de compra. Es evidente que si la clase capitalista desconoce esta condición, la base del pacto tiende a desaparecer y, entonces, las clases trabajadoras quedarían en libertad de postular una transferencia masiva de los medios de producción al Estado, como representante de la sociedad, o a los trabajadores de las empresas organizados como cooperativas de producción. Si esta posibilidad no gana aún consenso entre los trabajadores es, por una parte, por la ausencia de un proyecto integral de una nueva estructura socialista. La mayor parte de ellos rehusaría la instauración del modelo perimido de socialismo burocrático de los países del Este europeo. Por otra parte, en los países con una economía más altamente desarrollada, muchos trabajadores satisfechos con su nivel de vida pierden de vista o ignoran la causa de tenerlo, o temen perderlo con una economía totalmente estatizada. Responden positivamente, sin embargo, a la convocatoria de las vanguardias laborales comunistas y socialistas no conformistas, mas sólo para acciones y movimientos reivindicativos determinados. Políticamente votan incluso por los partidos de derecha, que sin ese apoyo no podrían llegar al poder.
En los países con economías menos desarrolladas, aunque la explotación de los trabajadores es mayor y, por lo tanto, sus ingresos son de lejos inferiores a los obtenidos por los trabajadores de los países más desarrollados, su conciencia de clase y política sigue siendo incipiente por la pobre educación que reciben, el impacto diversivo de los medios de prensa y televisivos del poder mediático ejercido permanentemente sobre ellos y la insuficiente o errónea formación política impartida por los diferentes grupos comunistas, socialistas y de otras tendencias más radicales, rivales entre sí. Las consecuencias de estos factores concurrentes son, por lo general, una frágil disposición a organizarse en defensa de sus derechos e intereses; la fobia a pagar las cotizaciones sindicales destinadas a su defensa, que para muchos son una exacción; la propensión a dividirse en grupos dirigidos más por caudillos que por ideas o a enrolarse en partidos populistas cuya razón de ser es la defensa de algunos grupos capitalistas; y la aceptación pasiva de la informalidad o forma más primaria de la explotación.
En síntesis, el futuro económico y político de las clases trabajadoras dependerá de la construcción de un nuevo proyecto de sociedad que abarque su acción reivindicativa como parte de la evolución dialéctica de la sociedad, tarea que es, en primer lugar, ideológica y que podría ser asumida por nuevas generaciones de dirigentes.
(Julio de 2014)

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